Bíblicas


Imagínate que tienes que explicar ante todo tipo de gente, los más amigos y también los menos, un viernes por la noche, en clase, etc. los siguientes temas:

por qué crees que es incoherente ir de solidario por la vida, preocuparse por el 0,7 y “fundirse” seis mil pelas como mínimo todos los fines de semana.
por qué no es bueno tener relaciones sexuales en una relación de pareja no casada, usar preservativos, etc.
por qué para divertirse no es necesario emplear drogas, bebidas alcohólicas, intentar pillar cacho en una discoteca, llegar a casa a las tantas de la madrugada ,etc.
por qué el cristianismo es verdad para todas las personas, las que están de acuerdo con lo que en él se afirma, y las que no. Es decir, por qué la verdad que proclama la Iglesia no es relativa, no depende de los puntos de vista.

TE PRESENTO A… JEREMÍAS, EL PROFETA.

A Jeremías Dios le llamó para que hablara a los israelitas de su parte. Dios le hizo comprender su amor por él y por todos los hombres, y cómo éstos se estaban apartando de Él. Su misión fue llamar a los hombres para que recuperasen su vocación, la de ser hijos de Dios.
Jeremías tuvo que explicar a sus contemporáneos lo que estaban haciendo mal y lo que tenían que hacer para volver a su antigua relación con Dios. Como se puede comprender fácilmente, esto le supuso discusiones, problemas y dificultades muy serias.
A nadie nos gusta que nos digan las cosas que hacemos mal, y menos aún que nos digan lo que tenemos que hacer. No nos gusta que nos lo diga alguien con autoridad sobre nosotros (padres, profesores, etc.), pero lo que es casi imposible que aceptemos es que nos lo diga uno de nosotros, un amigo o compañero. Con los ejemplos que hemos visto en el apartado anterior se entiende fácilmente.
Vocación de Jeremías:

“(4) Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
(5) Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones
(6)Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho”.
(7) Y me dijo Yahvé: No digas “soy un muchacho”, pues a dondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás.
(8) No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte -oráculo de Yahvé-.
(9) Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
(10) Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)

En este relato están presentes todos los elementos de la vocación de Jeremías, que son equivalentes a los de cualquier otra vocación:

encuentro con Dios y llamada a una misión (versículos 4-5),
reacción natural de miedo (versículo 6),
insistencia de la llamada de Dios a la misión sin importar las dificultades (versículo 7),
palabras de aliento y apoyo de Dios (versículo 8),

signo o prueba que Dios da de que Él está con el profeta (versículos 9-10)

Jeremías anunció al pueblo la palabra de Dios, y en ocasiones se sirvió de signos para ejemplificar lo que iba a suceder si no se convertían y abandonaban su pecado de idolatría.

“Entonces Yahvé dijo a Jeremías: Ve y compras un jarro de cerámica, sales a la entrada de la puerta de la muralla y pregonas allí: “Pienso traer sobre este lugar una desgracia, porque me han dejado, han hecho extraño este lugar y han incensado en él a otros dioses”. Luego rompes el jarro a la vista de todos y les dices: Así dice Yahvé Sebaot: “Quebrantaré yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarería, que ya no tiene arreglo” (Cf. Jer 19, 1-3.10-11)

Jeremías pasó por momentos de serias dificultades, porque veía que los hombres a los que llevaba el mensaje de Dios no lo acogían, y en vez de convertirse le insultaban, menospreciaban e incluso intentaban matarle.

“El sacerdote Pasjur, hijo de Imer, que era inspector jefe de la Casa de Yahvé, oyó a Jeremías profetizar dichas palabras. Pasjur hizo dar una paliza al profeta Jeremías y lo hizo meter en el calabozo” (Jer 20, 1-2)

“Yahvé me lo hizo saber, y así lo supe. Entonces me descubriste, Yahvé, sus intrigas. ¡Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que intrigaban contra mí!: “Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse” (Jer 11,18-19)

En algunos momentos Jeremías llegó a caer en una depresión ante las dificultades que se le venían encima por proclamar la palabra de Dios.

