JUEVES SACERDOTAL


«El Señor es mi Pastor, nada me falta», «somos su pueblo y ovejas de su rebaño».

Por su éxodo pascual, Jesús es el que ha cruzado las fronteras de la muerte y puede conducimos a través de ella a la vida eterna. Jesús se define así mismo como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, que escuchan su voz y le siguen.  Además Cristo es el Cordero que se ofrece por cada uno.  Nosotros somos ahora el débil rebaño del Hijo de Dios que recibe de su Pastor el agua, la unción y la mesa, donde somos iniciados como Hijos adoptivos.


CANTOS RECOMENDADOS: El Señor nos llama (CLN A5); Cantemos al Amor de los Amores (CLN 08)

SALUDO INICIAL:

Queridos hermanos, nos hemos reunido un día más para orar por las vocaciones.

Las palabras del Señor nos hacen caer en la cuenta de la necesidad que tenemos de pastores según su Corazón; discípulos que den la vida; sacerdotes santos. Por ello pidamos por quienes ya han respondido a la llamada de Dios; pidamos por los seminaristas y para que otros escuchen también la invitación del Buen Pastor a colaborar con El.

LECTURA BÍBLICA:  Jn. 10

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.  Yo soy el buen pastor.  El buen pastor da su vida por las ovejas.  Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas.

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.  También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.  Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente.  Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre. »


Juan Pablo II, Pastores dabo vobis,82

«Os daré pastores según mi corazón» (Jer 3,15).

-La promesa del Señor suscita en el corazón de la Iglesia la oración, la petición confiada y ardiente en el amor del Padre que, igual que ha enviado a Jesús el buen Pastor, a los Apóstoles, a sus sucesores y a una multitud de presbíteros, siga así manifestando a los hombres de hoy su fidelidad y su bondad.

-Y la Iglesia está dispuesta a responder a esta gracia.  Siente que el don de Dios exige una respuesta comunitaria y generosa: todo el Pueblo de Dios debe orar intensamente y trabajar por las vocaciones sacerdotales; los candidatos al sacerdocio deben prepararse con gran seriedad a acoger y vivir el don de Dios, conscientes de que la Iglesia y el mundo tienen absoluta necesidad de ellos; deben enamorarse de Cristo buen Pastor; modelar el propio corazón a imagen del suyo; estar dispuestos a salir por los caminos del mundo como imagen suya para proclamar a todos a Cristo, que es Camino, Verdad y Vida.

-Una llamada particular dirijo a las familias: que los padres, y especialmente las madres, sean generosos en entregar sus hijos al Señor, que los llama al sacerdocio, y que colaboren con alegría en su itinerario vocacional... y que pueden experimentar, en cierto modo, la bienaventuranza de María, la Virgen Madre: «bendito el fruto de tu seno» (Lc 1, 42).

-También digo a los jóvenes de hoy: sed más dóciles a la voz del Espíritu; dejad que resuenen en la intimidad de vuestro corazón las grandes expectativas de la Iglesia y de la humanidad; no tengáis miedo en abrir vuestro espíritu a la llamada de Cristo el Señor; sentid sobre vosotros la mirada amorosa de Jesús y responded con entusiasmo a la invitación de un seguimiento radical.

-La promesa de Dios asegura a la Iglesia no unos pastores cualesquiera, sino unos pastores «según su corazón».  El «corazón» de Dios se ha revelado plenamente a nosotros en el Corazón de Cristo buen Pastor.  Y el Corazón de Cristo sigue hoy teniendo compasión de las muchedumbres y dándoles el pan de la verdad, del amor y de la vida (cf.  Me 6, 30 ss.), y desea palpitar en otros corazones -los de los sacerdotes-: «Dadles vosotros de comer» (Mc 6, 37).  La gente necesita salir del anonimato y del miedo; ser conocida y llamada por su nombre; caminar segura por los caminos de la vida; ser encontrada si se pierde; ser amada; recibir la salvación como don supremo del amor de Dios; precisamente esto es lo que hace Jesús, el buen Pastor; El y sus presbíteros con El».

