JUEVES SACERDOTAL


Señor Jesús, llega hasta nosotros el clamor de las necesidades de nuestro mundo, que hoy como siempre necesita que tu Iglesia le anuncie el amor del Padre, el perdón que tú nos has merecido, el don del Espíritu que renueva el corazón y que hace posible la gran familia de los hijos de Dios.

         Para cumplir esta misión que tú le has confiado es indispensable que enriquezcas a tu Iglesia con la gracia de abundantes vocaciones. Necesitamos sacerdotes, misioneros, religiosos, personas consagradas a tu amor y al servicio de los hombres. Les necesitamos para que no decaiga la vitalidad de los creyentes, la animación de las comunidades y la esperanza de la Iglesia.

         Somos conscientes de que la tibieza de nuestra fe y la falta de fidelidad a las exigencias de tu Evangelio son un grave obstáculo al florecimiento de estas vocaciones. Haznos ver que todos somos responsables de esta necesidad de tu Iglesia.

               Tú, que intercedes ante el Padre por nosotros, incorpora a tu oración sacerdotal la súplica de tu Iglesia que con fe se dirige a ti en esta tarde.

MAESTRO Y SEÑOR

(La primera vez canta un solista y la segunda todos repiten)

1--  Maestro y Señor, ¿ dónde habitas?

Maestro y Señor, ¿ dónde habitas?

Vienes a nuestro mundo, Dios,

VIENES A NUESTRO MUNDO.

Maestro y Señor, llévanos a Ti (bis)

Buscamos el camino, Dios,

buscamos el camino.

Maestro y Señor, empobrécenos (bis)

Haznos seguir tus pasos, Dios.

haznos seguir tus pasos.

2.-  Maestro y Señor, empobrécenos (bis)

Tú sirves a los pobres, Dios,

Tú sirves a los pobres.

Maestro y Señor, nos enseñas (bis)

Tú te has hecho esclavo, Dios,

Tú te has hecho esclavo.

Maestro y Señor, Tú nos guías (bis)

hacia un lugar humilde, Dios,

hacia un lugar humilde.

3.-  Maestro y Señor, ilumínanos (bis)

Tú eres la luz verdadera, Dios,

Tú eres la luz verdadera.

Maestro y Señor, danos tu perdón (bis)

Tú eres misericordia, Dios,

Tú eres misericordia.

Maestro y Señor, reconfórtanos (bis)

si nuestra fe flaquea, Dios,

si nuestra fe flaquea.

   “Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, que me ha fortalecido, porque me ha juzgado digno de confianza al encomendarme el ministerio. A mí, que primero fui blasfemos, perseguidor y violento, y que hallé misericordia, porque lo hacía por ignorancia estando fuera de la fe. Pero la gracia de Nuestro Señor se ha desbordado con la fe y el amor que me ha dado Cristo Jesús.

                Es segura esta doctrina y debe aceptarse sin reservas: Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Precisamente por eso Dios me ha tratado con misericordia, y Jesucristo ha mostrado en mí, el primero, toda su generosidad, de modo que yo sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener la vida eterna.

                                                                                                                                                             I Tim 1, 12 - 17.

¡ MARANA THA!

¡ MARANA THA!

¡ VEN, SEÑOR JESÚS!

TRÁENOS TÚ LA PAZ.

1.-    Dios de la luz

         Palabra de Dios.

         ¡ Ven, Señor Jesús!

2.-    Luz de la luz

         enciende la fe

         ¡ Ven, Señor Jesús!

3.-    Cristo Jesús,

         Cordero y Pastor

         ¡ Ven, Señor Jesús!

SAN JUAN CRISÓSTOMO        De sacerdotio 11, 2, PG 48, 633

Luego ¿todavía vas a discutir conmigo que no hice bien en engaííarte cuando vas a estar al frente de todos los bienes de Dios, y a realizar de por vida aquello que dijo el Señor a Pedro, que se levantaría, si lo hacía, por encima de los demás apóstoles?

