Bíblicas


Dejándolo todo, se levantó y lo siguió 

A lo largo de la historia muchos cristianos que no sabían leer, han recibido las catequesis a través del arte. En nuestros días muchas de estas maravillosas catequesis pasan por ser objetos de pura contemplación.

Hoy vamos a ver cómo en este cuadro tenemos una completa catequesis sobre la vocación.

Una vez observado con atención el cuadro, vamos a comentarlo, y nos podemos fijar para empezar en:

qué personajes hay

qué hacen
qué posición toman en la acción
Intentaremos también ver qué nos quiere mostrar Caravaggio en este cuadro. ¿Encuentras algún parecido entre este cuadro y algún pasaje de los evangelios?

Te presento a Mateo

“Jesús salió de la casa y vio a un publicano, llamado Mateo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.”
Lc 5, 27-28

En efecto, ese personaje rodeado de sus amigos y “colegas” es Mateo, el recaudador de impuestos al que Jesús llamó a que le siguiera.

Podemos ver ya los distintos elementos de esta catequesis del Caravaggio.

En primer lugar, tenemos a Jesús, a la derecha del cuadro, señalando con el dedo a Mateo. Es un personaje joven y atractivo, que tiene iluminados el rostro y la mano. Es muy significativa la mano de Jesús. ¿No te recuerda a otra mano pintada por un pintor italiano muy famoso?. La mirada de Jesús es clara y firme. Conoce a Mateo desde siempre. Si te fijas en un detalle, Jesús tiene los pies en sentido contrario a Mateo, comenzando a andar.

Pero en primer plano, delante de Jesús, casi tapándolo tenemos a Pedro. Es un personaje mayor (tiene el pelo canoso), con ropas pobres, y que se apoya en un bastón. Su mirada refleja la dureza del camino recorrido y el cariño más profundo. Podemos ver como dirige su mano en el mismo sentido de la de Jesús. Los pies están dirigidos a Mateo.

Empezando por la izquierda, en primer lugar tenemos a dos personajes, un joven y uno viejo, que tienen los ojos fijos en el dinero que están contando. Parece que no se dan cuenta de la presencia de Jesús y Pedro ante ellos. En el evangelio podríamos identificarlos con los fariseos. la presencia de Jesús y Pedro ante ellos. En el evangelio podríamos identificarlos con los fariseos.

A la derecha de Mateo tenemos otros dos personajes. El que está de cara a nosotros es el más jovencillo del cuadro. Tiene un brazo apoyado en Mateo, buscando seguridad. Es el que tiene los ropajes más ricos. Mira en la misma dirección que Mateo, pero parece desviar los ojos de los de Jesús. Podríamos identificarle con el joven rico del evangelio. El otro personaje estaba seguramente pagando los impuestos y al oír a Jesús se vuelve. Su cara tiene un gesto de sorpresa, preguntándose: ¿Quién puede ser este?. Tiene una mano apoyada en el banco y otra buscando la espada.

En el centro del lado izquierdo del cuadro tenemos a Mateo. Es el jefe de los recaudadores de impuestos, un hombre rico y despreciado por el pueblo. Es también un hombre mayor, sin aparente capacidad de sorpresa y novedad en su vida. Se está señalando a sí mismo y tiene los ojos “abiertos como platos”. Su cara está iluminada y nos muestra que algo nuevo ha pasado en su vida.

Después de haber contemplado el cuadro y sus personajes pensamos y contestamos:

¿Con quién o quiénes me identifico? ¿Con qué rasgo?.

Es un testigo del amor de Dios y quiere llevarte hasta Él

El primer fundamento de todo hombre es una llamada de amor del mismo Dios. Cada uno de nosotros existimos porque Dios nos ama y nos ha llamado a la existencia (Jr 1,5). Nuestra historia es una historia de amor con Dios, que en Cristo, sale a nuestro encuentro, como un día salió al encuentro de Mateo y nos llama a seguirle en el camino.

Pero esa llamada no es una llamada abstracta, desde el vacío. El cuadro muestra muy bien esto. La llamada de Jesús es siempre a través de Pedro, de la Iglesia. Ésta es pobre y puede parecernos a veces vieja, pero trasparenta la autentica llamada de Cristo. Sólo en compañía de Pedro puede Mateo seguir a Jesús, porque así lo ha dispuesto Jesús mismo.

