Artículos vocacionales


Autor: Paolo Giulietti, Director del Servicio Nacional para la Pastoral Juvenil

Traducción del italiano original:  Alonso Morata

             Fuente: Revista Seminarios Julio - Septiembre de 2003. Vol. XLIX

 

Toda la juventud tiene dimensión vocacional

Pienso que es necesario, para trabajar juntos, situar en el centro de la atención las personas a quienes intenta dirigirse el trabajo de todos y entre las Oficinas, o sea los jóvenes.

La juventud tiene una innata dimensión "vocacional".  En efecto, en los años de la adolescencia y de la juventud se colocan las bases y se hacen las elecciones para el futuro camino de vida.  La vida -viene a decir Pablo VI- es la realización del sueño de la juventud.  Está claro que la elección de "estado de vida" se inserta en un proceso bastante amplio y complejo, en el cual están implicadas muchas elecciones de otro género.  La fe -y el seguimiento- son dinámicas que se insertan en el transcurso de maduración de las personas, de definición de la identidad y del papel social.  Como tales, adolecen de la problemática a ellos unida.  Me parece entonces que es necesario ponerse frente a la juventud teniendo presente en sentido amplio el sentido de su dinámica vocacional.

Fatigas y problemas del decidirse

Hoy más que en cualquier otra época del pasado, ser jóvenes significa deber afrontar una enorme cantidad y variedad de elecciones.  Las oportunidades se multiplican, pero paralelamente crece también la incertidumbre sobre el futuro que las diversas elecciones garantizan.  Baste un ejemplo: la reforma de los estudios universitarios ha hecho así que un joven se encuentre no ante las quince facultades tradicionales, sino algo así como un centenar diferente de currículos, alguno de ellos totalmente nuevos y frecuentemente en cambio en cuanto a la denominación y los planes de estudio.  Algunos rumbos, tras títulos y programas acabándose, dejan en la incertidumbre, en cuanto a las futuras salidas, no obstante los institutos empujan a veces precisamente hacia ellos para atraer la clientela estudiantil de la que tiene absoluta necesidad la universidad de la autonomía.

Pero podremos también citar otros ámbitos de la vida, en los que elegir se convierte en una operación, una actividad cada vez más difícil.

Otro elemento peculiar ligado a la dimensión vocacional se enlaza con los fenómenos de la competencia y de la dilación.  En la sociedad occidental la competencia social amenaza con ser cada vez más prematura: sin llegar a los extremos del Japón, también entre nosotros comienzan a aparecer fenómenos de selección social, ligados sobre todo, pero no sólo a la preparación: muchos de nuestros entrenadores de fútbol podrían dar testimonio de la presión que muchos adolescentes, incluso niños, sienten en sí por parte de la familia en su práctica del deporte.  Por otra parte la juventud es una etapa que tiende hoy a prolongarse constantemente.  Si en las primeras encuestas IARD se tomaba en consideración el arco de edad entre 15-25 años, el último toma como base de examen los, comprendidos entre 15-35 años (que -tengamos en cuenta- es la misma que se exige para la participación en las JMJ).  Los motivos de esta prolongación de la juventud y el modo de paso a la edad adulta son muchas.  El hecho es que los jóvenes se preguntan por elecciones cada vez más anticipadas teniendo, por el contrario, salidas cada vez más lejanas.  La relación causa efecto entre una decisión y su consecución tiende así a desvanecerse, dejando a toda elección un halo de indefinición.

Por último, una serie de fenómenos (como por ejemplo el ligado al mercado de trabajo, donde se constata el crecimiento de los contratos temporales o interinos) pone en precariedad también una serie de ámbitos, como el trabajo, las relaciones efectivas, que eran la llave maestra para el ingreso en la edad adulta, con elecciones estables y, como tendencia al menos, definitivas.

Entre las consecuencias más evidentes de estos fenómenos está la dificultad en hacer elecciones comprometidas y la idea de la reversibilidad de cualquier decisión: siempre se puede cambiar, volver atrás...

Ciertamente el mundo juvenil se caracteriza por una buena capacidad de adaptarse a esta situación: los jóvenes son flexibles, conectados en red, capaces de unir mundos diversos y pertenencias parciales, prontos a 'saltar' de una situación a otra, de un compromiso a otro.  Sin embargo esto no quiere decir que no provoque diferencias.  Frente a unos pocos a los que la fluidez ayuda y exalta, hay muchos jóvenes que sienten dificultad para hacer frente a la vida.  Se desea un físico bestial -rezaba una canción de hace algunos años- y no todos estamos dotados de ese físico.

