Jornadas mundiales de Oración por las Vocaciones-Vigilias


LAS VOCACIONES AL SERVICIO DE LA IGLESIA-MISIÓN

“Para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 13 de abril de 2008, he escogido como tema: Las vocaciones al servicio de la Iglesia–misión. Jesús Resucitado confió a los Apóstoles el mensaje: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), garantizándoles: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). La Iglesia es misionera en su conjunto y en cada uno de sus miembros. Si por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación cada cristiano está llamado a dar testimonio y a anunciar el Evangelio, la dimensión misionera está especial e íntimamente unida a la vocación.”

  Benedicto XVI

  Canto inicial

Ante ti venimos,

Pues tú nos has llamado

Y nos atrae tu voz.

Como un solo pueblo

Danzando en tu presencia,

te damos el honor.

Sobre nosotros descienda el poder

De tu espíritu que nos hará clamar:

Abbá, Padre. Abbá, Padre.

Hoy tus hijos cantamos,

Tu amor celebramos

Clamando con una voz:

Abbá, Padre. Abbá, Padre.

1ª parte

 LA MISIÓN DEL HIJO…

La encarnación del Verbo

La misión del Hijo comienza en la encarnación. El Verbo de Dios asume una humanidad como la nuestra para ofrecernos su divinidad. Empieza su misión salvadora en María descendiendo: recibiendo un cuerpo con el que llevar a cabo su misión en medio de los hombres.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses

Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre. Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece.

Canto

Cristo, aunque era Dios,

Se despojó y se hizo esclavo.

Se entregó a la muerte, en  la cruz.

Por eso Dios lo levantó

Y le concedió el nombre sobre todo nombre.

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble

(en el cielo, en la tierra, en el abismo)

Al nombre de Jesús que toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor (para gloria del Padre) (2)

Oración

Oremos. Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El bautismo del Señor

En esta estación contemplamos cómo Jesús es bautizado por el Bautista en el Jordán. En ese momento, el Padre unge a Jesús como su elegido, el Hijo es ungido con el don del Espíritu, que es la Unción misma. El Hijo acepta así la misión que el Padre le ofrece, y manifiesta públicamente su deseo de cumplir con la voluntad del Padre: “aquí estoy”, responde obediente. Así nos ilumina con su entrega salvadora y con su fidelidad a la misión que le encomienda el Padre.

Del evangelio según san Lucas

Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado.»

Contemplamos  una vela  iluminando esta imagen. También la luz significa la luz que desprende Jesús al ser presentado en el Templo. Acoger esa luz es acoger su ofrenda. Por eso, podemos encender velas desde esa luz. Iremos llevando esas velas hasta la siguiente estación: Jesús en la cruz: es en la cruz donde la luz de Cristo es máxima, donde muestra su poder en su muerte, donde su ofrenda es máxima.

Canto

 Bendigamos al Señor,
Dios de toda la creación,
por habernos regalado su  amor.
Su bondad y su perdón
y su gran fidelidad
por los siglos de los siglos durarán.

El espíritu de Dios hoy está sobre mí
Y es quien me ha ungido para proclamar
La buena nueva a los más pobres,
La gracia de su salvación.

Enviados con poder
y en el nombre de Jesús,
a sanar a los enfermos del dolor,
a los ciegos dar visión,
a los pobres la verdad
y a los presos y oprimidos libertad.

Con la fuerza de su amor
y de la resurrección
anunciamos llega ya la salvación,
que ni el miedo ni el temor,
ni la duda o la opresión
borrarán la paz de nuestro corazón.

Salmo

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito:

me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;

me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor.

Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.

Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro;
nadie se te puede comparar.
Intento proclamarlas, decirlas,
pero superan todo número.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad".

Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.

Tú, Señor, no me cierres tus entrañas,
que tu misericordia y tu lealtad
me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin cuento.

Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que los pelos de mi cabeza,
y me falta el valor.

Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: "Grande es el Señor"
los que desean tu salvación.

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes.

Oración

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo; concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

La muerte en la cruz

Contemplamos en esta estación la entrega de Jesús. Su misión fue cumplir la voluntad del padre hasta el final. Ante una imagen de la cruz, nosotros dejamos nuestras luces, en un gesto de adoración, o también de unión: nuestra luz es tan sólo tu luz.

Del evangelio según san Lucas

Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» y, dicho esto, expiró. Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.» Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho. Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea. Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía. Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado. Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo. Y regresando, prepararon aromas y mirra.

Canto

TUS HERIDAS NOS HAN CURADO

Y TU MUERTE NOS TRAE LA SALVACIÓN

EN LA CRUZ NOS DAS LA VIDA

POR TU SANGRE, EL PERDÓN.

