AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

En 1887 una mujer llamada Doña Valentina García Suelto, natural de Noblejas, Toledo, tiene la feliz idea de fundar un colegio en la villa de Ocaña, en la misma casa donde ella residía. Busca la ayuda de los dominicos de la Provincia del Rosario del convento Santo Domingo de dicha villa. Cuatro dominicas de la Enseñanza, de Pamplona, con trece novicias que los padres Dominicos habían reunido para dicha fundación, forman la primera comunidad en Ocaña, con el nombre de Terciarias Dominicas

La vida en Ocaña es muy dura, extremadamente difícil, porque la buena señora, influenciada por sus sobrinos, fue perdiendo el interés inicial por el colegio y por la vida de las Hermanas. En tres años mueren tres Hermanas jóvenes, tienen pocas alumnas y no surge ninguna vocación en aquel pueblo. Aunque tuvieron una segunda oportunidad ofrecida por otra señora Valentina (Aguilera) y las condiciones mejoraron, la fundación de Ocaña no prosperó. Este fracaso inicial propició la acogida de los Padres de la Provincia de Nuestra Señora Rosario quienes las incorporaron a la citada Provincia en 1891.

La incorporación lleva consigo que desde aquel momento su carisma será como el de los Padres de la Provincia: Misioneras para el Oriente; este compromiso lo reafirman en su profesión perpetua haciendo el cuarto voto de “ir a misiones de Oriente”. Las Hermanas se trasladan a Madrid, donde tienen su formación antes de salir para Oriente. La Provincia del Santo Rosario se hace cargo de esta fundación como cosa propia y se obliga a cuidar de las religiosas, tanto en lo espiritual como en lo temporal.

El trabajo de las Hermanas en la misión estaba centrado en las Santas Infancias en China, en la educación de las niñas en los colegios y residencias, así como en los centros de sanidad y otros apostolados de acuerdo con el carisma. Después de casi 50 años, “llegadas a la mayoría de edad” con deseos y número suficiente,  y siguiendo las directrices del nuevo Derecho canónico, en 1933 las hermanas se independizan de la Provincia. Convocan capítulo, eligen priora general (una de las primeras novicias de Ocaña) adoptan el nombre del Instituto: Congregación de Religiosas Misioneras de Santo Domingo, y redactan las constituciones en las que se mantiene el carisma específicamente misionero.

Ser Religiosa Misionera de Santo Domingo es: Optar por la proclamación de la Buena Noticia del Reino  en cualquier rincón del mundo. ¡Ser luz en la oscuridad!

Religiosas misioneras de santo domingoDanos entusiasmo para vivir con un corazón abierto; nacidas de la luz y para la luz queremos formar una vidriera multicolor que deje pasar esa LUZ a través de nosotras de tal manera que se perciban:

-Los mil colores de las personas con las que cada día contactamos: los huérfanos, los ancianos, los niños de la calle, los refugiados, los inmigrantes, los parados, los sin techo, los voluntarios, los no cristianos; también niños y jóvenes de la sociedad del bienestar…, de nuestros apostolados en España, Portugal, Italia, Filipinas, Japón, Taiwán, Islas Marianas, China, Corea del Sur, Tailandia, Camboya, Myanmar, Vietnam, EEUU, Chile.

-Los mil colores de la riqueza que suponen la variedad de culturas, la diversidad de lenguas, los distintos estilos de vida que confluyen haciendo unidad en la diversidad.

-Los mil colores de una Congregación universal que trabaja sin límites geográficos allí donde la Iglesia la necesite.

Danos más luz para ver con claridad lo que conviene hacer, sin olvidar que nuestros proyectos tienen el deber de abrir caminos para que puedan enfrentarse los retos señalados.

 

TESTIMONIO

Soy Marta; desde hace 8 años pertenezco al Instituto ‘Misioneras de Santo Domingo’. El 8 de Septiembre de 2014 hice mi profesión perpetua junto a otras hermanas. Actualmente vivo en Vietnam; hace dos años que fui enviada aquí, y doy gracias a Dios cada día por cuanto ha permitido y permite en mi vida.

