Institutos Seculares


fernando de castro

Alpinista del Espíritu

Mi nombre es Fernando, soy médico de familia, tengo 42 años y pertenezco al instituto secular Cruzados de Santa María, fundado por el sacerdote jesuita P. Tomás Morales.

Si tuviera que resumir todo lo que dijera en un momento como este acerca de mi vocación lo haría a través del salmo 103:

«Bendice, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades»

No puedo menos que bendecir y dar gracias a Dios por el don regalado, porque cada día voy descubriendo que el seguimiento a Cristo es una gracia que Él concede sin merecerlo uno. Desde joven he crecido en un ambiente cristiano, transmitido primero a través de la familia y más tarde a través del movimiento juvenil Milicia de Santa María donde, al estar en contacto con los cruzados descubrí esta vocación que tiene la maravilla de poder seguir a Cristo en medio del mundo. El Señor se sirvió del ejemplo de vida de varios cruzados para aspirar a ella. Pude ingresar en la Institución un 13 de mayo con 20 años durante la Eucaristía por la mañana, en un lunes laborable en el que, tras dar el paso, externamente todo seguía igual: las mismas clases, los mismos compañeros, los exámenes… Y esta es una de las razones que más fuerza tiene en la vivencia de mi vocación: poder vivir la consagración en el corazón del mismo mundo, allá donde quizás la Iglesia no tiene otra posibilidad de llegar.

Todos estos años han sido unos años de ir profundizando en el sentido de lo que Dios me pide. Muchas veces surgen la impaciencia, el desánimo, la impotencia ante una realidad llena de desesperanza y tan fría a nivel espiritual; quizás la tentación de toda esta vocación es caer en uno de los dos extremos: vivir la consagración para adentro, sin querer implicarse hasta el fondo en el entorno en el que Dios te pide vivir, o dejarte arrastrar como uno más por el mundo, no siendo sal ni luz que ayude a transformarlo. Es el riesgo de lo que viene a ser un «alpinista del espíritu»,como dijo Pablo VI.

«El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia» Un aspecto importante es vivir esta consagración en el día a día de lo cotidiano. Quizás en la mayor parte del tiempo de mi trabajo desempeñado en el centro de salud no existe un testimonio explícito de evangelización y apostolado, pero sé que me siento llamado a ser imagen viva de Cristo, que muestra la bondad de un Padre inmensamente misericordioso y generoso. Por eso, incluso a través de la experiencia que pueda vivir ante las limitaciones, no sólo de los enfermos, sino incluso propias, Dios me llama a ser testigo en mi propia carne de esa misericordia, de ese Amor al que tengo que agarrarme y que debo tratar de transmitir a los que me rodean: pacientes como compañeros de trabajo, jóvenes con los que me toca caminar o con los que convivo. En definitiva, trato de que mi oración diaria se prolongue en cada momento de la jornada, siendo consciente de que el Señor me ha llamado a seguirle en el mundo, siendo del mundo sinser del mundo.

«… la misericordia del Señor dura desde siempre y por siempre, para aquellos que le temen» ¡Bendice, alma mía, al Señor!

INSTITUTO SECULAR CRUZADOS DE SANTA MARÍA