Te condenan a muerte por ser fiel,
inocente, testigo del amor,
y te cargan el peso de la cruz
olvidado en tu pena y tu dolor.

Hoy Señor, te volvemos a clavar
en los hombres que mueren sin razón,
torturado, hambriento, sin hogar,
siendo injustos, cerrando el corazón.

Despojado de toda dignidad,
te condenan el odio y el rencor.
Coronado de espinas como Rey,
das tu vida por el Reino de Dios.

Hoy tu sangre se vuelve a derramar

por gritar los derechos y el amor,

muere el justo que dice la verdad,

los más pobres, los que no tienen voz.

Una vez leído el evangelio, como gesto de acogida de esa palabra, ponemos nuestras luces a los pies de la cruz. Este gesto irá acompañado por un canto.

Adoración de la cruz:

En forma titánica

Crucem team

Adoramos domine

Resurrectionem team

Laudamus domine

Oración

Oremos. Oh Dios, tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza. Concédenos hacernos semejantes a él. De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia, la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

El descenso a los infiernos

 De la carta a los Hebreos  

          Hermanos: Temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea que ha perdido la oportunidad. También nosotros hemos recibido la buena noticia, igual que los que salieron de Egipto por obra de Moisés; pero el mensaje que oyeron de nada les sirvió, porque no se adhirieron por la fe a los que lo habían escuchado.

En efecto, entramos en el descanso los creyentes, de acuerdo con lo dicho: «He jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso», y eso que sus obras estaban terminadas desde la creación del mundo. Acerca del día séptimo se dijo: «Y descansó Dios el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.» En nuestro pasaje añade: «No entrarán en mi descanso".

         Ya que, según esto, quedan algunos por entrar en él, y los primeros que recibieron la buena noticia no entraron por su rebeldía, Dios señala otro día, «hoy», al decir, mucho tiempo después, por boca de David, lo antes citado: «Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis el corazón. »

Claro que, si Josué les hubiera dado el descanso, no habría hablado Dios de otro día después de aquello; por consiguiente, un tiempo de descanso queda todavía para el pueblo de Dios, pues el que entra en su descanso descansa, él también, de sus tareas, como Dios de las suyas. Empeñémonos, por tanto, en entrar en aquel descanso, para que nadie caiga, siguiendo aquel ejemplo de rebeldía.

 

Canto

 También nosotros hemos sido sepultados con Cristo para ser resucitados con Él. También nosotros hemos entrado en su muerte para entrar en su vida. Si su obediencia a la misión que el Padre le encomendó le llevó a descender a los infiernos para subir a los cielos, también nosotros, por el bautismo, hemos sido injertados en su obediencia para responder a la misión del Hijo. Es en el Bautismo donde, místicamente, así se ha realizado también para nosotros. En el bautismo, en nuestra entrada en la Iglesia, nosotros hemos recibido la misma misión que los apóstoles recibieron del Resucitado: Renovemos ahora ese signo para que la gracia de Cristo nos fortaleza a cumplir esa misión.

 Renovación de las promesas del bautismo

Hermanos, por el Misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Renovemos ahora las promesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y prometimos servir fielmente a Dios en la santa Iglesia católica. Así pues:

¿Renunciáis a Satanás, esto es:

            al pecado, como negación de Dios;

            al mal, como signo del pecado en el mundo;

            al error, como ofuscación de la verdad;

            a la violencia, como contraria a la caridad;

            al egoísmo, como falta del testimonio del amor?

Sí, renuncio.

¿Renunciáis a sus obras, que son:

            vuestras envidias y odios;

            vuestras perezas e indiferencias;

            vuestras cobardías y complejos;

            vuestras tristezas y desconfianzas;

            vuestras injusticias y favoritismos;

            vuestros materialismos y sensualidades;

            vuestras faltas de fe, de esperanza y de caridad?

Sí, renuncio.

¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser:

            el creeros los mejores;

            el veros superiores;

el estar muy seguros de vosotros mismos;

            el creer que ya estáis convertidos del todo;

            el quedaros en las cosas, medios, instituciones,

            métodos, reglamentos, y no ir a Dios?

Sí, renuncio.

¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso,

creador del cielo y de la tierra?

Sí, creo.

¿Creéis en Jesucristo,

su único Hijo, nuestro Señor,

que nació de santa María Virgen,

murió, fue sepultado,

resucitó de entre los muertos

y está sentado a la derecha del Padre?

Sí, creo.

¿Creéis en el Espíritu Santo,

en la santa Iglesia católica,

en la comunión de los santos,

en el perdón de los pecados,

en la resurrección de la carne

y en la vida eterna?

