Institutos Seculares


mercedes soriano

Entrar en el corazón de la Iglesia

Yo siempre he querido ser una chica buena y feliz, capaz de ayudar a todos los que tuviera a mi lado. Cuando, por los avatares de la vida, todo esto se me fue complicando y me comenzó a resultar difícil, enseguida me fije en Jesús, Él pasó por la vida haciendo el bien y no escatimo ningún sacrificio, ni sufrimiento a favor nuestro. Muchas veces para animarme recurría a las palabras que había oído en la Eucaristía del domingo. Poco a poco, fui sintiendo la necesidad de conocerle mejor y eso me llevó a descubrir su Amor por todos los hombres y también por mí.

En esta nueva situación, la primera frase que me impacto fue Dadles vosotros de comer. Sentí que Jesús contaba conmigo para seguir haciéndose presente en medio de los hombres, manifestarles su compasión y ofrecerles su amor. Pero, ¿cómo iba yo a hacerlo, ahora que en mi casa estábamos viviendo una situación tan dolorosa, por el fallecimiento de mi hermana, y no podía hacer otra cosa que no fuera estar con ellos?. Así, que pensé que tenía que conocerlo mejor y vivir como Él vivió, que había vivido treinta años de vida oculta en Nazaret con su familia y haciendo el bien a todos.

Y para conseguirlo comencé por hacer oración. Jesús, a pesar de ser Dios, a menudo se retiraba a orar, necesitaba el trato íntimo y frecuente con el Padre para ir realizando su voluntad. Al irle conociendo más, descubrí que no tenía por qué temer nada, que Él era el pan de vida bajado del cielo y el que cree en Él vivirá para siempre. También descubrí que tenía un programa de vida y la promesa de que el que lo acoge se realiza plenamente y vive feliz. Las llamadas Bienaventuranzas, o lo que es lo mismo que decir, vivir con sus mismas actitudes y sentimientos: la misericordia, la compasión, el compartir, la limpieza de corazón, etc., y estando intentando vivir de esta manera conocí a un miembro de un Instituto Secular que ya lo vivía.

De su mano, enseguida empecé a hacer apostolado y muy pronto ingrese en su Instituto, el Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote, de espiritualidad: sacerdotal, eucarística, reparadora y apostólica. Todo un misterio que me desbordaba. Sentí que había entrado directamente al corazón de la Iglesia, al lado mismo del Sacerdote. No en vano, la carta magna de las Siervas es Jn.13-19, todo un itinerario que va desde el lavatorio de los pies a la oración sacerdotal.

Es una vocación muy hermosa donde he encontrado la mejor forma de compartir mi vida y mis bienes con los que más me necesitan, como es ahora, la especial situación de vejez y enfermedad en que se encuentra mi madre, y hacerlo sin que nada me pese, en continua acción de gracias por el don de la Eucaristía y el Sacerdocio y con la intención de contribuir a la extensión del Reino.

Una vocación que intento vivir seriamente, dedicando cada día un tiempo importante a la oración, a estar con el Señor, para conocerle y amarle, para irme identificando con Él, sabiendo que en la medida en que profundizo en su amistad y confianza, me hago más capaz de ayudar a los demás a encontrarse con Él y ser atraídos por el Evangelio; en actitud de servicio, queriendo hacer de mi vida, a imitación de la de Jesucristo, un pan partido y compartido.

SIERVAS SEGLARES DE JESUCRISTO SACERDORTE