“¡Maldito el día que nací!, ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito! ¿Para qué haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la vergüenza mis días?”

En este relato están presentes todos los elementos de la vocación de Jeremías, que son equivalentes a los de cualquier otra vocación:

encuentro con Dios y llamada a una misión (versículos 4-5),
reacción natural de miedo (versículo 6),
insistencia de la llamada de Dios a la misión sin importar las dificultades (versículo 7), palabras de aliento y apoyo de Dios (versículo 8),
signo o prueba que Dios da de que Él está con el profeta (versículos 9-10)

Jeremías anunció al pueblo la palabra de Dios, y en ocasiones se sirvió de signos para ejemplificar lo que iba a suceder si no se convertían y abandonaban su pecado de idolatría.

“Entonces Yahvé dijo a Jeremías: Ve y compras un jarro de cerámica, sales a la entrada de la puerta de la muralla y pregonas allí: “Pienso traer sobre este lugar una desgracia, porque me han dejado, han hecho extraño este lugar y han incensado en él a otros dioses”. Luego rompes el jarro a la vista de todos y les dices: Así dice Yahvé Sebaot: “Quebrantaré yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarería, que ya no tiene arreglo” (Jer 19, 1-3.10-11)

Jeremías pasó por momentos de serias dificultades, porque veía que los hombres a los que llevaba el mensaje de Dios no lo acogían, y en vez de convertirse le insultaban, menospreciaban e incluso intentaban matarle.

“El sacerdote Pasjur, hijo de Imer, que era inspector jefe de la Casa de Yahvé, oyó a Jeremías profetizar dichas palabras. Pasjur hizo dar una paliza al profeta Jeremías y lo hizo meter en el calabozo” (Jer 20, 1-2)

“Yahvé me lo hizo saber, y así lo supe. Entonces me descubriste, Yahvé, sus intrigas. ¡Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que intrigaban contra mí!: “Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse” (Jer 11,18-19)

En algunos momentos Jeremías llegó a caer en una depresión ante las dificultades que se le venían encima por proclamar la palabra de Dios.

“¡Maldito el día que nací!, ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito! ¿Para qué haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la vergüenza mis días?”
(Jer 20, 14.18)

Sin embargo, siempre tuvo a Dios a su lado, y a pesar de las dificultades, fue fiel a la misión que el Señor le encomendó.

“Yo te haré para ese pueblo muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo, pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte – oráculo de Yahvé-. Te salvaré de la mano de los malvados y te rescataré del puño de esos rabiosos” (Jer 15, 20-21).

Sin embargo, siempre tuvo a Dios a su lado, y a pesar de las dificultades, fue fiel a la misión que el Señor le encomendó.

“Yo te haré para ese pueblo muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo, pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte – oráculo de Yahvé-. Te salvaré de la mano de los malvados y te rescataré del puño de esos rabiosos” (Jer 15, 20-21).

A lo largo de su vida, Jeremías se fió de Dios, y cumplió su misión: la palabra de Dios llegó a su pueblo. Sin embargo, podría pensarse que su vida fue un fracaso absoluto, porque la mayoría del pueblo de Israel no se convirtió, sino que siguió viviendo de espaldas a Dios.

A pesar de que Jeremías les había avisado repetidamente de que la única salida ante la situación de amenaza de invasión que vivía su país era la conversión al Señor, casi nadie le hizo caso. El resultado fue que, como no se convirtieron, Israel fue invadido por Babilonia, un país vecino. Allí deportaron a todos los israelitas.

Jeremías se escapó de los babilonios, pero también murió lejos de su tierra. Las últimas noticias que tenemos de él antes de su muerte lo localizan en Egipto.

