Vida de Santos y ejemplos de vida cristiana


UNA VIDA DE DONACIÓN DE SÍ MISMO HASTA EL FINAL

 

Autor: Enrique Martín

 

CRONOLOGÍA 

-Nace en Alicante en (1914).

-Huérfano de padre, cursa bachillerato en los HH. Maristas de Lérida (1924-1930).

-Ingresa en el Instituto Químico de los PP. Jesuitas (1930-1934)

-Practica los Ejercicios espirituales bajo la dirección del P. Román Galán, S.J. (1931)

-Ingresa como ingeniero químico en la casa Cros, S.A. (1934)

-Militó en la Congregación mariana y Federación de Jóvenes cristianos.

-Encarcelado y fusilado (1936)

UN JOVEN NORMAL, ENTREGADO A LO QUE AMABA

Francisco fue un joven que estudió, trabajó, se divirtió, se enamoró y se dedicó al apostolado. Una vida completamente normal, que supo abrirse a la acción del Espíritu Santo, realizando con entrega absoluta el quehacer del día a día.

Aparentemente igual a otros de su tiempo,  vivió el Evangelio a fondo, con un entusiasmo y una alegría desbordante.

Toda su vida, sus travesuras, sus estudios,  sus amores, sus vacilaciones, sus entregas, sus trabajos apostólicos y profesionales, están marcados por la normalidad. Incluso su sobrecogedora muerte fue un acto normal, ya que su vida  la había entendido en clave de entrega y de amor.  Lo extraordinario y asombroso habría sido que en el momento del martirio se hubiera comportado de otra manera.

Así Francisco se ha convertido en modelo para los demás gracias a su vida entregada por amor a Jesucristo y a los hermanos,  hasta derramar la sangre en su martirio en 1936.

CORAZÓN ABIERTO A SUS AMIGOS Y ENTREGADO DEL TODO A DIOS

Fácilmente se ganó siempre la simpatía de los demás. El fundamento de todo ello estaba en la radicalidad del amor, del verdadero amor que tiene su fuente en Dios.

Francisco lo sabía y éste amor lo puso en práctica siempre que podía. Lo puso en acción a través del verdadero amor hacia su madre, sus hermanas, compañeros de trabajo y de apostolado y de manera destacada con su novia.

Pero el amor que manifestó a los suyos lo vivió en y desde el amor a Dios. Por ello asumió con realismo la opción preferencial del amor debido, por encima de todo, a Dios: “Nuestras vidas se unieron, y Dios ha querido separarlas. A Él le ofrezco, con toda la intensidad posible, el amor que te profeso, mi amor intenso, puro y sincero.”

“SIEMPRE ADELANTE” “CADA DÍA MÁS Y CADA DÍA MEJOR”

Estas frases las repetía muy a menudo. Le animaron y le estimularon a lo largo de su vida. Él buscaba la perfección, la misma a la que nos invita el Papa Juan Pablo II cuando nos dice: “Jóvenes del tercer milenio, sed santos”.

La carrera de Francisco fue la de un atleta de la fe, que recorrió los tramos que le conducirían hasta la meta final, con fidelidad y coherencia, rechazando todo lo mediocre. Eso le permitió entregar su vida sin reservas por Jesucristo.

Nunca se dejó doblegar por los acontecimientos, sino que supo y quiso encarar las dificultades de frente y con una fortaleza tal que le quedaron siempre ánimos para dar ánimos a los demás.

Ese ánimo lo manifestó no solo en el momento de la muerte, sino a través de una vida de donación.

Fortaleza, valor y gran corazón, eran las facetas que mejor descubren su personalidad. Nunca perdió la pasión y el coraje de anunciar a Jesucristo con su vida. Una vida forjada de esta manera le hizo permanecer alegre y optimista ante el momento de su martirio.

“Querido Padre: Le escribo estas letras estando condenado a muerte y faltando unas horas para ser fusilado. Estoy tranquilo y contento, muy contento. Espero poder estar en la gloria dentro de un rato.” (Al P. Román Galán, S. J.)

