Jornadas mundiales de Oración por las Vocaciones-Vigilias


VOCACIONES, TESTIMONIO DE LA VERDAD

Monición de entrada

Bienvenidos a esta vigilia de oración en el marco de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.  En esta noche queremos responder al deseo de Jesús de orar por las vocaciones. En la diversidad de vocaciones, signo de riqueza y complementariedad dentro de la Iglesia, todos los creyentes somos llamados a vivir siendo testigos del amor de Dios al mundo.  Nuestro mundo necesita testimonios de la verdad.  “Dispongamos nuestro corazón a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros”.

Canto de entrada

Cristo ha resucitado

Cristo ha resucitado ¡Cristo ha resucitado!

Resucitemos con Él, ¡Cristo nuestra vida!

¡Aleluya, aleluya! ¡Cristo ha resucitado!

¡Aleluya!

 

Muerte y vida lucharon ¡Cristo ha resucitado!

Y la muerte fue vencida ¡Cristo nuestra vida!

¡Aleluya, aleluya! ¡Cristo ha resucitado!

¡Aleluya!

Es el grano que muere, ¡Cristo ha resucitado!

Para el triunfo de la espiga, ¡Cristo nuestra vida!

¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!

¡Aleluya!

 Procesión del cirio pascual 
Cristo Jesús, oh fuego que abrasa, que las tinieblas en mí no tengan voz.
Cristo Jesús, disipa mis sombras y que en mí sólo hable tu amor.

Oración

Tú, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual, continúa favoreciendo con dones celestes a tu pueblo, para que alcance la libertad verdadera y pueda gozar de la alegría del cielo, que ya ha comenzado a gustar en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.

        1ª Parte                                           “Como ovejas que no tienen pastor”.

Mirada compasiva del mundo.

La gente de hoy tiene necesidad ciertamente de palabras, pero sobre todo tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la consolación de Dios!». El Papa Francisco nos confía a nosotros consagrados y consagradas esta misión: encontrar al Señor, que nos consuela como una madre, y consolar al pueblo de Dios. De la alegría del encuentro con el Señor y de su llamada brota el servicio en la Iglesia, la misión: llevar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo la consolación de Dios, testimoniar su misericordia.

En la visión de Jesús la consolación es don del Espíritu, el Paráclito, el Consolador que nos consuela en las pruebas y enciende una esperanza que no decepciona. La consolación cristiana se convierte así en consuelo, aliento, esperanza: es presencia operante del Espíritu (cf. Jn 14, 16-17), fruto del Espíritu y el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (Ga 5, 22).

En un mundo de desconfianza, desaliento, depresión, en una cultura en donde hombres y mujeres se dejan llevar por la fragilidad y la debilidad, el individualismo y los intereses personales, se nos pide introducir la confianza en la posibilidad de una felicidad verdadera, de una esperanza posible, que no se apoye únicamente en los talentos, en las cualidades, en el saber, sino en Dios. A todos se nos da la posibilidad de encontrarlo, basta buscarle con corazón sincero. Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo esperan una palabra de consolación, de cercanía, de perdón y de alegría verdadera. Somos llamados a llevar a todos el abrazo de Dios, que se inclina con ternura de madre hacia nosotros: consagrados, signo de humanidad plena, facilitadores y no controladores de la gracia, bajo el signo de la consolación. (Papa Francisco)

Canto- Ubi caritas.

Ubi cáritas et amor,

ubi cáritas,

Déus ibi 

Entronización de la Palabra Aleluya

Proclamación del Evangelio

Lectura del Santo evangelio según San Mateo:

En aquel tiempo Jesús recorría todas las ciudades y aldeas… Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y  “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (Mt 9,35-38).


Homilía del Sr. Obispo

Silencio meditativo

Canto:   Yo quiero ser tu servidor

Con lo que soy, vengo ante ti,
mi vida está en tus manos: tómala.
Tú sabes bien, Señor que soy

obstáculo en tu obra
sin méritos ni fuerzas
pero Tú me has querido asociar
por amor a tu labor,
y tenerme siempre junto a ti,
siempre juntos Tú y yo, Señor.

Yo quiero ser tu servidor.
Yo quiero ser tu servidor,
esclavo que no sabe lo que hacer sin su Señor.
Yo quiero ser tu servidor,
vivir tan sólo de tu amor,
sentir la sed de almas que me infunde tu calor.

Quieres contar con mi labor
pudiéndolo Tú todo y nada yo.
Mira, Señor, mi corazón
y enciende en él el fuego
que nace en tu presencia.
Pero Tú me has querido asociar
por amor a tu labor,
y tenerme siempre junto a ti,
siempre juntos Tú y yo, Señor.

Yo quiero ser tu servidor...

               2ª Parte                               “Éxodo, camino de adoración al Señor”

Toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas» (Discurso a la Unión internacional de superioras generales, 8 de mayo de 2013) Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón (cf. 1 P 3,15)

mientras cantamos: Majestad

Majestad!

Adora a Su Majestad.

A Jesús

Sea gloria, honra y poder.

¡Majestad!

Reino y autoridad

Fluyen del trono

Hacia su pueblo, a El cantad.

Exaltad y proclamad

El nombre de Cristo

Magnificad, glorificad a

Cristo, el Rey.

Adoración del Santísimo

Canto-  Que la lengua humana

 

Que la lengua humana cante este misterio;

la preciosa sangre y el precioso cuerpo.

