JUEVES SACERDOTAL


Cristo es el único Sumo y Eterno Sacerdote, Santo, Inocente, Inmaculado, que mediante el único sacrificio de su Cruz ha llevado a la perfección para siempre a los santificados.

El único Sacerdocio de Cristo se hace presente en el sacerdocio ministerial.  En el servicio de sus sacerdotes es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia.

CANTOS RECOMENDADOS: Cantemos al Amor de los los Amores (CLN 08); Anunciaremos tu Reino (CLN 402)

SALUDO INICIAL:

Queridos hermanos, de nuevo nos reunimos para orar por las vocaciones.  Hoy lo hacemos mirando a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.  Pedimos al Señor, unidos a toda la Iglesia diocesana, que nos conceda muchos y santos sacerdotes, para que realicen con fidelidad la misión que les ha sido confiada y así, los hombres y mujeres de hoy, puedan descubrir en su ministerio la presencia santificadora de Dios en medio de ellos.

LECTURA BÍBLICA: Lc. 22, 14-20

Cuando llegó la hora se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: - Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.  Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomad esto y repartido entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que va a ser entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío».  De igual modo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la Nueva Alianza en mi Sangre, que va a ser derramada por vosotros».

PUNTOS PARA REFLEXIONAR:

San Juan Crisóstomo, Homilía sobre la traición de Judas, 1

«No es el hombre quien convierte las cosas ofrecidas en el cuerpo y sangre de Cristo, sino el mismo Cristo que por nosotros fue crucificado.  El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia aquellas palabras, pero su virtud y la gracia son de Dios.  Esto es mi cuerpo, dice.  Y esta palabra transforma las cosas ofrecidas».

Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 47

- «Un aspecto, ciertamente no secundario, de la misión del sacerdote es el de ser «maestro de oración» Pero el sacerdote solamente podrá formar a los demás en la escuela de Jesús orante, si él mismo se ha formado y continúa formándose en la misma escuela.

                Esto es lo que piden los hombres al sacerdote: El sacerdote es el hombre de Dios, el que pertenece a Dios y hace pensar en Dios.  Cuando la Carta a los Hebreos habla de Cristo, lo presenta como un Sumo Sacerdote "misericordioso y fiel en lo que toca a Dios" (Heb 2, 17)...

                Los cristianos esperan encontrar en el sacerdote no sólo un hombre que los acoge, que los escucha con gusto y les muestra una sincera amistad, sino también y sobre todo un hombre que les ayude a mirar a Dios, a subir hacia Él.  Es preciso, pues, que el sacerdote esté formado en una profunda intimidad con Dios.  Los que se preparan para el sacerdocio deben comprender que todo el valor de su vida sacerdotal dependerá del don de sí mismos que sepan hacer a Cristo y, por medio de Cristo, al Padre».

José María García Lahiguera.  Santidad Sacerdotal, n 67

- «Debemos dar gracias a Dios por habernos hecho sacerdotes para estos tiempos.  Esto supone y una gran confianza: elegimos precisamente para esta época. Es una garantía de que somos para Él sus confidentes, los hermanos de confianza suya, que ahora nos entrega todo su patrimonio en la Iglesia.

Mi empresa: el sacerdocio.  Mi pasión: el amor.  Mi ideal: Cristo.

El Sacerdote no es una jerarquía que manda o que tiene poderes para hacer lo que quiera; sino que todo en él, su ser y obrar, está al servicio de los demás.  Entonces, el problema del sacerdocio interesa a las almas, a cuyo servicio está por completo el sacerdote.  Interesa a las almas, iba a decir, más que al mismo sacerdote».

A ti Sumo y Eterno Sacerdote

De la Nueva Alianza,

Se ofrecen nuestros votos y se elevan

Los corazones en acción de gracias.

Desde el seno del Padres descendiste

Al de la Virgen Madre;

Te haces pobre, y así nos enriqueces:

Tu obediencia de esclavos libres hace.

Tú eres el Ungido Jesucristo,

El Sacerdote único;

Tiene su fin en Ti la ley antigua,

Por ti la ley de gracia viene al mundo

Al derramar tu sangre por nosotros,

Tu amor complace al Padre;

Siendo la Hostia de tu sacrificio.

Hijos de Dios y hermano Tu nos haces.


Para alcanzar la salvación eterna

Día a día se ofrece

Tu sacrificio, mientras junto al Padre,

Sin cesar por nosotros intercedes.

A Ti, Cristo Pontífice,. La gloria

Por siglos de los siglos;

Tú que vives y reinas y te ofreces

Al Padre en el amor del Santo Espíritu

Amén.

SALMO 39

Dichoso el hombre que ha puesto

Su confianza en el Señor,

Y no acude a los idólatras

Que se extravían con engaños.

Cuántas maravillas has hecho,

Señor Dios mío,

Cuántos planes

A favor nuestro:

Nadie se te puede comparar.

Intento proclamarlas, decirlas,

Pero superan  todo número.

Tú no quieres sacrificios

Ni ofrendas,

Y en cambio me abriste el oído;

No pides sacrificio expiatorio,

Entonces yo digo: «Aquí estoy»

-como está escrito en el libro-

«para hacer tu voluntad»

Dios mío, lo quiero,

Y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación

Ante la gran asamblea;

No he cerrado los labios:

Señor, tú lo sabes.  

No me he guardado en el pecho tu defensa

He contado tu fidelidad

Y tu salvación,

No he negado tu misericordia

Y tu lealtad,

Ante la gran asamblea.

PRECES:         

Dirijámonos confiadamente a Cristo, Nuestro Sumo Sacerdote, y presentémosle nuestros deseos y peticiones, diciendo con humilde fe: escúchanos, Señor, que confiamos en Tí.

- Cristo, Tú que eres la Palabra del Padre, danos sacerdotes que anuncien la Buena Noticia a todos los hombres.

- Cristo, Sacerdote, Tú que eres el Pan de la Vida, concédenos sacerdotes para que celebren la Eucaristía y no nos falte tu presencia.

- Cristo Señor, que fuiste enviado por el Padre, da a la Iglesia tu Espíritu de caridad para que los hombres conozcan tu Misericordia y Amor.

PADRE NUESTRO.

ORACIÓN FINAL

Oh María,

Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:

Acepta este título con el que hoy te honramos

Para exaltar tu maternidad

Y contemplar contigo

El Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,

Oh Santa Madre de Dios.

Madre de Cristo,

Que el Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne

Por la unción del Espíritu Santo

Para salvar a los pobres y contritos de corazón.

Custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,

Oh Madre del Salvador.

Madre de la fe,

Que acompañaste al templo al Hijo del hombre,

En cumplimiento de las promesas

Hechas a nuestros Padres:

Presenta a Dios Padre, para su gloria,

A los sacerdotes de tu Hijo,

Oh Arca de la Alianza.

Madre de la Iglesia,

Que con los discípulos en el Cenáculo

Implorabas el Espíritu

Para el nuevo Pueblo y sus Pastores:

Alcanza para el orden de los presbíteros

La plenitud de los dones,

Oh Reina de los Apóstoles.

Madre de Jesucristo,

Que estuviste con Él al comienzo de su vida y de su misión,

Lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,

Lo acompañaste en la cruz,

Exhausto por el sacrificio único y eterno,

Y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo:

Acoge desde el principio a los llamados al sacerdocio,

Protégelos en su formación y acompaña a tus hijos

En su vida y en su ministerio,

Oh Madre de los sacerdotes. Amén

Juan Pablo II

CANTOS RECOMENDADOS: Salve Madre (CLN 309); Toma Virgen Pura