Vida de Santos y ejemplos de vida cristiana


INSTITUTO SECULAR SIERVAS SEGLARES DE JESUCRISTO SACERDOTE

Autora: Mª Carmen Sánchez

                Don Juan Sánchez Hernández nació en Villanueva del Campillo (Ávila), el día 9 de Noviembre de 1902.  El Padre de don Juan falleció poco antes de que naciera el niño y su madre hubo de trasladarse al pueblo de Pascualcobo (Ávila) donde encontró trabajo, para poder sacar adelante a sus tres hijos.

La madre de don Juan llenó la casa y la vida de sus hijos.  De hecho, el padre Juan cobró una verdadera devoción por ella, que manifestó abiertamente hasta el final de sus días.  Siempre hablaba de su madre como una santa.

En Pascualcobo fue un niño muy pobre.  Esto jamás lo ocultaba; sencillamente le ayudaba a mantenerse en su virtud preferida: la humildad.  Dice en su diario Recordar lo que fui en Pascualcobo”, y así se estimula a vivir en humildad.

Desde niño sentí la vocación al sacerdocio. Fueron a su pueblo los hermanos de San Juan de Dios y ya se sentía atraído por ellos y le dice a su madre: Quiero ser Juan de Dios. Ante la evidencia de su vocación, su madre tuvo que marcharse a Salamanca donde lo matriculó en el seminario como alumno externo, ya que no podía sufragar los gastos del internado.  Sólo al comenzar el tercer curso de Sagrada Teología, -de acuerdo con las prescripciones vigentes a la sazón- ingresó en el internado.  Era el año escolar 1923-1924.

Al curso siguiente sintió la llamada hacia la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, su madre, que humanamente podía ya casi contar con la ayuda material que le prestara su hijo sacerdote, no puso dificultad alguna a la vocación de su hijo.

Finalizó sus estudios de teología en el seminario de Tortosa, como alumno de la casa de probación de la Hermandad.  El día  26 de julio de 1925 - Año Santo - recibió- la ordenación sacerdotal.  Fue para él motivo de gran alegría y constante estímulo para crecer en sus anhelos insaciables de santidad.  Tuvo la dicha de ser ordenado en un Año Santo y el gozo de celebrar sus bodas sacerdotales durante otro año Santo: 1975.

"El pensamiento de agradar a Dios y de la propia santificación domina y llena casi en absoluto todas las actividades de mi inteligencia". Así se expresa el Padre Juan, en el año 1925 con 23 años de edad.  La santidad - y la santidad heroica - es la tónica de su vida.  "Mi misión en la vida es realizar un ideal de santidad sin mitigaciones". En su Diario, en sus cartas, en sus charlas, repite infinidad de veces: "Lo que Dios no es, nada es".  Dios es su centro, su meta, su "todo".  La vida del Padre Juan cabe en esta síntesis apretada: "Todo de Dios, sólo de Dios, siempre de Dios".  Su gran aspiración es "Tengo el gran deber de identificarme con Jesús, de "ser Jesús".  He de ser terco a lo San Pablo, en querer ser de Cristo, en identificarme con él, en reaccionar como él ante los problemas y situaciones".  "Mi sacerdocio me exige el reproducir en mí la vida de Jesús”.  Debo penetrar mi vivir de la presencia de Jesús y de la exigencia de conformar mi sentir y mi hacer con el suyo... Lectura meditada, más frecuente, del Nuevo Testamento, para tratar de obrar y fundir toda mi vida en el "molde de Jesús".

Y el deseo crece con el paso de los días.  "Dejarme invadir por Dios plenamente y dejarme transformar por él y en él totalmente".  "Debo ser santo.  Quiero ser santo".  Este es el estribillo que repite cada día hasta el final.  Su diario está plagado de este deseo ardiente.  "Señor, debo ser santo, quiero ser santo, hazme santo".  "Debo ser santo.  Quiero ser santo.  Jesús, ayúdame a conseguir la santidad".

Cuanto más avanza en el camino de la santidad, más se exige.  Quien comienza a recorrer esta senda, descubre cada día nuevos horizontes; nunca puede decir basta, porque siempre le queda mucho por andar.  Siempre nos falta una cosa, nos falta dejar algo más para que nos pueda colmar Dios.

Don Juan trabajó con mucha ilusión y tenacidad en la obra del Fomento de Vocaciones Eclesiásticas, siempre tuvo la preocupación por la vida del seminario y el ideal del sacerdocio, viviendo muy intensamente la preocupación por todo lo que se refiere al espíritu sacerdotal.  "No quiero dejarme ganar por nadie en santificarme y sacrificarme por la mayor santificación de los elegidos", es una de sus constantes en la oración y siempre vibró con el lema "Pro eis" tan en boga en sus tiempos en la Obra Pontificia de las Vocaciones Sacerdotales.

Más tarde sintió la llamada a fundar una institución femenina que se dedicara a orar, sacrificarse y colaborar pastoralmente con los sacerdotes, prestándoles además su ayuda material. Ya en el año 1954 comenzó con mucha humildad a dar los primeros pasos para la fundación del Instituto Secular de Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote.

A pesar de su salud endeble, de los muchos achaques que padeció, tuvo energía para recorrer infinidad de veces la geografía española, primero sembrando la semilla, hablando con obispos, sacerdotes, dirigiéndose a personas interesadas por el espíritu sacerdotal, luego visitando las casas de la institución, dirigió muchas tandas de ejercicios, predicó retiros, pronunció conferencias siempre con el mismo tema: Jesús y el Sacerdocio.

Su misión en la vida es realizar un ideal de santidad sin mitigaciones.  Constantemente se siente llamado a esta santidad, esforzándose por conseguirla.  El Señor le premia para que tome en serio el deber de tender a la santidad heroica.  El Señor le llamó a vivir con El, el 18 de Julio de 1975, después de una corta enfermedad.

PARA REFLEXIONAR

1.         ¿Conocéis algún santo de este siglo? Compartir.

            2.         ¿Qué cualidades destacarías de los Santos de nuestro tiempo?

            3.         ¿Es posible la Santidad en este nuevo siglo?

  4.         ¿Qué medios te pueden ayudar en el camino a la Santidad?

  5.         Sí, tenemos Santos contemporáneos, unos ya conocidos oficialmente por la Iglesia y otros en proceso.  Uno de éstos es del que hablamos en la hojita.  Un hombre de Castilla, sencillo, profundo, guiado    por  el  Espíritu,  a   quien  el  Señor   le  encomendó una gran tarea que él fielmente emprendió totalmente fiado en el Señor. ¿Qué te sugiere la vida de Don Juan Sánchez?