Quien nació de Virgen, Rey del Universo,

por salvar al mundo dio su sangre en precio.

Se entrego a nosotros, se nos dio naciendo

de una casta Virgen; y acabado el tiempo,

tras haber sembrado la Palabra al pueblo,

coronó su obra con prodigio excelso,

coronó su  obra con prodigio excelso.

 

Adorad postrados este Sacramento,

cesa el viejo rito, se establece el nuevo;

dudan los sentidos y el entendimiento;

que la fe lo supla con asentimiento.

Himnos de alabanza, bendición y obsequio;

por igual la gloria y el poder y el reino

el eterno Padre con el Hijo eterno,

y el divino Espíritu que procede de ellos,

y el divino Espíritu que procede de ellos.  

 

Silencio prolongado.

Cantos de adoración-.

El alma que anda en amor

ni cansa ni se cansa.

 

Nada te turbe,
nada te espante;
quien a Dios tiene,

nada le falta.

 

Nada te turbe,
nada te espante;

sólo Dios basta.

       3ª Parte                               “Pedagogía de la santidad”

Lectura de texto del Papa

No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.

También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Jn 6,63). María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Os hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en vosotros y en torno a vosotros las mejores energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,35)?

Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria» (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (cf. Mt 13,19-22). Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes. Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013).

A vosotros obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas os pido que orientéis la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31).

Peticiones

Oremos por los pastores de la Iglesia. Por el papa Francisco, los obispos, sacerdotes y diáconos. Para que se transformen interiormente a través de la escucha de Jesús y del servicio a la humanidad. Roguemos al Señor.

Laudate Dominum, Laudate Dominum, omnes gentes, ¡Aleluia! (bis)

Oremos, agradecidos, por aquellos hombres y mujeres que han respondido en fidelidad a la llamada de Cristo a seguirle más de cerca, en la vida consagrada, en el sacerdocio o como fieles laicos. Que sus vidas entregadas sean signo del amor de Dios por todas las criaturas. Roguemos al Señor.

Laudate Dominum, Laudate Dominum, omnes gentes, ¡Aleluia! (bis)

Oremos por todos los hombres y mujeres que en nuestro mundo sufren por cualquier causa. Por aquellos que son víctimas de la crisis; por quienes abandonan sus países en busca de un futuro mejor; por los enfermos y los que están solos; por los jóvenes que buscan sentido a susvidas. Que todos ellos encuentren fuerza y consuelo en Cristo, el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Roguemos al Señor.

Laudate Dominum, Laudate Dominum, omnes gentes, ¡Aleluia! (bis)

Oremos para que todos los cristianos vivamos y anunciemos la alegría del Evangelio. Que sepamos transmitir el gozo de una vida con sentido apoyada en Dios. Que propongamos sin miedo el seguimiento de Cristo a quienes nos rodean y acompañemos con entusiasmo a quienes se ponen a la escucha de la voluntad de Dios. Roguemos al Señor.

Laudate Dominum, Laudate Dominum, omnes gentes, ¡Aleluia! (bis)

Oremos para que el Señor, Dueño de la mies, suscite vocaciones dispuestas a salir a darlo todo, y que pongan en juego su vida, en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, y respondan con generosidad y sin miedo. Roguemos al Señor.

Laudate Dominum, Laudate Dominum, omnes gentes, ¡Aleluia! (bis)

Todos juntos

Señor, hoy, como en todo tiempo,

Tú no cesas de decirnos:

“salid, sin miedo, para servir”

 

Los bautizados, respondiendo a su vocación,

manifiestan la iniciativa de Dios.

Aquellos que dan un paso

en respuesta a este Amor primero

descubren que Tú les esperas con los brazos abiertos. 

 

Señor, acompaña y anima la vida fraterna y litúrgica

de las comunidades cristianas.

Que ella encienda en cada uno,

especialmente en los más jóvenes,

el deseo de discernir  su modalidad de vocación

para ponerse plenamente

al servicio de Dios y de la evangelización.

 

Señor, da luz y fortifica a aquellos que Tú llamas

a consagrarse plenamente su vida

en el camino del matrimonio,

del ministerio sacerdotal y de la vida consagrada.

Amén

Canto final (mientras se retira el Obispo):
Seréis mis testigos

SERÉIS MIS TESTIGOS, TESTIGOS DEL AMOR.
SERÉIS MIS TESTIGOS, TESTIGOS DE MI AMOR.
SERÉIS MIS TESTIGOS, TESTIGOS DE LA PAZ.
SERÉIS MIS TESTIGOS, TESTIGOS DE MI PAZ.

Testigos de confianza, testigos del perdón,
testigos de esperanza, cada cual desde su don,
testigos de alegría, la alegría del Señor.
ESTRIBILLO.

Testigos de la Pascua, testigos de la Cruz.
Testigos de la Gracia, y testigos de la luz.
Testigos de alegría, la alegría de Jesús.
ESTRIBILLO.

Testigos de María, de su maternidad.
Testigos de María: "Hágase tu voluntad".
Testigos de alegría, de alegría y humildad.
ESTRIBILLO.

Testigos de obediencia, de entrega en libertad.
Testigos de paciencia, de escucha y de bondad.
Testigos de alegría, de alegría y de verdad.
ESTRIBILLO.