AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA


Santa Juana Jugan nace en Cancale (Francia) durante la Revolución Francesa. La pobreza de su familia aumenta con la muerte de su padre. A los 24 años siente la llamada del Señor y dice a su madre: «Dios me quiere para él. Me guarda para una obra que no es conocida, para una obra que aún no está fundada». Deja su casa y se entrega como laica consagrada con una vida de oración intensa y servicio a los pobres; hasta que un día acoge en su apartamento a una anciana ciega y abandonada, cediéndola su propia cama. También es pobre y pronto recurre a mendigar para cuidar a sus protegidos.

Es elegida superiora por sus compañeras, toma el nombre Sor María de la Cruz pero pronto alguien se erige como fundador, relegándola al último lugar. Ella nunca se atribuirá el protagonismo de la obra, entregándose con humildad. Pasa sus últimos 27 años en la Casa Madre, en un arrinconamiento total, vive entre las novicias sin que ellas sepan que es la fundadora. Muere el 29 de agosto de 1879. Fue beatificada por el Papa San Juan Pablo II en 1983 y es canonizada por el Papa Benedicto XVI en 2009. Su fiesta litúrgica es el 30 de agosto.

CARISMA Y ESPIRITUALIDAD

Hermanitas de los pobres3 

 Santa Juana Jugan no tiene escritos, pero tenemos los testimonios de las hermanitas que  estuvieron con ella durante  su noviciado y son una verdadera expresión de su espiritualidad.

 La Humildad y Pobreza Espiritual

Saber desaparecer por la humildad

en todo lo que el buen Dios quiere de nosotras.

Solo tengo a Ti, Jesús.

 La humildad como medio para llegar a la intimidad con Dios, y asimilarse a los pobres  como hizo Jesús en la  Encarnación.

 La Hospitalidad

No olviden nunca que el pobre es Nuestro Señor

 Además de Castidad, Pobreza y Obediencia, hace el voto de Hospitalidad, consagrándose  al humilde servicio que une  en una misma familia a los Ancianos pobres y a las  Hermanitas. Es fruto de la caridad y testimonio de la misericordia  de Dios.

 La Confianza en la Divina Providencia

Es tan hermoso ser pobre, no tener nada,

esperarlo todo del buen Dios

No somos sino los instrumentos de su obra

 Dependencia total en Dios. Funda la congregación sin medios, mendigando el pan y las  almas, pues la colecta es medio de evangelización.

 

MI TESTIMONIO

 Mi nombre es Sor Peter Marie y soy Hermanita de los Pobres. Nací en New Jersey, EE.UU.; llevo destinada en España 18 años, de los cuales más que 15 en Madrid.

De pequeña muchas veces pensaba en los cristianos, y cómo algunos tenían incluso que morir por amor a Jesús. Me preguntaba cómo se podría vivir la fe católica con tanta fortaleza y deseaba tener esta fe y poder practicarla libremente. Antes de sentir la vocación a una consagración especial, fui consciente de mi vocación bautismal de amar a Jesucristo sobre todas las cosas.

Mi hermana sí que se planteaba una vocación religiosa, pero yo no. A los 19 años fui a una convivencia vocacional solamente para acompañar a unas amigas. Ellas, como mi hermana, han seguido la llamada al matrimonio cristiano, y yo, que iba solamente por pura curiosidad, percibí entonces que el Señor me llamaba, aunque lo negaba.

Conocí a las hermanitas en la facultad durante mis estudios de enfermera, Tuve que hacer prácticas y fue en la casa de las Hermanitas, todas nuestras casas son residencias para ancianos pobres. Allí descubrí una vida de oración personal y comunitaria muy fuerte y dinámica. No era una residencia, ¡era una familia!

Me sentía incapaz de dedicar toda mi vida al Señor… Antes de decir “Sí” pasé 5 años luchando conmigo misma. Sin embargo, desde que sentí que el Señor me quería para Él, ya nada me llenaba. Experimentaba que cuando Lo seguía tenía mucha paz; pero cuando me alejaba, malestar. En el fondo no somos capaces, pero el Señor nos llama y después nos capacita.

Profundicé mi vida de oración, terminé los estudios, y fui al Noviciado, en New York. Llevo desde mis votos perpetuos en España.

Soy feliz compartiendo la vida con los ancianos pobres. Es vivir el día a día en una familia, ritmada por la oración y la vida de comunidad. Me han confiado una misión muy especial: «la colecta».

Es un apostolado que lleva a Jesús donde no siempre llega. Al mismo tiempo de pedir una ayuda, estamos buscando una oportunidad para hablar de Dios y esto me encanta.

Muchas personas no pueden dar nada, pero todas tienen hambre de Dios, aunque lo niegan. Rezamos mucho, también con la personas que encontramos, y esta dimensión contemplativa – evangelizadora alimenta muchísimo mi intimidad con el Señor.

Sor Peter Marie

Hermanitas de los pobres2

«El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada». (Jn 15,5)

Aspirando a una unión íntima y personal con Cristo, le buscamos sencillamente en la fe, la esperanza y la caridad y le descubrimos en la oración. Nuestra vida de oración, personal o comunitaria, expresa y refuerza nuestra relación de amor filial con Dios, estableciendo la unidad profunda en nuestra vida, porque nos hace a la vez presentes a Dios y a los hombres. El Pobre define nuestra vocación, Cristo nos espera en cada uno de los ancianos, y al mismo tiempo nosotras Lo encontramos y reconocemos en El Pobre, a quien servimos.

Como cristianas y consagradas, las hermanitas de los pobres no perdemos de vista el mandato de Jesús «id por todo el mundo y anunciad el Evangelio». Fieles a la inspiración carismática de nuestra fundadora, orientamos este anuncio hacia las personas mayores más pobres. En nuestras casas la vida es sencilla, como la de una gran familia. A ellas tienen acceso los ancianos pobres de cualquier raza, cultura o religión. Un gran reto hoy día es dar testimonio del respeto por la vida de la que Dios sólo es el dueño. Para atender a sus pobres Juana no dudó en mendigar, cimentando así el porvenir de su obra sobre este desafío evangélico: vivir al día, abandonándose confiadamente en Dios Padre, que cuida de sus pobres. Las Hermanitas hacemos «la colecta», esto quiere decir que todos los días dos hermanitas de cada casa salen a pedir y tender la mano para la subsistencia de la obra. Este hecho manifiesta nuestra confianza en la Providencia de Dios al mismo tiempo que nos da la oportunidad diariamente de hacer presente la Iglesia allí donde pedimos. Depositarias de un carisma, estamos llamadas a transmitir el amor de Dios por los pobres y hacer descubrir a los ancianos, a través de su pobreza y de las limitaciones de la vejez, la belleza y el valor de la vida. Las Hermanitas de los Pobres estamos presentes en 31 países de los cinco continentes.

Nos podrás encontrar:

HERMANITAS DE LOS POBRES

Zurbarán, 4  28010 Madrid

Tel. 91 319 20 96

Dr Esquerdo, 49 28028 Madrid

Tel. 91 574 29 88

Ctra. Virgen del Espino, 1 28460 Los Molinos (Madrid)

Tel. 91 855 16 80

www.hermanitasdelospobres.es

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