JUEVES SACERDOTAL


Evangelio: Jn 5, 1-9

No tengo a nadie que me introduzca en el estanque.

Hoy como ayer el mundo necesita experimentar la bondad de Dios.

CANTO

Evangelio: Lc 18, 35-43

Jesús, ten compasión de mí.

Hoy como ayer la compasión de Jesús llega a tantos necesitados.  

Ofrenda a Jesús necesitado

Porque no tienes ya pies

que recorran los caminos,

avanza hoy, Señor,

si quieres con los míos.

Porque no pueden tus ojos

acariciar el mundo

contempla, observa y ama

tomando mi mirada.

Porque hoy no tienes labios

que griten tu palabra,

aquí tienes los míos

tu boca prolongada.

Porque no viven tus manos

para dejar la tierra transformada,

trabaja con las mías

y déjalas gastadas.

Y porque sé que vive

tu corazón abierto en herida enamorada

colócalo en el sitio en que me faltas

y prolonga en mi sentir tus sentimientos

tus huellas, tus manos,

tu labio y tu mirada.

Y a través de mi vida, en mi jornada,

completa la misión temporal

que en tu vida dejaste inacabada.

Con todo lo que soy, como instrumento,

contempla hoy, Señor,

habla, trabaja, acaricia, camina,

besa y ama. 

CANTO

CRISTO NOS LLAMA

Llamó hace 2.000 años:

Evangelio: Mc 3, 13-19

                               Llamó a los que quiso y se acercaron a Él.

Ha llamado a lo largo de la historia:

                               “Muchos eran los años que habían ido desvaneciéndose conmigo - quizá doce - desde que, cumplidos los diecinueve, tras leer el  Hortensio de Cicerón, me había sentido estimulado al estudio de la sabiduría. El caso es que iba dando largas a la tarea de su búsqueda y al desprecio de la felicidad terrena, cuando de hecho, no ya el hallazgo de la sabiduría, sino la simple búsqueda debería haber gozado de prioridad frente a los tesoros, todos los reinos de las naciones y todos los placeres corporales que, a la menor insinuación mía, se arracimaban a mi alrededor....

Pensaba yo que la razón de diferir de un día para otro el momento de seguirte únicamente a ti, desdeñando toda expectativa mundana, era la falta de algo seguro adonde encaminar mis pasos. Pero había llegado el día en que me hallaba desnudo ante mí mismo y en que mi conciencia me echaba en cara: ¿Dónde están tus bravatas? Tú andabas diciendo por ahí que no estabas dispuesto a sacudir la carga de la vanidad por no estar seguro de la verdad y, sin embargo, la vanidad sigue avasallándote...

Dudaba entre morir a la muerte y vivir a la vida. Tenía más vigor en mí el mal inoculado que el bien inhabitual. Y cuanto más se me acercaba aquel momento en que yo iba a ser otro distinto, tanto mayor horror me infundía. Cierto que no llegaba a arredrarme y menos a disuadirme. Me retenían frivolidades de frivolidades y vanidades de desatinados. Estas viejas amigas mías tiraban del vestido de mi carne y me decían por lo bajo: “Conque nos dejas, ¿eh? ¿Es cierto que a partir de ahora ya nunca vamos a estar contigo? ¿Es cierto que a partir de ahora nunca jamás te será lícito esto y lo otro?”...

                               Toma y lee. Nada más acabar la lectura, sentí como si una luz de seguridad se hubiera derramado en mi corazón, ahuyentando todas las tinieblas de mi duda.

                                                                              San Agustín, Confesiones

Dios sigue llamando hoy: Testimonio.

Llamó hace 2.000 años:

Evangelio :  Jn 21, 15-22

                               ¿Me amas?  Sígueme

Ha llamado a lo largo de la historia :

“Ser tu esposa, ¡Oh Jesús!, ser carmelita, ser por mi unión contigo madre de las almas, debiera bastarme... No es así... Ciertamente estos tres privilegios constituyen mi vocación: Carmelita, Esposa y Madre.

                Sin embargo siento en mí otras vocaciones: Siento la vocación de GUERRERO, de SACERDOTE, de APÓSTOL, de DOCTOR, de MÁRTIR. Siento, en una palabra, la necesidad, el deseo de realizar por ti, Jesús, las más heroicas acciones... Siento en mi alma el valor de un cruzado, de un zuavo pontificio. Quisiera morir en una batalla por la defensa de la Iglesia...Siento en mí vocación de SACERDOTE. ¡Con que amor, oh, Jesús, te llevaría en mis manos cuando, al conjuro de mi voz, bajaras del cielo!...¡Con que amor te daría a las almas!...Pero, ¡ay! Aun deseando ser sacerdote, envidio y admiro la humildad de San Francisco de Asís, y siento la vocación de imitarle rehusando la sublima dignidad del sacerdocio.

