AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

San Eugenio de Mazenod (1782-1861) nació en Aix-en-Provence, Francia, hijo de una familia de la nobleza de ese país. A causa de la Revolución francesa, la familia De Mazenod tiene que abandonar la Provenza y refugiarse en Italia, donde el pequeño Carlos José Eugenio pasa su infancia y juventud. Estudia en el colegio de nobles de Turín, y más tarde, en Venecia, toma cátedras particulares con el padre Bartolo Zinelli, con quien empieza a entrever su vocación hacia el sacerdocio. A los 20 años regresa a vivir a Aix-en-Provence, pero la vida de las clases altas le resulta superficial y aburrida. A los pocos años, en 1808, decide entonces ingresar al seminario de San Sulpicio, en París, donde se ordena sacerdote en 1811.

Por su posición social le son ofrecidos altos cargos en la administración de la Iglesia, pero él los declina, prefiriendo regresar a la provincia en la que nació y predicar en el dialecto del sitio, el provenzal, para contrarrestar la influencia de la ideología revolucionaria. Junto con algunos sacerdotes jóvenes que lo seguían, San Eugenio de Mazenod establece en 1816 la Sociedad de Misioneros de la Provenza, que más tarde habría de convertirse en la Congregación de Oblatos de María Inmaculada. Gracias a su intercesión, la orden pudo extenderse por el continente americano, y llegar hasta Sudáfrica y la isla de Sri Lanka.

En 1821, San Eugenio de Mazenod fue responsable de la restauración de la diócesis de Marsella, donde recibió el nombramiento de Vicario General, y en 1837 el de Obispo de esa ciudad. Durante su periodo mandó construir numerosas iglesias, entre ellas la catedral de Marsella y el sagrario de Notre-Dame de la Garde, y estableció también diversas instituciones de caridad. Su principal lucha, sin embargo, fue que se permitiera el derecho de impartir y recibir educación religiosa, lo cual había quedado prohibido tras la Revolución. San Eugenio de Mazenod fue canonizado en 1995 por el papa Juan Pablo II.

Me ha enviado a evangelizar a los pobres, los pobres son evangelizados. Son las palabras que encontramos escritas en el escudo oblato. San Eugenio de Mazenod, tras haber experimentado el Amor de Cristo Salvador en la Cruz, se sintió llamado a una vocación singular y así lo transmitió a sus primeros compañeros, llamados a ser los cooperadores de Cristo Salvador. En tan pocas palabras se encuentra recogido lo central del carisma.

Congregacion de oblatos maria inmaculada2

Habrá durante este santo tiempo numerosas instrucciones para los ricos, para quienes han recibido una educación, etc. ¿No las habrá para los pobres y los ignorantes?

Hay que llevarles a admitir que no entienden gran cosa de los discursos estudiados, sobre todo si se les habla en francés.

Sin embargo, se tiene que enseñar el Evangelio a todos los hombres, y se les debe enseñar de manera que se comprenda.

Los pobres, porción preciosa de la familia cristiana, no pueden quedar abandonados en su ignorancia.

Nuestro divino Salvador les daba tanta importancia que se encargaba personalmente de instruirlos y dio como prueba de la divinidad de su misión el hecho de que los pobres eran evangelizados, pauperes evangelizantur.

Eugenio de Mazenod denunciaba ya en su tiempo que muy pocos se acordaban de los más pobres y necesitados ¿Es así también hoy? ¿En la Iglesia siempre hay esta atención hacía los olvidados de la sociedad?

Hablar el idioma que habla la gente, era una premisa fundamental para Eugenio de Mazenod y para los que le siguieron después ¿Es fácil para los cristianos hablar en un lenguaje que entiendan los no creyentes?

El deseo de evangelizar a todos, y especialmente a los pobres, era el motor de Eugenio de Mazenod ¿Está suficientemente presente en nuestra vida este deseo?

El deseo de evangelizar a todos, y especialmente a los pobres, era el motor de Eugenio de Mazenod ¿Está suficientemente presente en nuestra vida este deseo?

MI TESTIMONIO

En enero del año que viene se cumplirán 200 años de la fundación de nuestra Congregación, los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Una Iglesia devastada por la Revolución francesa, con graves dificultades para poder enseñar y celebrar los misterios de Cristo en las zonas rurales, junto con la situación de la juventud del momento, educada en contravalores evangélicos, fueron los detonantes que movieron a san Eugenio de Mazenod, mediante el cual el Espíritu Santo quiso adornar al Pueblo de Dios con un nuevo carisma misionero. Siento algo dentro de mí que me impulsa, escribía a su amigo Forbin Janson, apostillándole: si me vieras, no podrías volver a llamarme culo de plomo.