El día de mi profesión perpetua le decía -y me decía-: “Jesús, me pase lo que me pase que sea contigo y en tu casa”. Aunque, hasta llegar a decir esto, he pasado por toda una historia llena de sus aventuras, las aventuras del Señor.

Conocí a las hermanas en la Parroquia de Dominicos a la que pertenecía. Por aquel entonces, yo era una joven como tantas, estudiaba, salía con mis amigos, hacía planes de futuro, entre los que no se encontraba la posibilidad de entrar en la vida religiosa. Pero Dios sabe cómo salirnos al encuentro. Colaboraba en la catequesis, en el coro y en otras actividades a las que me invitaban; me sentía feliz en el ambiente de la parroquia y con las hermanas. Poco a poco las iba conociendo y me atraía su alegría y unidad, algo que no había encontrado en otros lugares. Además, me fui acercando a la figura de Santo Domingo, de forma que todo iba creando el ambiente propicio. La pregunta apareció entonces con claridad: ¿será esto para mí? ¿me estás llamando, Señor? La respuesta era clara: sí; yo no quería aceptarlo, dejarlo todo y partir; además, misionera… era demasiado. Paso a paso, Él fue abriéndose camino, los miedos iban desvaneciéndose y convirtiéndose en una impetuosa necesidad de seguirlo hasta los confines del mundo.

El tiempo de formación lo recuerdo con gran gratitud. Mi grupo de compañeras fue variado en edades y nacionalidades, un abanico de colores que me dio la posibilidad de que mi corazón se ensanchara y se preparara para la misión. Hice grandes amistades en distintos ambientes (estudios, internoviciado…), y recibí todo el cariño de una Comunidad que permitió que mi vocación creciera y se afianzara.

A día de hoy, Él me sigue llamando a cada momento, en esta realidad nueva y sorprendente para mí, en medio de las dificultades de esta misión, en la cual he de hacerle presente por el amor a los hermanos. Sé que Él es mi compañero, con Él hice alianza para siempre y, fiada en su misericordia, camino tras sus pasos.

 

CARISMA

Más que "dar vueltas a cómo vivir el Carisma" se trata de encontrar lo que le dio origen: una experiencia de Dios y una llamada a la misión.

Estamos aquí porque alguien tuvo sueños de misión y algunos misioneros murieron en el barco sin llegar a pisar tierra de misión. Necesitamos el mismo temple y tesón de los orígenes para enfrentar los desafíos de HOY. Conscientes de nuestra debilidad y pobreza, pero llenas de entusiasmo y esperanza hemos de atrevernos a ser aquello para lo que hemos sido llamadas: ¡testigos y profetas!

La fidelidad y la continuidad reclaman responder con cierta inventiva y de manera abierta a las nuevas exigencias y a las nuevas llamadas. Fidelidad que requiere mantener viva la mirada inicial de fe, la modalidad de acercamiento a lo real, la creatividad de la respuesta. No se trata de trabajos, servicios, obras, tareas. Si hablamos de misión, hablamos de obediencia a la llamada. Una llamada, en nuestro caso, a hacer especialmente “misión ad gentes”. Estamos ampliando campos de misión en Oriente. Los últimos lugares son Tailandia, Camboya, Myanmar y Vietnam.

La itinerancia, la convivencia en internacionalidad e interculturalidad son características nuestras. Para fomentarlas, tenemos establecido un Juniorado Internacional en España. También en España se realiza cada verano un encuentro de hermanas a nivel internacional. Aunque no resulta fácil debido a la complejidad de lenguas, hay jóvenes voluntarios que desde España van temporalmente hasta allá para colaborar en la misión. En este momento, aun siendo menos y mayores, el Señor quiere seguir contando con nosotras, mujeres llenas de su amor y su evangelio, para ser sus testigos. La escasez y envejecimiento no nos impide hacer lo que podamos y donde podamos, pero desde Dios y con el convencimiento de que contamos con Él.

 

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Residencia Universitaria Ntra. Sra. del Rosario.

C/ Don Ramón de la Cruz, 4. 28001, Madrid.

Tel. 91 4 35 60 13.

Web Provincia: http://misionerasdesantodomingo.dominicos.org/

Web Casa: http://www.residenciauniversitariarosario.com/

Coordinadora Provincial de PJV: Julia Guzmán: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.