¡Oh Jesús, amor mío, vida mía!...¿Cómo hermanar estos contrastes? ¿Cómo realizar los deseos de mi pobrecita alma? ¡Ah! A pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas, como los profetas, los doctores. Tengo la vocación de apóstol... Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre, y plantar sobre el suelo infiel tu Cruz gloriosa. Pero ¡Oh, amado mío!, una sola misión no me bastaría. Desearía anunciar al mismo tiempo el  Evangelio a las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas.

                Quisiera ser misionero, no solo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguir siéndolo hasta la consumación de los siglos. Pero desearía sobre todo derramar por ti hasta la última gota de mi sangre... ¡El martirio! He aquí el sueño de mi juventud. Este sueño ha ido creciendo conmigo bajo los claustros del Carmelo... Pero que también este sueño mío es una locura, pues no podría limitarme a desear un solo género de martirio... Para satisfacerme, necesitaría padecerlos todos...Como tú, Esposo mío adorado,, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada como San Bartolomé... Quisiera ser sumergida en aceite hirviendo como San Juan. Desearía sufrir todos los martirios infligidos a los mártires... Con Santa Inés y Santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y con Santa Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera murmurar en la pira tu nombre, ¡OH, JESÚS! Al pensar los tormentos que padecerán los cristianos en tiempo del anticristo, mi corazón salta de gozo, y desearía que le me fueran reservados tales  momentos...¡Jesús, Jesús! Si fuese a escribir todos mis deseos, tendrías que prestarme tu libro de la vida; en él están consignadas las acciones de todos los santos, y esas son las acciones que yo quisiera realizar por ti.. ¡Oh, Jesús mío!, ¿Qué responderás a todas mis locuras?... ¿Hay, acaso, un alma más pequeña, más impotente que la mía?... Sin embargo, fue precisamente ésta mi debilidad la que te movió, Señor, a colmar estos mis deseos infantiles, y la que te mueve hoy a colmar otros deseos míos más grandes que el universo...Como estos deseos constituían para mi durante la oración un verdadero martirio, abrí un día las epístolas de San Pablo, a fin de buscar en ellas una respuesta. Mis ojos toparon con los capítulos XII y XIII de la primera epístola a los corintios. Leí en el primero que no todos pueden ser apóstoles, profetas, doctores, etc...; que la iglesia está compuesta por diferentes miembros, y que el ojo no podría ser al mismo tiempo mano...

La respuesta era clara, pero no colmaba mis deseos, no me daba la paz...

                Así como Magdalena, agachándose, sin apartarse del sepulcro vacío, llegó por fin a encontrar lo que buscaba, así también yo agachándome hasta las profundidades de monada me elevé tan alto, que conseguí mi intento...Sin desanimarme, seguí leyendo, y esta frase me reconfortó: "Buscad con ardor los DONES MÁS PERFECTOS; pero voy a mostraros un camino más excelente" Y el apóstol explica cómo todos los dones, aún los más PERFECTOS, nada son sin el amor... Afirma que la caridad es el CAMINO EXCELENTE que conduce con seguridad a Dios.

                Había hallado por fin el descanso... Al considerar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por San Pablo; o mejor dicho, quería reconocerme en todos...La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto por diferentes miembros, no le faltaría el más necesario, el más noble de todos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que este corazón estaba ardiendo de AMOR.

                Comprendí que solo el amor era el que ponía en movimiento a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegara a apagarse, los apóstoles no anunciarían ya el Evangelio, los mártires se negarían a derramar su sangre...Comprendí que el AMOR encerraba todas las vocaciones, que el AMOR lo era todo, que el AMOR abarcaba todos los tiempos y todos los lugares... En una palabra, ¡Que el AMOR ES ETERNO! Entonces en el excelso de mi alegría delirante, exclamé:¡Oh Jesús, amor mío!... Por fin he hallado mi vocación, mi vocación es el AMOR. Sí, he hallado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, ¡oh, Dios mío!, vos mismo me lo habéis dado...: en el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el AMOR... ¡¡¡Así lo seré todo..., así mi sueño se verá realizado!!!”

                                                               Sta Teresa del Niño Jesús.

Dios sigue llamando hoy: Testimonio