Ante esta llamada se nos presentan muchas dificultades. Podemos no verla, como los fariseos. Pero la llamada también se dirige a ellos y sólo hace falta que alguien les levante la cabeza, para que la vean. Tal vez sean las comodidades y seguridades de nuestra vida las que nos impiden seguir a Jesús. Alguna vez hemos sentido cómo Jesús pone su mirada en nosotros, pero hemos contestado que “hoy no, tal vez otro día”. O como al joven espadachín, Nos ha sorprendido la llamada y nos hemos puesto en guardia. Tememos que pueda ser algo malo para nosotros (“a ver si me van a comer el coco”), pero no podemos negar el atractivo de la llamada.

Pero la respuesta a todas nuestras dificultades la tenemos en Mateo. Es un hombre mayor, con la vida hecha, pero algo nuevo entra en su vida. En su vida corriente, aparece algo que de repente le da una nueva luz. Con corazón sencillo, abierto, se deja sorprender por la novedad del amor de Dios, que le llama. Y no puede menos que dejarlo todo al momento y seguirle. Porque una presencia como la de Jesús toca toda nuestra vida, y no podemos permanecer indiferentes a esa pretensión de Jesús de ser el centro de nuestra existencia. Por eso, Mateo pone a Jesús por encima de todas las demás cosas y “dejándolo todo, se levantó y lo siguió”.

Esta es la llamada personal que Jesús hace a Mateo, la de ser apóstol. Jesús más tarde elegirá a Mateo entre esos Doce que tuvieron una especial relación con él. Mateo se ve llamado a dejar su trabajo, su familia, su vida, para entregarla en favor de los demás; a seguir a Jesús y a continuar su misión; a anunciar el evangelio de la gracia, que el Reino de Dios ha llegado en una persona: Jesucristo.

Ahora podemos dedicar un poco de tiempo a pensar en lo que hemos visto:

¿Descubro en mi vida la llamada de Jesús? ¿Dónde la descubro?

¿A qué me siento llamado?, ¿Cómo creo que podría mejorar mi seguimiento de Jesús?

¿Cómo respondo a la pretensión de Jesús?

para que le conozcas y goces de su amistad

Para escuchar a Jesús es necesario que le prestemos atención a Él. Para eso, como con nuestros mejores amigos cuando vamos a hablar de cosas intimas, es mejor separarnos un poco del resto y hablar a solas con Él, escucharle.

Para eso te propongo algunos textos que hablan de Mateo y de cómo vivió él ese encuentro con Jesús. Escúchale en ellos.

“Jesús salió de la casa y vio a un publicano, llamado Mateo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Mateo le obsequió después con un gran banquete en su casa al que también había invitado a muchos publícanos y a otras personas. Los fariseos y sus maestros de la ley murmuraban contra los discípulos de Jesús y decían: – ¿Por qué coméis y bebéis con publícanos y pecadores? Jesús les contestó: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan. ” (Lc 5, 27-32)

“Por aquellos días, Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche orando a Dios. Al hacerse de día reunió a los discípulos, eligió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles: Simón, a quien llamó Pedro y su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás y Santiago el hijo de Alfeo, Simón llamado Celota, Judas el hijo de Santiago y Judas Iscariote que fue el traidor.” (Lc 6, 12-16)

“Mas ya que habéis visto el poder del que llama, considerad también la obediencia del llamado. Porque Mateo no opuso ni un momento de resistencia, ni dijo, dudando: ¿Qué es esto? ¿No será una ilusión que me llame a mí, que soy hombre tal? Humildad, por cierto, que hubiera estado totalmente fuera de lugar.” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. Sobre S. Mateo, 30).

“Hay también otra sentencia en la que Jesús dice: “Deja que los otras personas.”

Después de descubrir a Jesús como alguien a quien merece la pena seguir, Mateo no puede callarse e invita a sus amigos para que conozcan a Jesús. Seguro que entre esos amigos, están aquellos que, porque estaban contando las monedas, no ven a Jesús.

Nosotros tampoco podemos estarnos quietos, así que pensamos en algo que nos pueda ayudar a descubrir mejor la llamada de Jesús en nuestra vida, y a contárselo a nuestros amigos.

SAN MATEO-GUÍA DEL CATEQUISTA

La primera parte de la catequesis consiste en una presentación del cuadro de Caravaggio, “La vocación de S. Mateo”. Para una mayor información sobre el cuadro y la personalidad de Caravaggio, puedes consultar el libro ”La vocación de San Mateo” (La vocación de San Mateo. Dialogo con el cuadro de Caravaggio. Antonio González Paz. PPC. 1995). Es importante que esta primera parte trate despertar el interés sobre el tema. El cuadro sólo es un medio para ello. (Sería absurdo centrarse en un análisis artístico del cuadro o de la figura del propio Caravaggio). Si es posible, no es necesario que los jóvenes sepan el título del cuadro.

Después de la pequeña presentación, se trata de entablar un diálogo sobre los personajes del cuadro, que hacen… Tampoco es necesario que esta se alargue demasiado.