Una comunidad cristiana ausente

¿Cómo responde la comunidad cristiana a esta situación?  A primera vista de manera más bien ineficaz.  Para hacerme entender mejor me permito hacer un retrato algo caricaturizado y exagerado.  Por ese principio de lavar los trapos sucios en la propia casa.

La pastoral juvenil.  Sencillamente se desinteresa de la cuestión.  Demasiado a menudo los caminos Normativos están de hecho 'ausentes' en el afrontar la vida diaria.  Los ambientes de la existencia de cada día, las problemáticas ligadas al modo de situamos dentro y en las elecciones que hay que hacer, permanecen al otro lado de la puerta del lugar de reuniones.  Quizás hablamos un poco de droga, algo de sexo... pero jamás de escuela, trabajo, barrio, política, universidad.  Y por 'hablar' entiendo aquí plantear un debate que permita dotarse de los instrumentos que, después, son esenciales para elegir bien.  Esta indiferencia hacia la vida se une con la ausencia de los lugares de vida.  Que son los lugares formales (escuela, universidad, trabajo, espacios institucionales... ) pero también los lugares y tiempos de informalidad, los cuales resultan cada vez más decisivos para la vida de los jóvenes y sus elecciones.  Los jóvenes llevan de un lado a otro su sentir y las energía necesarias para decidirse sobre la vida paralela que ellos se van recortando en los espacios informales: paredes, pub, discotecas, playas, pasillos de los colegios, parques públicos... Son estos los tiempos y lugares en los que maduran muchas decisiones de los jóvenes.  Tiempos y lugares dejados en su mayor parte sin acompañamiento educativo.

La pastoral vocacional presta atención a una sola dimensión de la dinámica vocacional: la que está unida la elección de estado de vida, y no presta atención a todos aquellos procesos decisionales que están en relación inevitable con ella y que constituyen casi su base.  Lo que huele un poco a reclutamiento y poco a autentico servicio y amor a la vida.  No solo: pero lleva consigo el desajuste de poner la atención vocacional en un momento de la existencia de los jóvenes en los que muchas elecciones -quizás no las relativas al estado de vida- están ya hechas, y con ellas está a menudo comprendida buena parte de la capacidad o de la disponibilidad a dejarse interpelar por un perspectiva "diferente".

La pastoral de la familiar parece poco atenta a aquellos aspectos de la vida de la familia que van a incidir en la vida de] joven y pueden influir en su elección.  Aparte de la cuestión crucial del afianzamiento (para el cual urge promover procesos de acompañamiento prolongados y caracterizados por una especial atención educativa), deberíamos ayudar a la familia a resolver la paradoja en la que se encuentra hoy.  En efecto, por una parte, las encuestas de los jóvenes la sitúan en el punto más alto de valoración; por otra, parece poco capaz de influir y acompañar su elección.  Es una especie de cómodo nido, que, sin embargo, pierde cada vez más la capacidad de constituir la base desde la cual levantar el vuelo con una iniciativa de vida adulta y responsable.  Frente a tal dificultad, la pastoral familiar no parece comprometida a ofrecer a los padres instrumentos e indicaciones para actuar con los hijos adolescentes y jóvenes (en perspectiva vocacional) en tantas elecciones que ellos no tienen más remedio que hacer cumplir.

A menudo los jóvenes, frente a la difícil pero ineludible necesidad de elegir, se encuentran solos.  Y estas ausencias de la comunidad cristiana son tanto más 'culpables' cuanto que la disponibilidad de los adolescentes y de los jóvenes a dialogar con los adultos sobre estos aspectos de su existencia es de veras notable.  Mientras para otras propuestas tenemos que correr tras los jóvenes, algunas experiencias muestran que son ellos los que manifiestan interés por una ayuda sincera, desinteresada y competente a la hora de tomar algunas decisiones importantes.

Una conversión pastoral

¿Qué hacer?  Diré que no se trata de algún ajuste táctico, sino de un cambio de perspectiva estratégica.  Es necesaria una conversión pastoral que conduzca a la comunidad cristiana a hacerse cargo desde el punto de vista vocacional de toda la vida del joven.  Porque con los jóvenes de hoy o se es vocacional siempre o no se es jamás.  En otras palabras: o la comunidad cristiana se hace capaz de acompañar la elección de vida del joven y de orientarle en perspectiva vocacional, o bien se debe resignar a hacer de la vocación un tema de hornacina, restringido a unos pocos afortunados o -hemos de decirlo con honestidad- a personas que en un momento de su existencia no saben qué hacer de su vida.  Es de fundamental importancia ayudar a los jóvenes a encontrarse en perspectiva vocacional con las decisiones principales del propio proceso de crecimiento.  Sostener un decidirse que se fundamente en algunas "escuchas" básicas -escucha de sí, escucha a los otros, escucha a la historia- y que sea capaz de reconocer en estas voces la -siempre misteriosa- de Dios.  No se nos escapa a este propósito la estrecha relación         entre educación y propuesta de fe (las atenciones a todo lo que es humano y a la maduración personal reclamada en las  OP): educar a los jóvenes en el elegir de modo plenamente humano (porque de esto se trata) es la base para dar consistencia a la  dimensión teologal de las vocaciones.  Tengo la impresión de que en este terreno (de la plenitud humana de la elección) o nos empeñamos nosotros, o bien debemos resignarnos a que prevalezca la lógica de tipo emocional o utilitarista, sobre las cuales no se construye ni un proceso de crecimiento humano, ni la apertura a la llamada de Dios.