Muchos años han pasado ya desde entonces y muchas cosas han cambiado, por lo que los religiosos fuimos invitados por san Juan Pablo II a vivir nuestra llamada carismática con una fidelidad creativa (VC 37). Para ello es necesario sintetizar la experiencia fundacional, haciéndola viva y actual. Tres notas podrían definir la respuesta de san Eugenio y, por ende, la de sus hijos, los oblatos: ser sacerdotes, religiosos y misioneros. Todo ello con una devoción y confianza especial en María Inmaculada.  

Haciendo memoria agradecida de estos orígenes, puedo describir mi modo de responder a la vocación recibida. Como sacerdote, ordenado hace ocho años, colaboro como vicario parroquial en las dos parroquias confiadas a nuestra Congregación en la Diócesis de Málaga: Nuestra Señora de la Esperanza y Nuestra Señora de Flores, sitas ambas en dos barrios populares de la ciudad. Aquí atendemos a las necesidades espirituales de quienes nos han sido confiados, preparando y celebrando los sacramentos donde se hace presente el amor misericordioso de Dios Padre.

Como religioso, desempeño el encargo de ser superior de una comunidad formada por cinco miembros, donde nos animamos a vivir entregados al seguimiento de Cristo intentando ser un testimonio real de comunión y de oración abierto a los que deseen acercarse. Como misionero, en un ambiente secularizado, que afecta de un modo especial a la juventud, desconocedora en nuestro barrio de la fe cristiana, intentamos ir a su encuentro tanto en las escuelas llevadas por religiosos como en los institutos públicos de la zona.

Quizá sea éste el aspecto más destacable de continuidad con la experiencia de nuestro Fundador y de nuestro carisma: atraer a los jóvenes a la experiencia de amor misericordioso de Dios experimentado en nuestras vidas.

CARISMA Y ESPIRITUALIDAD

Somos misioneros. Nacimos hace 199 años, un 25 de enero de 1816, cuando el P. de Mazenod y 4 compañeros suyos se reunieron para predicar misiones en provenzal, por los campos del sur de Francia. Y actualmente, ¿cuántos somos? ¿Dónde estamos? ¿Qué hacemos? ¡Somos 3.932 oblatos entre jóvenes, ancianos, oblatos en formación, sacerdotes, hermanos! De éstos, 580 están en formación, ya con un primer compromiso. Estamos en los cinco continentes: más de 700 oblatos en África, 1.450 en Europa, 630 en Asia, 360 en América latina, 750 en Canadá, 480 en Estados Unidos.

¿Y qué hace toda esta gente? De todo. No estamos especializados, salvo en las urgencias o necesidades... Bastaba que algunos obispos vinieran a ver a nuestro Fundador y le dijeran, "No tengo a nadie...", para que se pusiera en movimiento, viera su personal, y, apretujando aquí y allá, se desprendiese de 2 ó 3 de sus hombres para las nuevas necesidades. Y lo mismo pasa hoy. ¿Entendido? Es cosa de pasión, de impaciencia misionera...

¿Las últimas fundaciones? La última es Guinea Bissau, cerca de una de nuestras misiones en Senegal. Pero están también los barrios populares de Marsella, de Estrasburgo o de Cádiz; está también Cuba, Turkmenistán, Bielorrusia y Ucrania... Además, las misiones de antes crecieron y misionan a su vez: Haití ha ido a Colombia, entre los afro-amerindios, Sri Lanka ha enjambrado hace años en India, en Bangladesh y en Paquistán...

"Siempre cerca de la gente con la que trabajan, los oblatos prestarán constantemente atención a las aspiraciones de la misma y a los valores que posee..." (Const. 8).

Cercanos, es la palabra que la gente emplea a menudo cuando habla de nosotros. No somos complicados. Se ve en nuestra forma de recibir a nuestros huéspedes. El P. de Mazenod tenía un corazón grande, gran capacidad de afecto; algo nos ha quedado probablemente. ¡No estamos hechos para la pastoral ordinaria! Es cierto que en el curso de la historia nos hicimos cargo de parroquias -nos gustaría que fueran misioneras-, pero el proyecto original es "... llevar la Buena Noticia a los pueblos que todavía no la han recibido... y, donde la Iglesia está ya implantada, consagrarse a los grupos más alejados de ella..." (Const. 5).

La Iglesia necesita siempre renovación, reactivación, ir al fondo. Gracias a Dios, la Congregación aun cuando disminuye en el hemisferio norte, crece en el hemisferio sur. Hay que pasar el testigo, aceptar los cambios, adaptar las estructuras y acoger las culturas.

Congregacion de oblatos maria inmaculada

CENTRO DE PASTORAL JUVENIL Y VOCACIONAL OBLATO    

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