En el siguiente paso, una vez que los jóvenes ya se han interesado por el tema, se puede pasar a ver con más detalle el cuadro, comentando los detalles que vienen en el cuaderno. A través de la descripción de estos personajes se puede ver todo el recorrido de la vocación, desde la llamada, la mediación y las distintas respuestas que la llamada de Dios despierta en uno. Hago aquí un análisis más detallado de los personajes y su significado tal como yo lo veo. Muchos datos están tomados del libro “La vocación de S. Mateo ” de Antonio González Paz..

Si empezamos a leer el cuadro de derecha a izquierda, el primer personaje que aparece es Jesús. De él nace la llamada. Bueno, en realidad, Jesús nos muestra la misma llamada del Padre (Jn 14, 9). Esto en el cuadro aparece expresado por la luz que desciende de la esquina superior derecha e ilumina el rostro de todos los personajes. Es Jesús en aquel en quien la llamada del Padre se hace concreta. Podemos ver primero el rostro de Jesús. Es un rostro bello, joven, firme, coronado por la casi imperceptible áurea de santidad. Es el rostro mismo de Dios hecho hombre. La mirada de Jesús es limpia; no muestra ninguna duda, porque sabe a quien llama y no se equivoca. Jesús llama a los que Él quiere (Mt 3, 13). Es también una mirada compasiva, que mira y conoce al hombre en lo más profundo de su ser. Otro elemento es la mano. La mano con la que Jesús señala a Mateo tiene una asombrosa semejanza a la mano que Dios tiende a Adán en “La Creación” de Miguel Ángel. Es la misma mano que crea al hombre la que le llama a que se levante. Otro detalle son los pies de Jesús, descalzos, vueltos hacia el camino. Jesús nos llama siempre a que le sigamos, a que nos pongamos en marcha, a que vayamos detrás de Él, porque sólo Él es el Maestro.

El siguiente personaje con que nos encontramos es Pedro. Es un hombre viejo, como vemos en su pelo canoso. Va vestido con unos mantos corrientes, pobres. Es la pobreza de la humanidad de la Iglesia. Pero es esa pobreza humana la que mejor refleja a Cristo. La dureza del camino ha “pulido” a Pedro haciéndole transparente para que en su humanidad podamos ver al Maestro. En el cuadro, Pedro tapa prácticamente entero a Jesús, pero sin embargo a primera vista en quien primero nos fijamos es en Jesús. Solo en un segundo momento vemos que Pedro está delante. Pedro, representando a la Iglesia es el lugar donde Cristo ha querido que entremos en comunión con Él. Pedro señala en la misma dirección que el Maestro, y parece que dice, “ven con nosotros, con los discípulos del Señor, porque solo con nosotros puedes seguirle”. Pedro tiene los pies señalando a Mateo. Es en la comunión de vida con los que ya han sido llamados, dónde encontramos esa llamada a seguirle, porque ellos han recibido la misión de anunciarle al mundo y continuar su misma misión. Pedro es también roca firme, bastón en el que el discípulo de Jesús encuentra apoyo en la dureza del camino.

Yendo ahora al otro espacio del cuadro, vemos cinco personajes. Éstos representan las distintas respuestas que en algún momento todos damos a Jesús. Creo que mejor que identificarnos con sólo uno de los personajes, es más propio ver cómo nosotros actuamos en algún momento como cada uno de ellos. Será bueno, en la última parte del tema, para centrarlo, observar cuándo actuamos como éste o aquél, para ver como podemos dirigir toda nuestra vida a una respuesta como la de Mateo.

A los dos personajes que vemos a la izquierda podríamos identificarlos con los fariseos, o los escribas. Es decir aquéllos que teniendo a Jesús delante no lo ven. En el cuadro podemos observar cómo su mirada está centrada en el dinero. Ellos también tienen delante a Jesús, como los demás personajes del cuadro, pero son los únicos que no levantan la cabeza para mirar. Ni siquiera saben que Jesús llama a su puerta. No escuchan la llamada. No son capaces de levantar la mirada hacia algo más allá de la realidad que tienen delante. La misma realidad les habla, pero no pueden entenderla. Tal vez sea porque no quieren, o porque queriendo, no saben a dónde mirar.

