JUEVES SACERDOTAL

 

María Santísima se presenta como ejemplo perfecto de amor, tanto a Dios como al prójimo.  El Padre ha elegido a María para una misión única: ser Madre del mismo Salvador. La Virgen respondió a la llamada con una disponibilidad plena: "He aquí la esclava del Señor".  Su maternidad se siente como afectuosa e insistente invitación a todos los hijos Dios para que vuelvan a Él escuchando su voz materna: "Haced lo que Jesús os diga"


CANTO Llena de Gracia (CLN 335) o Morada de la luz (CLN 325)

SALUDO DEL PRESIDENTE

V/ En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

R/ Amén.

V/ El Señor esté con vosotros.

R/ Y con tu espíritu.

Nos hemos reunido para orar por las vocaciones.  La Iglesia necesita personas que manifiesten el amor de Dios y su cercanía a todos los hombres del mundo a través de una vida entregada en el sacerdocio, en el matrimonio o en la vida consagrada.

El Papa escribe: «"Haced lo que Él os diga".  Con estas palabras expresó María, sobre todo, el secreto profundo de su misma vida. Tras de estas palabras está toda ella».

LECTURA        Jn 2,1-12

«Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.  Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.  Y, como faltara vino, le dice a Jesús su madre: "No tienen vino".  Jesús le responde: "¿Qué tengo yo contigo, mujer?  Todavía no ha llegado mi hora".  Dice su madre a los sirvientes: "Haced lo que Él os diga".

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una.  Les dice  Jesús: "Llenad las tinajas hasta agua".  Y las llenaron hasta arriba.

"Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala".  Ellos lo llevaron.  Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: "Todo el mundo sirve primero el vino nuevo y, cuando ya están bebidos, el inferior.  Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora".

 Así, en Caná de Galilea, dio comienzo Jesús a sus señales.  Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.  Después bajó a Cafarnaúm con su madre y los hermanos, pero no se quedaron allí muchos días».


SUGERENCIAS PARA LA ORACIÓN  C. M. Martini, La alegría del Evangelio 

- No hay fiesta sin vino.  La alegría del vino es señal del entusiasmo y de la superación de los temores.  En la Biblia es símbolo de la vida que da Dios y que desborda al propio hombre.  Podemos imaginar qué significa que unos jóvenes se queden sin vino en sus bodas.  Así estamos los cristianos que nos conformamos con una existencia mezquina y triste, sin buscar el significado profundo de nuestra vida ni su pleno sentido en la bondad de Dios que quiere comunicarnos su propia vida y, guiando nuestra historia personal, hacernos felices.  Es la Virgen la que nos advierte: si no tenéis la alegría del Evangelio, moriréis en vuestra tristeza.

- El origen de la alegría del Evangelio es Dios mismo en cuanto que se comunica y se manifiesta como amor; es su gloria.  Gloria que Jesús manifiesta en Caná.  Por eso la fuente de nuestra alegría es el Espíritu Santo, que es la gloria de Dios irradiada sobre la humanidad ¿Cómo se nos comunica?  A través de la cruz; porque en la muerte de Jesús, la gloria de Dios se manifiesta y se nos comunica como don, como vida desbordante, lo mismo que la sangre y el agua que brotan de su costado abierto.

- Queremos el vino que nos falta, pedimos a Dios que esta gloria de la cruz actúe en nosotros, concretamente.  Pero a menudo podemos pensar que no escucha nuestra súplica, entonces nos sentimos rechazados.  Pues bien, María va a escuchar de su hijo:"¿qué tengo yo contigo, mujer?" No parece una recepción muy entusiasta y sin embargo no se siente despechada ni se disgusta, sino que persevera, se fía de su hijo e invita a que le obedezcan.  "Haced lo que Él os diga".

