JUEVES SACERDOTAL


[El Verbo se encarnó para manifestarnos el amor del padre; para hacernos «partícipes de la naturaleza divina» (2 P 1, 4). «Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre (... ) para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios» (S.  Ireneo). «El Hijo Unigénito de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres» (S.  Tomás de Aquino)]

CANTOS RECOMENDADOS: Donde hay caridad y amor (CLN 0 26); Que la lengua humana (CLN 0 33); Como el Padre me amó.

SALUDO INICIAL:

Queridos hermanos, nos hemos reunido para orar por las vocaciones.  En primer lugar por nuestra vocación de hijos llamados a la santidad. ¡Que el Señor nos dé su luz para que conozcamos la vocación a la que nos llama y conociéndola fuerza para serle fieles!

Pedimos también y muy especialmente, por las vocaciones de especial consagración a Dios, para que continúen haciendo visible el amor del Padre en medio del mundo como Cristo mismo.

LECTURA BÍBLICA:  Efesios 1, 3-10

«Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido

en la persona de Cristo

con toda clase de bienes

espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos santos

 e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado

en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido  la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia,

sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer

el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado

realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

recapitular en Cristo todas las cosas

del cielo y de la tierra».

PUNTOS PARA REFLEXIONAR:

Juan Pablo II, Dives in misericordia, 3

- Mediante sus hechos y palabras, Cristo hace presente al Padre entre los hombres.  Es altamente significativo que estos hombres sean en primer lugar los pobres, carentes de medios de subsistencia, los privados de libertad, los ciegos que no ven la belleza de la creación, los que viven en aflicción de corazón o sufren a causa de la injusticia social, y finalmente los pecadores.  Con relación a éstos especialmente, Cristo se convierte sobre todo en signo legible de Dios que es amor; se hace signo del Padre.  En tal signo visible, al igual que los hombres de aquel entonces, también los hombres de nuestros tiempos pueden ver al Padre.

- Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad.  Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la «condición humana» histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral.  Justamente el modo y el ámbito en que se manifiesta el amor es llamado «misericordia» en el lenguaje bíblico.  Cristo pues revela a Dios que es Padre, que es «amor», como dirá san Juan; revela a Dios «rico de misericordia».

- En base a manifestar la presencia de Dios que es padre, amor y misericordia, Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación.  Como de costumbre, también aquí enseña preferentemente «en parábolas», debido a que éstas expresan mejor la esencia misma de las cosas.  Baste recordar la parábola del hijo pródigo 24 o la del buen Samaritano 25 y también -como contraste- la parábola del siervo inicuo 26.  Son muchos los pasos de las enseñanzas de Cristo que ponen de manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo.  Basta tener ante los ojos al Buen Pastor en busca de la oveja extraviada 27 o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida.

Salmo 24

A ti, Señor, levanto mi alma;

Dios mío, en ti confío,

No quede yo defraudado,

Que no triunfen de mí

Mis enemigos;

Pues los que esperan en ti

No queden defraudados,

Mientras que el fracaso malogra

A los traidores.

Señor, enséñame tus caminos,

Instrúyeme en tus sendas:

Haz que camine con lealtad;

Enséñame, porque tú eres mi

Dios y Salvador,

Y todo el día te estoy esperando.

Recuerda, Señor, que tu ternura

Y tu misericordia son eternas;

No te acuerdes de los pecados

Ni de las maldades

De mi juventud;

Acuérdate de mí con misericordia,

Por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y recto,

Y enseña el camino

A lo pecadores;

Hace caminar a los humildes

Con rectitud,

Enseña su camino a los humildes.


Las sendas del Señor son

Misericordia y lealtad

Para los que guardan su alianza y

Sus mandatos.

Por el honor de tu nombre, Señor,

Perdona mis culpas.

¿Hay alguien que tema al Señor?

Él le enseñará el camino escogido:

Su alma vivirá feliz,

Su descendencia poseerá la tierra.

El Señor se confía con sus fieles

Y les da a conocer su alianza.

Tengo los ojos puestos en el Señor,

Porque él saca mis pies de la red.

Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí

Que estoy solo y afligido.

Ensancha mi corazón oprimido

Y sácame de mis tribulaciones.

Mira mis trabajos y mis penas

Y perdona todos mis pecados;

Mira cuántos son mis enemigos,

Que me detestan con odio cruel.

Guarda mi vida y líbrame,

No quede yo defraudado de haber

Acudido a ti.

La inocencia y la rectitud

Me protegerán,

Porque espero en ti.

Salva, oh Dios, a Israel,

De todos sus peligros. 

PRECES

Oremos con confianza a Dios Padre

-Por las familias cristianas para que ofrezcan generosamente sus hijos a Dios.  R.

-Por los jóvenes para que abran su corazón a la llama de Dios.  R.

-Por los sacerdotes para que hagan visible el amor de Dios a los hombres.  R.

-Por los religiosos y religiosas para que sean fieles a su vocación.  R.

-Por los seminaristas para que se entreguen generosamente al plan de Dios.  R.

-Por nuestra comunidad para que el Señor nos bendiga con muchas y santas vocaciones.  R.

PADRE NUESTRO.

ORACIÓN FINAL:

Padre bueno,

En Cristo tu Hijo nos revelas tu amor,

Nos abrazas como a tus hijos

Y nos ofreces la posibilidad de descubrir

En tu voluntad los rasgos de nuestro verdadero rostro.

Padres santo,

Tú nos llamas a ser santos como tú eres santo.

Te pedimos que nunca falten

A tu Iglesia ministros t apóstoles santos que,

Con la palabra y los sacramentos,

Preparen el camino para el encuentro contigo.

Padre misericordioso

Da a la humanidad descarriada

Hombres y mujeres que,

con el testimonio de una vida transfigurada

A imagen de tu Hijo,

Caminen alegremente

Con todos los demás hermanos y hermanas

Hacia la patria celestial.

Padre nuestro,

Con la voz de tu Espíritu Santo,

Y confiando en la materna intercesión de María,

Te pedimos ardientemente:

Mana a tu Iglesia sacerdotes,

Que sean valientes testimonios

De tu infinita  bondad. ¡Amén!

Juan Pablo II

CANTOS RECOMENDADOS:

Anunciaremos tu Reino (CLN 402); Eres más pura (CLN 307)