A pesar de todo esto, la vida de Jeremías fue un rotundo éxito. Gracias a que él hizo lo que Dios le pidió, una parte del pueblo de Israel fue fiel al amor que Dios les había manifestado a lo largo de su historia. Gracias a la palabra de Dios que Jeremías hizo llegar a los israelitas, un grupo de ellos siguió siendo fiel a la alianza de salvación que Él había hecho con su pueblo.

Comparemos la actitud de Jeremías con la nuestra en el caso que expusimos antes.

¿cómo actúa Jeremías ante el rechazo de los hombres?, ¿y tú cómo te sitúas?

¿cuáles son sus sentimientos?, ¿y los tuyos?

¿cuál es su respuesta?, ¿y la tuya?

¿cuál es la respuesta de Dios ante las situaciones por las que pasa?, ¿y la tuya… o te da igual todo esto?, ¿crees que es una cosa invisible o irrealizable, o al contrario, al igual que Jeremías te planteas la confianza en Dios para lo que sea?

ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL.

Introducción general sobre la vocación cristiana

Dios llama a todo hombre. Primero lo llama a la existencia, a la vida. Y luego, sucesivamente a lo largo de su vida, lo va llamando a tener una mayor relación de amor con él para que el hombre pueda tener la plenitud y felicidad que desea en lo más hondo de su ser. A cada uno de nosotros nos llama de una forma concreta: nos llama “por nuestro nombre”. De este modo, el hombre puede alcanzar la felicidad plena en una relación de amor con Dios y ayudar a Dios a que otros hombres puedan alcanzar esa misma felicidad.

Esa vocación puede tener distintas formas: el matrimonio, el sacerdocio, la vida religiosa, la consagración de los laicos, la vida contemplativa, etc. Pero lo común a todas ellas es que se puede realizar ese proyecto de amor de Dios para cada uno de nosotros y para toda la humanidad.

Jeremías, un caso concreto. Relación con la vocación cristiana.

La vocación de Jeremías fue llamar a los hombres a volverse a Dios y a eliminar de su vida aquello que les alejaba de Él. En una palabra, su misión fue llamar a la conversión. A eso es a lo fueron llamados los profetas; ésa era su vocación.

Por cierto, ¿sabes que todo cristiano por el bautismo es constituido profeta, además de sacerdote y rey?. ¡Así que tú también eres profeta, has de hablar a los hombres de parte de Dios!. Todo cristiano es enviado a los demás hombres, para que puedan participar de la Vida con mayúscula. Esa Vida con mayúsculas es la relación de amistad con Dios, lo único que nos hace felices. Dios quiere que tú, libremente, le ayudes a llevar adelante su plan para toda la humanidad: que tengan Vida y Vida Eterna, que tengan una relación de amistad profunda con Él para que puedan ser auténticamente felices.

¿cómo les hablarías de Dios?
¿realmente mi relación con Dios es algo tan importante para mí, y que me hace tan feliz, que quiero que otros vivan lo mismo?
¿cómo ayudo a otros a que se aparten de lo que hacen mal y se acerquen a Dios?
¿o en realidad me callo por comodidad o por miedo de lo que me puedan decir otros?

PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD

Un posible esquema para la oración puede ser:

1. Canto: “Heme aquí”, “El profeta”, “Id y enseñad”, u otra canción de tipo misionero o vocacional.

2. Palabra de Dios:

“Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones

Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho”.

Y me dijo Yahvé: No digas “soy un muchacho”, pues a dondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte -oráculo de Yahvé-.

Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he puesto mis palabras en tu boca. Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)

“Y percibí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré?, ¿y quién irá de parte nuestra?”.