- Sus palabras traducen el «sí» primordial de la Anunciación. «Tras de estas palabras está toda ella.  Su vida fue realmente un gran "sí" al Señor, un "sí" lleno de alegría y de confianza.  Incluso en los momentos más difíciles no retira nunca su "sí"» (Juan Pablo II).  Aquí en Caná, el "sí" de María se traduce con la frase: Estad también vosotros dispuestos a hacer lo que Él os pida, cualquier cosa, todo lo que Él os diga, ya que el hombre encuentra su verdadero bien en hacer la voluntad de Dios.

Juan Pablo ti, PDV82

Y ahora dirijo mi mirada a la multitud de los que habéis escuchado la llamada al sacerdocio, seminaristas y sacerdotes... ) convencido de que el que ha comenzado en vosotros esta obra buena la llevará a cumplimiento hasta el día de Cristo Jesús; con todos y cada uno de vosotros me dirijo en oración a María, madre y educadora de nuestro sacerdocio.

Cada aspecto de la formación sacerdotal puede referirse a María como la persona humana que mejor que nadie ha correspondido a la vocación de Dios; que se ha hecho sierva y discípula de la Palabra hasta concebir en su corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para darlo a la humanidad; que ha sido llamada a la educación del único y eterno sacerdote, dócil y sumiso a su autoridad materna. Con su ejemplo y mediante su intercesión, la Virgen santísima sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones y de la vida sacerdotal en la Iglesia.


Proclama mi alma

la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu

en Dios mi salvador.

Porque ha mirado

la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán

todas las generaciones

porque el Poderoso

ha hecho obras grandes por mí,

su nombre es Santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su  brazo,

dispersa a los soberbios de corazón.

Derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes.

A los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo

acordándose de su misericordia,

como lo había prometido a nuestros padres,

a favor de Abraham

y su descendencia por siempre

PRECES     

                                               

Al elevar a Dios nuestra oración, pidamos hermanos, a María, que fue testigo de la prodigiosa transformación del agua en vino, que interceda también ahora por nosotros y ore con nosotros al Señor:

l.- Para que por la intercesión de María, Reina de los apóstoles, conceda a su Iglesia sacerdotes que sean valientes testigos de su reino, roguemos al Señor.

2.- Para que por la intercesión de María, Reina de los que se conservan castos, mande a su viña religiosos y religiosas que den testimonio de una vida nueva, roguemos al Señor.

3.- Para que por la intercesión de María, Reina de¡ Universo, envíe hasta los confines del mundo misioneros que muestren el rostro misericordioso de Dios Padre, roguemos al Señor.

4.- Para que por la intercesión de María, Reina de las familias, haga de los hogares cristianos verdaderas iglesias domésticas capaces de engendrar vida para la sociedad, roguemos al Señor.


PADRE NUESTRO

 

ORACIÓN FINAL

 

Oh María,

madre de Jesucristo y madre de los sacerdotes:

acepta este título con el que hoy te honramos

para exaltar tu maternidad y contemplar contigo

el sacerdocio de tu hijo unigénito y de tus hijos,

oh santa madre de Dios              

Madre de Cristo,

que al Mesías sacerdote diste un cuerpo de carne

por la unción del Espíritu Santo

para salvar a los pobres y contritos de corazón:

custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,

oh madre del salvador.

Madre de la fe,

que acompañaste al templo al Hijo del hombre,

en cumplimiento de las promesas hechas a nuestros padres:

presenta a Dios Padre, para su gloria,

a los sacerdotes de tu hijo,

oh arca de la alianza.

Madre de la Iglesia,

que con los discípulos en el cenáculo implorabas al Espíritu

para el nuevo pueblo y los pastores:

alcanza para el orden de los presbíteros la plenitud de los dones,

oh reina de los apóstoles.

Madre de Jesucristo,

que estuviste con él al comienzo de su vida y de su misión,

lo buscaste como maestro entre la muchedumbre,

lo acompañaste en la cruz, exhasuto por el sacrificio único y eterno,

y  tuviste a tu lado a Juan como hijo tuyo:

acoge desde el principio a los llamados al sacerdocio,

protégelos en su formación y acompaña a tus hijos

en su vida y en su ministerio,

oh madre de los sacerdotes. Amén

Juan Pablo II