Sí, creo.

Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo y que nos concedió la remisión de los pecados, nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor, para la vida eterna. Amén.

 2ª parte

LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Procesión de entrada en la capilla

Cristo ha resucitado, !
Cristo ha resucitado!
!Resucitemos con Él!
Cristo nuestra Vida!

ALELUYA, ALELUYA,
CRISTO HA RESUCITADO,
!ALELUYA!

Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!

Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!

Cristo es nuestra esperanza
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!

Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya! Amén.

Aleluya

Surrexit Dominus vere. Alleluia, alleluia.
Surrexit Christus hodie. Alleluia, alleluia.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo

            En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»

 

… ES LA MISIÓN DE LA IGLESIA

Testimonio

Canto

Tu fidelidad es grande.
Tu fidelidad incomparable es.
Nadie como Tú, bendito Dios.
Grande es tu fidelidad
Preces
Laudate, Dominum

Laudate Dominum
Omnes gentes
aleluya

Testimonio

Canto

Tu fidelidad es grande.
Tu fidelidad incomparable es.
Nadie como Tú, bendito Dios.
Grande es tu fidelidad

Preces

Laudate, Dominum

Laudate Dominum

Omnes gentes

aleluya

Exposición del Santísimo

Que la lengua humana
cante este misterio:
la preciosa sangre
y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen
Rey del universo,
por salvar al mundo,
dio su sangre en precio.
Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.

Fue en la última cena
-ágape fraterno-,
tras comer la Pascua
según mandamiento,
con sus propias manos
repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce
para su alimento.

La palabra es carne
y hace carne y cuerpo
con palabra suya
lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino,
y, aunque no entendemos,
basta fe, si existe
corazón sincero.
Adorad postrados
este Sacramento.
Cesa el viejo rito;
se establece el nuevo.
Dudan los sentidos
y el entendimiento:
que la fe no supla
con asentimiento.

Adoración

 De los Hechos de los Apóstoles 2,1-11.

            Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Canto

Ven ahora (ven ahora),
Santo Espíritu (Santo Espíritu)
Ven y toma (ven y toma)
Tu lugar (tu lugar

Somos Sión. Tú eres Rey,
Ven y úngenos, Señor. 
Ven ahora,     

Ven a mí

Silencio

  

Oración

Oremos. Ilumina, Señor, con la luz de la fe nuestros corazones y abrásalos con el fuego de la caridad, para que adoremos confiadamente en espíritu y en verdad a quien reconocemos en este sacramento como nuestro Dios y Señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Comienza el fin de semana de oración ininterrumpida por las vocaciones. Mantengamos este clima.

En todas las catequesis de la comunidad cristiana desde los orígenes es patente la centralidad del misterio pascual: anunciar a Cristo muerto y resucitado. En el misterio del pan partido y de la sangre vertida por la vida del mundo, la comunidad creyente contempla la epifanía suprema del amor, la vida entregada del Hijo de Dios.

Por esto en la celebración de la Eucaristía, « cumbre y fuente » de la vida cristiana, se celebra la suprema revelación de la misión de Jesucristo en el mundo; pero, al mismo tiempo, se celebra también la identidad de la comunidad eclesial convocada para ser enviada, llamada para la misión.

En la comunidad que celebra el misterio pascual cada cristiano toma parte y entra en el estilo del don de Jesús, llegando a ser como El pan partido para la oblación al Padre y para la vida del mundo.

La Eucaristía llega a ser, así, origen de toda vocación cristiana; en ella cada creyente es llamado a conformarse al Cristo Resucitado totalmente ofrecido y dado. Llega a ser modelo de toda respuesta vocacional; como en Jesús, en cada vida y en cada vocación, se da la difícil fidelidad de vivir hasta la medida de la cruz.

Aquél que participa en esto, acepta la invitación-llamada de Jesús a « hacer memoria » de El, en el sacramento y en la vida, a vivir « recordando » en la verdad y la libertad de las opciones diarias el memorial de la cruz, a llenar la existencia de gratitud y gratuidad, a partir el propio cuerpo y verter la propia sangre. Como el Hijo.

La Eucaristía genera, por fin, el testimonio, prepara la misión: « Id en paz ». Se pasa del encuentro con Cristo en el signo del Pan al encuentro con Cristo en el signo de cada hombre. El compromiso del creyente no se agota al entrar, sino al salir del templo. La respuesta a la llamada encuentra la historia de la misión. La fidelidad a la propia vocación se alimenta en las fuentes de la Eucaristía y se mide en la Eucaristía de la vida.

(Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 17)