Jornadas mundiales de Oración por las Vocaciones-Vigilias


LAS VOCACIONES, SIGNO DE LA ESPERANZA FUNDADA SOBRE LA FE

Monición de entrada      

Canto de entrada

            Nada de turbe

 

Nada te turbe, nada te espante; quien a Dios tiene, nada le falta.

Nada te turbe, nada te espante; sólo Dios basta.

RITO DE LA LUZ

        Saludo del Señor obispo

Procesión de entrada con el cirio

      Cristo Jesús, oh fuego que abrasa, 

que las tinieblas en mí no tengan voz.

Cristo Jesús, disipa mis sombras.
Y que en mí sólo hable tu amor.

 Oración

Oh Dios, que iluminas esta noche con la gloria de la resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

CONFESIÓN DE LA FE

Renovación de la fe

Hermanos: Por el misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, en este año de la Fe, renovemos las promesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras y prometimos servir fielmente a Dios en la Santa Iglesia Católica.

¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?

¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

¿Creéis en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

  Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo y que nos concedió la remisión de los pecados, nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor, para la vida eterna.

         Aspersión al pueblo con agua bendita

Bautízame, Señor

Bautízame Señor con tu Espíritu, transfórmame Señor con tu Espíritu,
Bautízame Señor con tu Espíritu, bautízame y transfórmame Señor.

Y déjame sentir el fuego de tu amor, aquí en mi corazón Señor (2).

Resucítame Señor con tu Espíritu, conviérteme Señor con tu Espíritu.

Resucítame Señor con tu Espíritu, resucítame y conviérteme Señor.

Fortaléceme Señor con tu Espíritu, consuélame Señor con tu Espíritu.
Fortaléceme Señor con tu Espíritu, fortaléceme y consuélame Señor.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

ALELUYA

Canta aleluya al Señor (2).
/ Canta aleluya (2). Canta aleluya al Señor.

Se repite todo

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 10,11-18.

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:

-Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
 Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño un solo Pastor.
Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre.

Homilía .

Canto

Confitemini, Domino, quoniam bonus

Confitemini, Domino. Aleluya

        EXPOSICION DEL SANTÍSIMO

Canto

Pange lingua gloriosi, corporis mysterium,
sanguinisque pretiosi, quem in mundi pretium,
Fructus ventris generosi, rex efudit gentium.
Nobis datus, nobis natus, ex intacta virgine.
Et in mundo conversatus, sparso Verbi semine.


/ Sui moras incolatus. Miro clausit ordine (2).

In supreme nocte cenæ, recumbens cum fratribus,
observata lege plene, cibis in legalibus,
cibum turbæ duodenæ, se dat suis manibus,
genitori genitoque laus et iudilatio salus, honor, virtus quoque sir et benedictio.


/ Pange lingua gloriosi corporis mysterium (2).

 

Adoración y meditación.

“Deseo reflexionar sobre el valor salvífico de la Resurrección de Jesús, en la que se funda nuestra fe y por la que hemos sido liberados del pecado y hechos hijos de Dios, generados a una vida nueva. Éste es el don más grande que recibimos del Misterio Pascual de Cristo. Dios nos trata como hijos, nos comprende, nos perdona, nos abraza y nos ama aun cuando nos equivocamos. Esta relación de hijos con el Señor debe crecer, ser alimentada cada día con la escucha de su Palabra, la oración, la participación en los Sacramentos y la práctica de la caridad. Comportémonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por nuestras caídas, sintiéndonos amados por Él, sabiendo que Él es nuestra fuerza. Porque Él siempre es fiel. Ser cristianos no se reduce sólo a cumplir los mandamientos, es ser de Cristo, pensar, actuar, amar como Él, dejando que tome posesión de nuestra existencia para que la cambie, la trasforme, la libere de las tinieblas del mal y del pecado. A quien nos pida razón de nuestra esperanza, mostrémosle a Cristo Resucitado y hagámoslo con el anuncio de la Palabra, pero sobre todo con nuestra vida de resucitados. Porque nosotros también por el bautismo hemos resucitado, como Cristo”.

Papa Francisco, audiencia 10 de abril de 2013

Canto

In Resurrectione tua

In resurrectione tua, Christe, cœli et terra lætentur.
In resurrectione tua, Christe, cœli et terra lætentur

      Se repite todo

Silencio

Las vocaciones signo de la esperanza fundada sobre la fe

“Queridos hermanos y hermanas, ¿en qué consiste la fidelidad de Dios en la que se puede confiar con firme esperanza? En su amor. Él, que es Padre, vuelca en nuestro yo más profundo su amor, mediante el Espíritu Santo (cf. Rm 5,5). Y este amor, que se ha manifestado plenamente en Jesucristo, interpela a nuestra existencia, pide una respuesta sobre aquello que cada uno quiere hacer de su propia vida, sobre cuánto está dispuesto a empeñarse para realizarla plenamente. El amor de Dios sigue, en ocasiones, caminos impensables, pero alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar. La esperanza se alimenta, por tanto, de esta certeza: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). Y este amor exigente, profundo, que va más allá de lo superficial, nos alienta, nos hace esperar en el camino de la vida y en el futuro, nos hace tener confianza en nosotros mismos, en la historia y en los demás. Quisiera dirigirme de modo particular a vosotros jóvenes y repetiros: « ¿Qué sería vuestra vida sin este amor? Dios cuida del hombre desde la creación hasta el fin de los tiempos, cuando llevará a cabo su proyecto de salvación. ¡En el Señor resucitado tenemos la certeza de nuestra esperanza!» (Discurso a los jóvenes de la diócesis de San Marino-Montefeltro, 19 junio 2011).