Pedro -le dice-, ¿me amas más que éstos? Pues apacienta mis ovejas". Podía ciertamente haberle dicho: «Si me amas, practica el ayuno, duerme en el suelo, guarda altas vigilias, protege a los oprimidos, sé como un padre para los huérfanos y haz con sus madres oficio de marido». La verdad es que todo eso lo deja a un lado y sólo le dice: Apacienta mis ovejas. Porque todo eso que acabo de enumerar, cosas son que fácilmente pueden cumplir muchos de los súbditos, no sólo los varones sino también las mujeres. Más cuando se trata del gobierno de la Iglesia y de encomendar el cuidado de tantas almas, ante la grandeza de esta tarea, retírese a un lado todo el sexo femenino y aun la mayoría de los varones, y sólo den paso adelante aquellos que entre éstos aventajen en gran medida a todos los otros y, así descuellen por la virtud de su alma sobre los demás cuanto Saúl por la estatura de su cuerpo sobre todo el pueblo hebreo, y aún mucho más.  Porque no basta aquí sobrepasar a los demás por encima del hombro". No. La diferencia que va de los animales sin razón a los hombres racionales, esa misma ha de mediar entre el pastor y los apacentados, por no decir que mayor, pues cosas mucho mayores se arriesgan.

En efecto, el que pierde un rebaño de ovejas, sea porque se las arrebaten los lobos o le asalten ladrones o las ataque una peste o les sobrevenga otro cualquier accidente, todavía puede esperar algún género de perdón de parte del dueño del rebaño, o, en caso de que se le exija un castigo, tendrá que pagarlo solamente con dinero. Mas aquel a quien se le encomiendan hombres, que son el espiritual rebaño de Cristo, en primer lugar, el daño que sufrirá en el caso de perder las ovejas, no será en dinero, sino en su propia alma; y en segundo lugar, la lucha que tendrá que sostener es mucho más dura y difícil. No tendrá que luchar contra lobos, no deberá temer a los salteadores ni preocuparse de alejar la peste de su ganado. ¿Contra quiénes será su guerra, contra quiénes tendrá que combatir? Oye al bienaventurado Pablo que te lo dice: No es nuestra lucha contra sangre o carne, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de las tinieblas de este siglo, contra los espíritus del Mal que están en las alturas".

MAESTRO Y SEÑOR

4.-  El mundo teme, Maestro y Señor (bis)

sé toda su esperanza, Dios,

sé toda su esperanza.

El mundo espera, Maestro y Señor (bis)

revélale tu gloria, Dios,

revélale tu gloria.

El mundo busca, Maestro y Señor (bis)

muéstrale tu presencia, Dios,

muéstrale tu presencia.

5.-  Maestro y Señor, ven y habítanos (bis)

manténnos en tu Alianza, Dios,

manténnos en tu Alianza.

Maestro y Señor, guárdanos en Ti (bis)

que seamos tu pueblo, Dios,

que seamos tu pueblo.

Maestro y Señor, reconcílianos (bis)

para que el mundo crea, Dios,

para que el mundo crea.

Te bendecimos por los sacerdotes y por las vocaciones al sacerdocio, y, al darte gracias por ellos, te pedimos que escuches las súplicas que ahora te presentamos:

Por la santa Iglesia de Dios, necesitada de pastores, para que alientes en sus comunidades la vocación sacerdotal como una llamada permanente al servicio de los hombres.

VEN, VEN DIOS YAHWEH

PADRE Y SEÑOR

DIOS NUESTRO VEN, ¡ VEN!

- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos, los diáconos y los ministros, para que crezcan en la fidelidad a la que fueron llamados. VEN, VEN DIOS...

- Por los jóvenes de hoy, para que sientan la fortaleza del Señor y no tengan miedo a seguir a Jesús en su propia vocación (con radical libertad y con absoluta disponibilidad. VEN, VEN DIOS...

- Por los Seminarios  mayores y menores de la Iglesia en España y de la Iglesia universal; que los jóvenes que allí se preparan para el servicio ministerial vivan con alegría y esperanza su camino. VEN, VEN DIOS...

- Por las familias cristianas, para que sean hogar donde puedan nacer futuras vocaciones hacia los distintos ministerios y hacia el ministerio presbiteral. VEN, VEN DIOS...

-  Por todos nosotros, para que el Señor nos conceda la gracia de darnos y entregar nuestra vida, por el amor, a todos. VEN, VEN DIOS...

HIMNO PARA VÍSPERAS

PALABRA QUE FUE LUZ

Palabra que fue luz el primer día

y en boca de profetas fue clamor

denuncia, compromiso y fuerza viva,

eterno resplandor.

Palabra como zarza siempre ardiente

palabra como lluvia en pedregal

palabra como el sol en la mañana;

impulso hasta el final.

Palabra que en la tierra habitaría

cuando el tiempo llegó a la plenitud.

Palabra que en el seno de María

nos trajo la salud.

Palabra que sin ser palabra vana

es carne y sangre de nuestro existir

y ríe y llora y se hace voz humana

y sabe compartir.

Palabra que es el definitivo

amén y conclusión de nuestra fe

el día en que veremos al Dios vivo

viviendo siempre en él.