Dije: “Heme aquí: envíame” (Is 2,8-9a)

“Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. (Mt 5,11-12)

“Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,44-45)

“Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo”. (Jn 15, 19)

“En el mundo tendréis tribulación. Pero , ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33b)

3. Peticiones libres de los miembros del grupo a la luz de lo que hayan experimentado en la oración.

4. Oración conclusiva del catequista y Padrenuestro como resumen de toda oración cristiana.

JEREMÍAS (GUÍA DEL CATEQUISTA)

NO DIGAS “SOY UN MUCHACHO”

PRESENTACIÓN

El objeto fundamental de esta catequesis es la presentación de un aspecto importante de la vocación cristiana a través de la figura del profeta Jeremías. Se trata de ayudar a descubrir la presencia de dificultades en la vivencia de la vocación y la necesidad de permanecer fiel en la prueba a la vocación recibida. Para ello contamos con la ayuda de Dios y con la seguridad de que la victoria final es nuestra. Sin embargo, Él nos pide que libremente colaboremos con su plan de salvación universal.

Todos los cristianos tenemos una vocación concreta que vamos descubriendo a lo largo de la vida. Y la fidelidad a la palabra que Dios nos da es esencial para poder vivir esa vocación de modo que se pueda cumplir en nosotros el designio salvífico de Dios para los hombres. Todos somos probados, y a imitación de Jesucristo, probado en el desierto, a lo largo de toda su vida, y finalmente en su pasión y muerte, todos somos llamados a permanecer fieles a la misión que Dios nos da. Sabemos que las pruebas nunca serán superiores a nuestras propias fuerzas si nos mantenemos unidos a Dios. Como narra el Apocalipsis al dirigirse el ángel a la iglesia de Éfeso “Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10c).

La reacción inicial de miedo de Jeremías es normal, dadas las dificultades a las que se iba a enfrentar si acogía la vocación a la que Dios le llamaba. Sin embargo, su vida nos demuestra que siempre que Dios encarga una misión, pone también los medios para que esa misión se lleve a cabo. La respuesta afirmativa a la vocación que Dios nos da a todos lleva a la realización de la vida en plenitud y felicidad, aún en condiciones dificilísimas. La negativa a seguir a Dios allí donde nos llama se paga con la tristeza del joven rico, que prefirió apegarse a sus seguridades en vez de arriesgarlo todo por Jesucristo y el anuncio del Evangelio.

INTRODUCCIÓN

En este primer momento buscamos revivir o imaginar experiencias que permitan a cada uno interesarse por su tema, e identificarse personalmente con el personaje bíblico (cuya identidad no tiene por qué revelarse aún). Se trata de que el dramatismo propio de la situación haga que cada uno quede afectado personalmente y se despierte su interés Un modo de proceder puede ser suscitar el diálogo, y en un segundo momento, cuando se hayan obtenido unas conclusiones preliminares, presentar el material impreso..

Imagínate que tienes que explicar ante todo tipo de gente, los más amigos y también los menos, un viernes por la noche, en clase ,etc. los siguientes temas:

por qué crees que es incoherente ir de solidario por la vida, preocuparse por el 0,7 y “fundirse” seis mil pelas como mínimo todos los fines de semana.

por qué no es bueno tener relaciones sexuales en una relación de pareja no casada, usar preservativos, etc.

por qué para divertirse no es necesario emplear drogas, bebidas alcohólicas, intentar pillar cacho en una discoteca, llegar a casa a las tantas de la madrugada ,etc.

por qué el cristianismo es verdad para todas las personas, las que están de acuerdo con lo que en él se afirma, y las que no. Es decir, por qué la verdad que proclama la Iglesia no es relativa, no depende de los puntos de vista.

TE PRESENTO A… JEREMÍAS, EL PROFETA.

Se trata aquí de presentar a nuestro personaje como alguien que tuvo una experiencia peculiar: Dios irrumpió en su historia, por puro amor le llamó a una vida nueva y mayor, su propia vida, y le dio una misión singular.