Como sucedió en el curso de su existencia terrena, también hoy Jesús, el Resucitado, pasa a través de los caminos de nuestra vida, y nos ve inmersos en nuestras actividades, con nuestros deseos y nuestras necesidades. Precisamente en el devenir cotidiano sigue dirigiéndonos su palabra; nos llama a realizar nuestra vida con él, el único capaz de apagar nuestra sed de esperanza. Él, que vive en la comunidad de discípulos que es la Iglesia, también hoy llama a seguirlo. Y esta llamada puede llegar en cualquier momento. También ahora Jesús repite: «Ven y sígueme» (Mc 10,21). Para responder a esta invitación es necesario dejar de elegir por sí mismo el propio camino. Seguirlo significa sumergir la propia voluntad en la voluntad de Jesús, darle verdaderamente la precedencia, ponerlo en primer lugar frente a todo lo que forma parte de nuestra vida: la familia, el trabajo, los intereses personales, nosotros mismos. Significa entregar la propia vida a él, vivir con él en profunda intimidad, entrar a través de él en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo y, en consecuencia, con los hermanos y hermanas. Esta comunión de vida con Jesús es el «lugar» privilegiado donde se experimenta la esperanza y donde la vida será libre y plena.

Las vocaciones sacerdotales y religiosas nacen de la experiencia del encuentro personal con Cristo, del diálogo sincero y confiado con él, para entrar en su voluntad. Es necesario, pues, crecer en la experiencia de fe, entendida como relación profunda con Jesús, como escucha interior de su voz, que resuena dentro de nosotros.”

(del mensaje del papa Benedicto XVI  para la jornada)

Canto

Sígueme

 Quién sabe por qué me llamaste un día, quién sabe por qué te fijaste en mí
quién sabe por qué entre tantas melodías,
pude oír con alegría los acordes de tu “ven”.
Quién sabe por qué me mostraste tu sonrisa y fue el canto de mi vida: Sígueme.

Sígueme, ven y sígueme, ven y sígueme, deja todo y sígue...
Sígueme, ven y sígueme, ven y sígueme, deja todo y sígueme.

Recuerdo, Señor, que empecé a excusarme, recuerdo, Señor, que empecé a decir:
¿Acaso no hay otra forma de alabarte,
otras gentes que te canten y mejor que lo hago yo?
¿Qué has visto, Señor, en mi alma tan pequeña, que escuchar de ti merezca tu canción?

Quisiste llamar a mis pobres puertas y te hice esperar para decir: sí,
y ahora, que voy paso a paso por tus sendas,
son mis pasos los que esperan, siempre, verte junto a mí.
Es largo el andar y muy duras las veredas, pero quiero dar mi vida para ama
r.

 

Silencio

Canto para las peticiones

Creo

Creo Señor, Creo Señor.

Peticiones

 Por los pastores de la Iglesia, por el Papa Francisco, los obispos, los presbíteros y diáconos, para que les fortalezca en su tarea de acompañar y pastorear la vida de fe de los creyentes. Oremos.

      Por los gobernantes  y dirigentes de todos los países, para que, en este momento de crisis mundial  -económica, social, moral, espiritual..- en sus decisiones promuevan un mundo más justo y fraterno, solidario. Oremos.

       Por todas las personas que pasan por situaciones de sufrimiento, enfermedad, guerra, conflicto..; para que experimenten la fortaleza y el consuelo de Dios a través del cuidado, caridad y cercanía de los discípulos del Señor. Oremos.

      Pedimos al Señor que siga llamando a más trabajadores a su mies, desde el ministerio sacerdotal y la vida consagrada, para que con su vida anuncien la alegría del Evangelio, aviven la fe de los creyentes y sean signo de Cristo resucitado. Oremos.

      Pedimos muy especialmente por los diáconos que el próximo sábado 27 de abril serán ordenados sacerdotes. Que el Señor les haga servidores auténticos y les dé un corazón a semejanza del de Buen Pastor. Oremos

Oración final

Señor, te rogamos por nuestros hermanos y hermanas

que han respondido sí a tu llamada al sacerdocio,

a la vida consagrada y a la misión.

Haz que sus existencias se renueven de día en día,

y se hagan evangelios vivientes.

¡Señor misericordioso y santo,

sigue enviando nuevos operarios a la mies de tu Reino!

Ayuda a los que has llamado a seguirte en este tiempo nuestro;

haz que, contemplando tu rostro, respondan con alegría

a la maravillosa misión que le has confiado

por el bien de tu Pueblo y el de todos los pueblos

Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración de Benedicto XVI

Canto final

Canción del Misionero

Señor, toma mi vida nueva antes de que la espera desgaste años en mí.Estoy dispuesto a lo que quieras, no importa lo que sea, Tú llámame a servir.

Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras, necesiten mis ganas de vivir.
Donde falte la esperanza, donde falte la alegría
simplemente por no saber de Ti.

 

Te doy mi corazón sincero para gritar sin miedo tu grandeza Señor.
Tendré mis manos sin cansancio,
tu historia entre mis labios y fuerza en la oración.

Y así en marcha iré cantando, por calles predicando lo bello que es tu amor.
Señor, tengo alma misionera condúceme a la tierra que tenga sed de Dios.