A la derecha tenemos otros dos personajes que miran asombrados hacia Jesús. Por una parte tenemos, en primer plano, con un chaleco negro, es un hombre que está pagando los impuestos cuando Jesús aparece en la escena. Ha visto a Jesús. Tanto le ha sorprendido, que se ha dado la vuelta para ver qué pasa. (Ver la diferencia con los fariseos). Por la vestimenta, parece que es un hombre importante, un caballero. En el tiempo de Jesús podemos identificarlo con un miembro del sanedrín, como Nicodemo (Cf. Jn 3, 1-21). Ha descubierto la radical novedad que hay en Jesús, y se siente también llamado a seguirle. (Vemos como apoya su mano derecha sobre el banco para levantarse). Pero por otra parte no deja de ser un hombre importante y no acaba de fiarse. Esto lo muestra, echando mano a la espada. A la vez que se siente atraído por Jesús, entiende que al seguirle puede peligrar su estilo de vida, y se siente amenazado. La llamada al seguimiento de Jesús es tan radical, que podemos pensar en el “qué dirán” nuestros amigos, o qué pasará con nuestra vida, y nos ponemos en guardia.

Por otra parte tenemos, en segundo plano, un joven muy bien vestido, con el brazo apoyado en el personaje del centro. Este personaje se asemeja mucho a lo que podemos imaginar que es el joven rico del evangelio. Es un joven que, como cualquiera de nosotros, busca seguridades en los otros. Quiere “hacerse un hueco” en la sociedad. Quiere ser “alguien”. Entonces aparece Jesús, y siente la novedad de su persona. Se siente llamado a seguirle, a poner en Jesús su seguridad, porque Él sí que desprende seguridad. Pero en el cuadro podemos percibir si nos fijamos cómo, aunque mire en la dirección de Jesús, no le mira a Él. Parece que desvía la mirada y no se atreve a mirarle a los ojos. Sabe que la llamada de Jesús no es a una seguridad estática. La llamada de Jesús es a dejarlo todo para seguirle. No puede apoyarse a la vez en Jesús y en otras personas, fuera de las que Él nos pone. Jesús exige ser el centro de nuestra vida y no podemos tomar a Jesucristo como una faceta más de nuestra vida. Desde Él se ordena el resto. Por eso el joven desvía la mirada con tristeza, porque no está dispuesto a seguirle, porque las riquezas le atan. ¡Cuántas veces nos pasa esto a nosotros!

Por último, pero no menos importante, tenemos al personaje central del cuadro: Mateo. Mateo, cobrador de impuestos, es sobre todo un hombre despreciado. En tiempo de Jesús los publicanos eran tenidos como colaboracionistas de los romanos, además de cómo extorsionadores del pueblo. Mateo es también un hombre mayor, que nada espera ya de la vida. Sin embargo una novedad radical aparece en su vida. Jesús dice su nombre y le llama para que le siga. Mateo, el hombre despreciado por todos, se siente profundamente amado, como no ha sido amado por nadie. La llamada nace del amor que Dios nos tiene y que se nos ha mostrado en su Hijo. De ahí, que ante esto, la primera respuesta de Mateo es el asombro. Caravaggio ha sabido captar este momento con especial maestría. Mateo se señala a sí mismo en el cuadro con la sorpresa dibujada en la cara, como diciendo “¿a mí me llamas?, ¿quién soy yo?”. De este asombro nace la respuesta, una respuesta que no puede ser otra que la del seguimiento de Aquel que me ha introducido en una vida nueva. Mateo deja todo lo que tiene y sigue a Jesús. Puede ser interesante ver la comparación entre Mateo y el joven rico. Mateo es un hombre ya establecido, apegado a sus cosas, con la vida hecha, mayor… En cambio el joven, tiene toda una vida de ilusión por delante, parece deseoso de vivir, no puede tener tanto que dejar… Sin embargo, es Mateo el que da la respuesta propia de un joven, porque es Mateo el que reconoce en Jesús algo más que un simple hombre. Reconoce en Jesús una persona que le llama a una entrega total de la vida, porque ama plenamente. Es Mateo el que experimenta que con Jesús su vida será plena.

Otro dato interesante de Mateo lo podemos leer en la continuación de la llamada en el Evangelio de Lucas. Mateo llevado por la alegría de haber encontrado al Señor, organiza una fiesta e invita a Jesús a entrar en su casa. La casa es toda la vida de un hombre. Una vez que conocemos a Jesús, entra en nuestra vida y la trasforma. Nuestras tareas, las relaciones con la gente siguen siendo las mismas, pero ha cambiado radicalmente, porque ahora son desde Cristo. El amor de Cristo la transforma. Mateo invita además a sus amigos publicanos. No puede ocultar el amor que ha descubierto y llama a sus amigos para que también conozcan Jesús. Conocer a Jesús debe llevar inevitablemente a su anuncio.

Esto, y muchas más cosas, es lo que podemos aprender de este cuadro pintado por el Caravaggio y que hoy podemos contemplar en la iglesia de S. Luís de los Franceses en Roma.