Jornadas mundiales de Oración por las Vocaciones

Al Venerable Hermano Nuestro, Señor Cardenal José Pizzardo, Prefecto de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades de Estudios, y a nuestro Querido Hijo el señor Cardenal Hildebrando Antoniutti Prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos

   El feliz éxito conseguido el año pasado por la "Jornada mundial de oraciones por las vocaciones", por Nos establecida en la segunda dominica después de Pascua -llamada en la liturgia romana "del Buen Pastor", por su Evangelio- y celebrada bajo los auspicios y el apoyo de esas sagradas congregaciones, ha proporcionado a nuestro corazón satisfacción y consuelo, y mantiene cada vez más viva nuestra atención en ella y enciende la esperanza de que se obtenga un pleno éxito en la de este año.

   Al escribirles, venerados señores cardenales, que por su alto cargo vigilan con amante cuidado las vicisitudes de la jornada, queremos también señalar que una bien ordenada colaboración en este principal sector del apostolado resulta de esencial importancia, y, por tanto, se ha de acrecentar en extensión y vigor con solicitud y esfuerzo.

   La noble causa de las vocaciones sacerdotales y religiosas, causa esencial para la vida de la Iglesia !I sumamente beneficiosa para todo el mundo, reclama un estudio profundo de sus múltiples aspectos; merece ser promovida, más que ninguna, con un constante empeño; requiere la ayuda de las oraciones, estar colmada de auspicios, servida con celo, y socorrida por la caridad universal.

     No hay duda de que a nuestro ministerio apostólico, a las diligentes fatigas de nuestros venerables hermanos en el episcopado, se une el deber de todos los enaltecidos por el sacerdocio de todas las almas consagradas a Dios, de todos los seglares que colaboran  en el apostolado de la sagrada jerarquía, también de todos los fieles, para preparar y promover mediante la oración y la penitencia, con el sacrificio y la colaboración, un nuevo esplendoroso florecimiento de vocaciones sagradas. .

     La Iglesia, en las formidables dimensiones, de su misión de evangelización, sufre hoy todavía la condición que hizo exclamar a Cristo su delicado y profundo lamento: "La mies es mucha, pero los operarios son pocos" (Mt 9, 37). Nuestra exhorta quiere ser eco vibrante de la invitación del Redentor divino: "Orad, pues, al Señor de la mies, para que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 38).

     Alimentamos una viva confianza en que de las escuadras generosas de los católicos de todo el mundo,  pensando con Nos en este deber tan grave y responsable, unidos a Nos en este deseo, se elevará acordes y fervorosas súplicas, especialmente en la mencionada jornada, para implorar a Cristo, divino y fundador  de la Iglesia y Buen Pastor de las almas, el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, y también para pedir la gracia y asistencia celestial para los privilegiados, a los que Dios ha hecho escuchar, su llamada, para que dóciles y perseverantes respondan a este don inefable y sublime.

   Confiamos estos votos y esperanzas a la Santísima Virgen, para que los avale con su maternal y poderosa intercesión, al paso que de corazón impartimos la bendición apostólica. ("L'Osservatore" 1-V-65)