PUNTOS PARA REFLEXIONAR:


SALMO 22

El Señor es mi pastor,

Nada me falta:

En verdes praderas

Me hace recostar;

Me conduce

Hacia fuentes tranquilas

Y repara mis fuerzas;

Me guía por el sendero justo,

Por el honor de su nombre.

Aunque camine

Por cañadas oscuras,

Nada temo,

Porque tú vas conmigo:

Tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí

Enfrente de mis enemigos;

Me unges con perfume,

Y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia

Me acompañan

Todos los días de mi vida,

Y habitaré en la casa del Señor

Por años sin término.    


EL PASTORCITO

Un pastorcito solo está penado

Ajeno de placer y de contento y

En su pastora ha puesto el pensamiento

El pecho de amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llegado

Que no le pena verse así afligido

Aunque en el corazón está herido

Mas llora por pensar que está olvidado.

Que sólo de pensar que está olvidado

de su bella pastora con gran pena

Se deja maltratar en tierra ajena

El pecho de amor muy lastimado.

Y dice el pastorcito ay desdichado

De aquel que de mi amor

Ha hecho ausencia

Y no quiere gozarla mi presencia

El pecho de amor muy lastimado

Al cabo de un gran rato

Se ha encumbrado

Sobre un árbol

Do abrió sus brazos bellos

Y muerto se ha quedado

Asido de ellos

El pecho de amor muy lastimado.

San Juan de la Cruz.   

LETANÍAS:

Jesucristo, Buen Pastor, escucha con amor las súplicas de tu pueblo.

Respondemos: Te rogamos, óyenos.

- Para que te dignes proporcionar al pueblo pastores según tu corazón.  R.

- Para que te dignes llenarlos con el Espíritu de tu Sacerdocio.  R.

- Para que te dignes enviar operarios fieles a tu mies.  R.

- Para que te dignes concederles paciencia en el ministerio, perseverancia

en la acción y constancia en la oración.  R.

PADRE NUESTRO

ORACIÓN:

Oh Dios, Santificador y Protector de tu Iglesia, despierta en ella, por medio de tu Espíritu Santo, dispensadores fieles y capaces de tus Santos Misterios, para que mediante su ministerio y su ejemplo y tu protección, el pueblo cristiano sea dirigido por el camino de la salvación.  Por Jesucristo Nuestro Señor.

ORACIÓN FINAL

Oh Jesús, Buen Pastor,

Acoge nuestra alabanza y nuestro humilde agradecimiento

Por todas las vocaciones que,

Mediante tu Espíritu,

Regalas continuamente a tu Iglesia.

Asiste a los obispos, presbíteros, misioneros

Y a todas las personas consagradas;

Haz que den ejemplo de vida auténticamente evangélica.

Da fortaleza y perseverancia en su propósito

A aquellos que se preparan al sagrado ministerio

Y a   la  vida consagrada.

Multiplica los evangelizadores

Para anunciar tu nombre a todas las gentes.

Protege a todos los jóvenes de nuestras familias y comunidades:

Concédeles prontitud y generosidad para seguirte.

Vuelve también hoy tu mirada sobre ellos y llámalos,

Concede a todos los llamados

La fuerza de abandonar todo

Para elegirte sólo a Ti que eres el amor.

Perdona la no correspondencia y las infidelidades

De aquellos que has escogido.

Escucha, oh Cristo,

Nuestras preces por intercesión de María Santísima,

Madre tuya y Reina de los Apóstoles.

Ella, que por haber creído y respondido generosamente,

Es la causa de nuestra alegría,

Acompañe con su presencia y su ejemplo

A aquellos que llamas al servicio total de tu reino. Amén

JUAN PABLO II

CANTO RECOMENDADO: 

Pescador de hombres (CLN 407)