El objeto más inmediato de esta renovada atención pastoral podría ser concretado en aquellos que podemos definir “momentos sensibles" de la existencia de un joven: se trata de situaciones de la vida en las cuales la urgencia de elegir se hace más presionante.  La elección de la carrera; el tiempo de paso del estudio al trabajo; la realidad de afianzamiento; el servicio civil o militar..., son situaciones a las que da gran valor educativo la dimensión vocacional.  Son momentos en los cuales los jóvenes acogen voluntariamente el contraste y la ayuda.  Son también situaciones en las cuales ellos se muestran dispuestos a poner en discusión el propio sistema de valores y la propia visión de la vida.  Son, en fin, momentos en los cuales la referencia al Otro que interpela, porque ha creado y ama, resuena más natural.  Quisiera también sugerir que se parte de aquí para dar un nuevo espesor vocacional a la pastoral de la comunidad cristiana con los jóvenes.

Sueños vocacionales

¿Cómo trabajar unidos? ¿Y qué hacer en concreto?  Está claro que entre las tres pastorales hay necesidad de una mayor colaboración: no una colaboración concreta, hecha de cualquier iniciativa, sino una integración real, que lleve a una renovación recíproca, a partir del puesto central del joven, de su vida, de sus elecciones.

Toda pastoral está llamada a poner sobre la mesa lo específico suyo y sus recursos.  Intento poner un ejemplo:

* La pastoral juvenil posee el conocimiento y las relaciones con los sujetos, los jóvenes. ¿Quiénes son los jóvenes? ¿Qué quieren? ¿Cómo viven? ¿Cómo hablan? ¿Qué tienen frente a ellos? ¿Cómo y dónde deciden?

* La pastoral vocacional tiene el Know~how vocacional. ¿Cómo elegir? ¿Cómo escuchar las voces mediante las cuales Dios habla? ¿Cómo discernir los espíritus? ¿Cómo hacer entrar la referencia vocacional en la elección de vida? ¿Cómo acompañar la elección?

* La pastoral familiar está en relación con la familia, que puede llegar a ser el lugar y el humus de la elección de los jóvenes.

En concreto sueño con una actividad vocacional en la Iglesia local, en la cual la colaboración entre los tres estamentos (y también con otros sectores) cierto que conservando las iniciativas propias de cada una, haga surgir una serie de propuestas nuevas, para apoyar las elecciones de los jóvenes.  Una orientación en la escuela y en la universidad, un centro de servicios para orientación profesional, una propuesta para las parejas de adolescentes y jóvenes que están unidas, un servicio a la genito-realidad con específica atención a la adolescencia y a la juventud, un servicio de consulta psicológica, una serie de experiencias comunitarias, donde los jóvenes puedan respirar la fascinación de personas, comunidad y familias significativas.

Sueño que en todos los currículos formativos haya una gran atención a los ambientes de vida y a las elecciones relativas (además muchas de estas cosas existen ya, pero necesitan ser integradas por algunas atenciones que faltan),

De este modo, la comunidad cristiana tendría también la posibilidad de encontrar muchos adolescentes y jóvenes que están 'fuera del círculo' y al mismo tiempo podría dar a la pastoral con los jóvenes ese aire vocacional, que -sin duda- no tardaría en producir frutos también en relación con las vocaciones de especial consagración.  Estoy, en efecto, persuadido de que si un joven ha elegido la propia facultad porque alguien le ha ayudado a interrogarse profundamente sobre sí, sobre el proyecto que Dios ha escrito en su carne, en su vicisitud y en la historia que está viviendo, tendrá la competencia y la sospecha justas para proponerse también preguntas 'más inquietantes'.  Y, en cualquier caso, habría hecho una experiencia de Iglesia que ha estado al servicio gratuito y desinteresado de su vida, apoyo a su deseo de una existencia plena y feliz.