Estado de Vida


Aparecen en un momento de la historia en que se ha firmado un trágico divorcio entre el hombre y la fe, entre la fe y la vida. Los Institutos Seculares vienen a decir al hombre que no puede haber plenitud humana sin la gracia de Dios.

            Los Institutos Seculares son una de las últimas formas de Vida Consagrada suscitadas en la Iglesia por la fuerza del Espíritu Santo, para corresponder a las necesidades que la Iglesia encuentra hoy al realizar su misión.

            Fueron aprobados por Pío XII en la constitución apostólica “Próvida Mater Ecclesia” el dos de febrero del año 1947 y han nacido y se han desarrollado inspirados por el anhelo profundo de una síntesis entre estos dos polos:

La plena consagración de la vida según los consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia).

La plena responsabilidad de una presencia y de una acción transformadora desde dentro del mundo para perfeccionarlo y santificarlo.

            En esta síntesis de Secularidad y Consagración, ninguno de los dos aspectos debe ser infravalorado.

Secular: inserción en el mundo como lugar propio de responsabilidad cristiana.

Consagración: Llamados a vivir la consagración bautismal con radicalidad, como consecuencia de una abundancia de Amor.

            Sus miembros son seglares, que viven en el mundo comprometidos con las realidades temporales, colaborando en la construcción del Reino, viviendo su consagración bautismal, siguiendo a Cristo en la vivencia de los consejos evangélicos.

            La vivencia de los consejos evangélicos en medio del mundo constituye un modo de vida que habla por sí sólo, manifiesta una nueva forma de vivir el gozo y la radicalidad del evangelio.

Su castidad dice al mundo: que se puede amar con el desinterés y perennidad que brotan del corazón de Dios, y que es posible dedicarse a todos sin atarse a nadie, preocupados ante todo por los más abandonados.

Su pobreza dice al mundo: que se puede vivir entre los bienes temporales y que se pueden utilizar los medios de la civilización y del progreso, sin hacerse esclavo de ninguno de ellos.

Su obediencia dice al mundo: que se puede ser feliz sin encerrarse en una cómoda elección personal, permaneciendo enteramente disponible a la voluntad de Dios.

            Los miembros de los Institutos Seculares son laicos consagrados. Laicos que no piden ningún privilegio, ni civil ni eclesiástico, que los separe de los otros fieles, pero que asumen todos los compromisos espirituales de una vida dedicada a Dios. Su servicio en la Iglesia consiste en vivir plenamente el Evangelio dentro del mundo, para transformarlo con la fuerza de las Bienaventuranzas. Por eso en cualquier parte se puede encontrar a un miembro de un Instituto Secular y ejercen todas las profesiones, En esta “normalidad” quieren ser auténticos seguidores y testigos de Jesucristo, quieren sentir y hacer sentir de verdad, que Dios ha hecho el mundo y “anda” en medio de él.

            Los Institutos Seculares testimonian que la posibilidad de ponerse detrás de Jesús está abierta a todos, nadie tiene la exclusiva. Desde el día a día, desde lo cotidiano, como don y como gracia, se experimenta la liberación, se experimenta la presencia del Señor a nuestro lado y la fuerza del Espíritu actuando constantemente en la historia. Nada ni nadie está excluido de la “Buena Noticia” de la experiencia y del conocimiento del verdadero rostro de Dios.

            La gran novedad que aportan los Institutos Seculares es su “estructura”. Una estructura que implica una gran agilidad, movilidad y flexibilidad, para que cada persona pueda responder a la exigencia que comporta su condición de seglar, pero a la vez es una estructura que anima constantemente la comunión de vida a través del propio carisma, por el cual todos los miembros viven un propio ideal, trabajan por los mismos objetivos y disciernen los lugares concretos de compromiso laborales-apostólicos.

TESTIMONIO

            Descubrir la secularidad consagrada ha sido obra del Espíritu, que es quien suscita en nuestros corazones todo, porque nada viene de nosotros sino es por Él. Nuestra labor, que no es poca, es el ser dóciles a su acción, es decir, no poner obstáculos a aquello que Él va sugiriendo en nuestro corazón como una suave brisa y que, a veces pensamos que son imaginaciones nuestras y las dejamos pasar, perdiendo la posibilidad de encontrarnos realmente con nuestro propio ser. Nada se nos impone, y así descubrí mi vocación. Viéndome a mí misma interesándome por la presencia de Dios en el corazón de mis semejantes y queriendo desvelar su rostro. Así hacerles reconocer que no estamos solos, que Dios está en nuestras vidas, en lo más hondo de nuestros corazones, que Él nos ama y desea nuestra felicidad, que nos acompaña en todo momento, sobre todo en los momentos de mayor sufrimiento donde con mayor fuerza se hace presente, fortaleciéndonos para superarlos. Reconocer también su presencia en los acontecimientos cotidianos, en los más pequeños y en los más grandes, en todos tiene Dios una palabra que darnos a conocer. Saberla reconocer y alegrarnos en ella es hallar el Reino de Dios presente en el mundo, al lado nuestro. Tener ojos para verlo y comunicarlo es labor de un Instituto Secular. Su tarea no es otra, por tanto, que dar esperanza al hombre y a la mujer de hoy haciéndole descubrir el estar de Dios en medio de su pueblo, amándolo y cuidándolo a través de tantos hombres y mujeres que se dejan seducir por el Espíritu (incluso sin saberlo) y son presencia de Dios para todos los hermanos.

            Esta es mi vocación, una brisa suave pero firme que va penetrando en mí y que va transformando mi vida, para ser signo de la actuación de Dios en el corazón de las personas en los acontecimientos de nuestras vidas... Y con la llamada fuerte a trabajar para que su Reino se haga presente en todos los ámbitos y habite la justicia de Dios entre los hombres.

Inmaculada

Sierva Seglar de Jesucristo Sacerdote

PISTAS PARA REFLEXIONAR

¿Crees que es posible vivir radicalmente el Evangelio en el mundo de hoy?

¿Empleas la libertad de tus decisiones para seguir la voluntad de Dios a través de la vida cotidiana, los signos de los tiempos y las exigencias del mundo actual?

¿Crees que con tu presencia puedes ejercer una acción transformadora en el mundo que te rodea en los ambientes en los que te mueves normalmente?

¿Cómo valoras la vivencia de los consejos evangélicos?

¿Qué es lo que te llama más la atención de los Institutos Seculares?

Ser una vocación invisible

La síntesis entre consagración y secularidad.

Vivir los consejos evangélicos en medio del mundo.

Otro aspecto (señala cuál).

PARA ORAR

Sólo Dios puede dar la fe...

Pero tú puedes dar tu testimonio.

Sólo Dios puede dar el amor...

Pero tú puedes enseñar a amar.

Sólo Dios puede dar la paz...

Pero tú puedes sembrar la unión.

Sólo Dios es el camino...

Pero tú puedes señalarlo a los otros.

Solo Dios es la vida...

Pero tú puedes hacer que florezca el deseo de vivir.

Solo Dios se basta a sí mismo,

Pero prefiere contar contigo.