A Jeremías Dios le llamó para que hablara a los israelitas de su parte. Dios le hizo comprender su amor por él y por todos los hombres, y cómo éstos se estaban apartando de Él. Su misión fue llamar a los hombres para que recuperasen su vocación, la de ser hijos de Dios.

Jeremías tuvo que explicar a sus contemporáneos lo que estaban haciendo mal y que lo que tenían que hacer para volver a su antigua relación con Dios. Como se puede comprender fácilmente, esto le supuso discusiones, problemas y dificultades muy serias.

A nadie nos gusta que nos digan las cosas que hacemos mal, y menos aún que nos digan lo que tenemos que hacer. No nos gusta que nos lo diga alguien con autoridad sobre nosotros (padres, profesores, etc.), pero lo que es casi imposible que aceptemos es que nos lo diga uno de nosotros, un amigo o compañero. Con los ejemplos que hemos visto en el apartado anterior se entiende fácilmente.

Vocación de Jeremías:

“(4) Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
(5) Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones.
(6) Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho”.
(7) Y me dijo Yahvé: No digas “soy un muchacho”, pues a dondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás.
(8) No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte – oráculo de Yahvé-.
(9) Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
(10) Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)

En este relato están presentes todos los elementos de la vocación de Jeremías, que son equivalentes a los de cualquier otra vocación:

encuentro con Dios y llamada a una misión (versículos 4-5),
reacción natural de miedo (versículo 6),
insistencia de la llamada de Dios a la misión sin importar las dificultades (versículo 7), palabras de aliento y apoyo de Dios (versículo 8), signo o prueba que Dios da de que Él está con el profeta (versículos 9-10).

Jeremías anunció al pueblo la palabra de Dios, y en ocasiones se sirvió de signos para ejemplificar lo que iba a suceder si no se convertían y abandonaban su pecado de idolatría.

“Entonces Yahvé dijo a Jeremías: Ve y compras un jarro de cerámica, sales a la entrada de la puerta de la muralla y pregonas allí: “Pienso traer sobre este lugar una desgracia, porque me han dejado, han hecho extraño este lugar y han incensado en él a otros dioses”. Luego rompes el jarro a la vista de todos y les dices: Así dice Yahvé Sebaot: “Quebrantaré yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarería, que ya no tiene arreglo” (Cf Jer 19, 1-3.10-11)

Jeremías pasó por momentos de serias dificultades, porque veía que los hombres a los que llevaba el mensaje de Dios no lo acogían, y en vez de convertirse le insultaban, menospreciaban e incluso intentaban matarle.

“El sacerdote Pasjur, hijo de Imer, que era inspector jefe de la Casa de Yahvé, oyó a Jeremías profetizar dichas palabras. Pasjur hizo dar una paliza al profeta Jeremías y lo hizo meter en el calabozo” (Jer 20, 1-2)

“Yahvé me lo hizo saber, y así lo supe. Entonces me descubriste, Yahvé, sus intrigas. ¡Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que intrigaban contra mí!: “Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse” (Jer 11,18-19)

En algunos momentos Jeremías llegó a caer en una depresión ante las dificultades que se le venían encima por proclamar la palabra de Dios.

“¡Maldito el día que nací!, ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito! ¿Para qué haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la vergüenza mis días?” (Jer 20, 14.18)

Jeremías, sin embargo, siempre tuvo a Dios a su lado, y a pesar de las dificultades, fue fiel a la misión que el Señor le encomendó.

“Yo te haré para ese pueblo muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo, pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte – oráculo de Yahvé-. Te salvaré de la mano de los malvados y te rescataré del puño de esos rabiosos” (Jer 15, 20-21).

A lo largo de su vida, Jeremías se fió de Dios, y cumplió su misión: la palabra de Dios llegó a su pueblo. Sin embargo, podría pensarse que su vida fue un fracaso absoluto, porque la mayoría del pueblo de Israel no se convirtió, sino que siguió viviendo de espaldas a Dios.