  

Joyas autobiográficas,

escritas minutos después de

escuchar  su condena a muerte.

CARTA A SU NOVIA

Querida Mariona:

Nuestras vidas se unieron y Dios ha querido separarlas. A Él le ofrezco, con toda la intensidad posible, el amor que te profeso, mi amor intenso, puro y sincero.

Siento tu desgracia, no la mía. Siéntete orgullosa: dos hermanos y tu prometido. ¡Pobre Mariona!

Me está sucediendo algo extraño, no puedo sentir pena alguna por mi suerte. Una alegría interna, intensa, fuerte, me invade por completo. Querría hacerte una carta triste de despedida, pero no puedo. Estoy todo envuelto de ideas alegres como un presentimiento de Gloria.

Querría hablarte de lo mucho que te habría querido, de las ternuras que tenía reservadas para ti, de lo felices que habríamos sido. Pero para mí todo es secundario. Voy a dar un gran paso.

Una cosa quiero decirte: si puedes cásate. Desde el cielo yo bendeciré tu unión y tus hijos. No quiero que llores, no quiero. Siéntete orgullosa de mí. Te quiero.

No tengo tiempo para nada más.

CARTA A SUS HERMANAS Y A SU TÍA

Queridas:

Acaban de leerme la pena de muerte y jamás he estado tan tranquilo como ahora. Estoy seguro de que esta noche estaré con mis padres en el cielo; allí os esperaré a vosotras.

La Providencia divina ha querido escogerme a mí como víctima de los errores y pecados cometidos por nosotros. Voy con gusto y tranquilidad a la muerte. Nunca como ahora tendré tantas probabilidades de salvación.

Se ha terminado mi misión en esta vida. Ofrezco a Dios los sufrimientos de esta hora.

No quiero en modo alguno que lloréis por mí: es lo único que os pido. Estoy muy contento, muy contento. Os dejo con pena  a vosotras, a quienes tanto he amado, pero ofrezco a Dios este afecto y todos los lazos que me retendrían en este mundo.

Teresina: sé valiente. No llores por mí. Soy yo quien ha tenido una inmensa suerte, que no sé cómo agradecer a Dios. He cantado el «¡Vamos, que es camino de solo un día!» (del himno de los que practican Ejercicios Espirituales), con toda propiedad. Perdóname las penas y los sufrimientos que te he causado involuntariamente. Yo siempre te he querido mucho. No quiero que llores por mí, ¿oyes?

María: Pobre hermanita mía. También tú serás valiente, y no te abrumará este golpe de la vida. Si Dios te da hijos, les darás un beso de mi parte, de parte de su tío, que los amará desde el cielo. A mi cuñado un fuerte abrazo. Espero de él que será vuestra ayuda en este mundo y sabrá sustituirme.

Tía: en este momento siento un profundo agradecimiento por cuanto Ud. ha hecho por nosotros. Nos encontraremos en el cielo dentro de unos años. Sepa usted gastarlos con toda clase de generosidad. Desde el cielo rogaré por Ud., éste que le quiere tanto.

Saludos a Bastida, a la señora Francisqueta, a los “didos”, a Puig, a López, a los amados compañeros de la Federación, que no quiero nombrar. A todos los amigos les diréis que muero contento y me acordaré de ellos en la otra vida.”

 PAUTAS DE REFLEXIÓN 

     -       Después de leer estas cartas ¿cómo explicarías la sorprendente incapacidad de sentir tristeza, por la pérdida de ese amor hacia su novia y hermanas?

     -       ¿Qué mensaje sacarías para tu vida detrás de cada frase que has leído en las anteriores cartas?

     -       ¿Crees que se trata de simple resignación ante lo que se avecina o hay algo más?

     -       ¿Cómo te imaginas la vida de Francisco, a la luz de estas cartas en el momento final de su vida?