A pesar de que Jeremías les había avisado repetidamente de que la única salida ante la situación de amenaza de invasión que vivía su país era la conversión al Señor, casi nadie le hizo caso. El resultado fue que, como no se convirtieron, Israel fue invadido por Babilonia, un país vecino. Allí deportaron a todos los israelitas.

Jeremías se escapó de los babilonios, pero también murió lejos de su tierra. Las últimas noticias que tenemos de él antes de su muerte lo localizan en Egipto.

A pesar de todo esto, la vida de Jeremías fue un rotundo éxito. Gracias a que él hizo lo que Dios le pidió, una parte del pueblo de Israel fue fiel al amor que Dios les había manifestado a lo largo de su historia. Gracias a la palabra de Dios que Jeremías hizo llegar a los israelitas, un grupo de ellos siguió siendo fiel a la alianza de salvación que Él había hecho con su pueblo.

Comparemos la actitud de Jeremías con la nuestra en el caso que expusimos antes.

¿cómo actúa Jeremías ante el rechazo de los hombres?, ¿y tú cómo te sitúas?
¿cuáles son sus sentimientos?, ¿y los tuyos?
¿cuál es su respuesta?, ¿y la tuya?
¿cuál es la respuesta de Dios ante las situaciones por las que pasa?, ¿y la tuya… o te da igual todo esto?, ¿crees que es una cosa invisible o irrealizable, o al contrario, al igual que Jeremías te planteas la confianza en Dios para lo que sea?

ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL.

Intentamos en este apartado explicar a qué llama Dios a todos los hombres, qué es la vocación cristiana, y en segundo lugar, cuál es la vocación específica de nuestro personaje.

Se trata de confrontar a la propia persona con lo que ha “palpado” en este tema, resolver la pequeña crisis que se ha generado al contrastar su vida con la del testigo que ha conocido. Debe procurarse hacer una síntesis personal de la propia fe y mostrar la necesidad de llevar esa novedad a la propia vida, en concreto a la oración-celebración y al compromiso.

Introducción general sobre la vocación cristiana

Dios llama a todo hombre. Primero lo llama a la existencia, a la vida. Y luego, sucesivamente a lo largo de su vida, lo va llamando a tener una mayor relación de amor con él para que el hombre pueda tener la plenitud y felicidad que desea en lo más hondo de su ser. A cada uno de nosotros nos llama de una forma concreta: nos llama “por nuestro nombre”. De ese modo, el hombre puede alcanzar la felicidad plena en una relación de amor con Dios y ayudar a Dios a que otros hombres puedan alcanzar esa misma felicidad.

Esa vocación puede tener distintas formas: el matrimonio, el sacerdocio, la vida religiosa, la consagración de los laicos, la vida contemplativa, etc. Pero lo común a todas ellas es que se pueda realizar ese proyecto de amor de Dios para cada uno de nosotros y para toda la humanidad.

Jeremías, un caso concreto. Relación con la vocación cristiana.

La vocación de Jeremías fue llamar a los hombres a volverse a Dios y a eliminar de su vida aquello que les alejaba de Él. En una palabra, su misión fue llamar a la conversión. A eso es a lo fueron llamados los profetas; ésa era su vocación.

Por cierto, ¿sabes que todo cristiano por el bautismo es constituido profeta, además de sacerdote y rey?. ¡Así que tú también eres profeta, has de hablar a los hombres de parte de Dios!. Todo cristiano es enviado a los demás hombres, para que puedan participar de la Vida con mayúscula. Esa Vida con mayúsculas es la relación de amistad con Dios, lo único que nos hace felices. Dios quiere que tú, libremente, le ayudes a llevar adelante su plan para toda la humanidad: que tengan Vida y Vida Eterna, que tengan una relación de amistad profunda con Él para que puedan ser auténticamente felices.

¿cómo les hablarías de Dios?
¿realmente mi relación con Dios es algo tan importante para mí, y que me hace tan feliz, que quiero que otros vivan lo mismo?
¿cómo ayudo a otros a que se aparten de lo que hacen mal y se acerquen a Dios?
¿o en realidad me callo por comodidad o por miedo de lo que me puedan decir otros?

PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD

En este apartado intentamos dar alguna pista para que cada uno en particular o el grupo como tal, tenga un tiempo de oración en el que ya no se hable de Dios, sino que se hable con Él. Este paso parece que no lo damos nunca en nuestras catequesis y por eso todo queda cojo. Si la confrontación de la vida con la Palabra de Dios es una acción espiritual, la oración es el lugar del discernimiento vocacional, de la educación para la escucha de Dios que llama, porque cualquier vocación tiene su origen en los momentos de una oración suplicante, confiada y paciente; sostenida no por la exigencia de una respuesta inmediata, sino por la certeza de que la invocación de uno será escuchada, y le permitirá descubrir, a su tiempo, su vocación.

Un posible esquema para la oración puede ser:

1. Canto: “Heme aquí”, “El profeta”, “Id y enseñad”, u otra canción de tipo misionero o vocacional.

2. Palabra de Dios y silencio meditativo. Se puede leer la vocación de Jeremías en voz alta y luego dejar un tiempo de silencio para que los catecúmenos reflexionen sobre ese texto y/o los otros que se acompañan.

“Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones

Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho”.

Y me dijo Yahvé: No digas “soy un muchacho”, pues a dondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte – oráculo de Yahvé-.

Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he puesto mis palabras en tu boca. Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)

“Y percibí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré?, ¿y quién irá de parte nuestra?”.
Dije: “Heme aquí: envíame” (Is 2,8-9a)

“Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. (Mt 5,11-12)

“Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,44-45)

“Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo”. (Jn 15, 19)

“En el mundo tendréis tribulación. Pero , ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33b)

3. Peticiones libres de los miembros del grupo a la luz de lo que hayan experimentado en la oración.

4. Oración conclusiva del catequista y Padrenuestro como resumen de toda oración cristiana.

Y ahora tú, ¿qué dices? (compromiso personal, evaluable).

Es necesario asumir algún compromiso personal, evaluable y concreto que modifique efectivamente la propia situación vital, según lo que cada uno ha descubierto en el tema o en la propia oración. Si no se hace así, nuestras reuniones pasan “por encima de nosotros” sin llevarnos a ningún lado. El que da los temas pierde ilusión y los destinatarios acaban decepcionados ante la incapacidad para creer.

Por todo lo anterior, deben concretarse las propuestas que hayan salido de las preguntas formuladas al final del tercer apartado.

Puede ser bueno poner un modelo humano contemporáneo, para concretar todo esto. En nuestra época tenemos varios casos: Madre Teresa de Calcuta, los mártires maristas, Van Thuan, etc.

Hemos comprobado ya la necesidad de cambiar nuestra vida en algunos aspectos concretos. Para que lo que hemos aprendido lo podamos llevar a la vida, es preciso que asumamos libremente algún compromiso personal que podamos evaluar para comprobar si nuestro caminar tras Jesucristo va siendo cada día más auténtico y profundo.

Pistas:

invitar a otros a participar en las catequesis,

leer algún texto adecuado para formarnos a la hora de dar razón de nuestra fe,

organizar formas sanas de divertirse y que no sean las típicas; discoteca, copas, tabaco, pastillas, sexo degradado, etc. e invitar a otros a participar en ellas,

poner en práctica lo que aprendemos sobre la conversión a la que estamos llamados ayudando en casa, frecuentando los sacramentos o la oración, etc.

crecer, ser consciente de nuestro ser cristiano; no a ratos, cuando estoy en la parroquia o grupo de referencia, sino también en casa, en el instituto, en el trabajo, etc. para que nuestra fe sea una fe unitaria y global, que afecte a la totalidad de nuestra vida.