Introducción


elias royon

Posiblemente una de las más bellas y significativas definicionesrecientes de los consagrados, la ha formulado Benedicto XVI cuando nos dijo: «sois por vocación buscadores de Dios». (26 noviembre 2010), y añadía, «buscáis lo definitivo, buscáis a Dios, mantenéis la mirada dirigida a Él». Esto es lo que el lector va a encontrar en este libro. El testimonio sencillo y cálido de unos hombres y unas mujeres que han hecho de sus vidas, por vocación, buscadores de Dios; buscan a Dios porque buscan las cosas que permanecen, las cosas que no pasan; buscan a Dios para encontrar y servir a sus hermanos.

El lector va encontrar rasgos de unos hombres y unas mujeres, débiles y semejantes a tantos otros y otras, que han compartido la oscuridad y la duda ante las decisiones fundamentales de la vida, pero que se han encontrado envueltos en el misterio de una llamada de Dios, interpelados por un diálogo ininterrumpido que les acompaña siempre y condiciona su persona y su vida; llamados a estar con Jesucristo, a compartir la forma de vivir que Él escogió para sí: pobre, casto, obediente (cf VC 22); «llamados para buscar a Dios en los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a los cuales sois enviados -dice el Papa- para ofrecerles con la vida y la palabra, el don del evangelio… para buscarle en los pobres, primeros destinatarios de la Buena Noticia» (cf. Lc 4,18).

Se ha querido abarcar todas las formas de vida consagrada que el Espíritu ha suscitado a lo largo de la historia: desde las más antiguas, el orden de vírgenes y el monacato, hasta las más recientes como los institutos seculares y, las así llamadas, nuevas formas de vida consagrada. Lo que evidencia la variedad de dones y carismas con los que el Espíritu ha enriquecido y embellecido a su Iglesia, ofreciendo a sus hijos e hijas diversos caminos de santidad. La riqueza se hace más patente cuando se desvela lo común de esos caminos de consagración: el seguimiento radical a Jesucristo, la pasión por el anuncio del Reino, el horizonte del servicio a los hermanos en el mundo y en la Iglesia, y a la vez, la diversidad de caminos para realizarlos, la variedad de sensibilidades para imitar las incontables facetas en las que se ha expresado la pasión de amor de Jesucristo por el Padre y la humanidad.

Ninguno de ellos se presenta mostrando un tesoro que posee por conquista, o que se le ha concedido como premio a sus méritos; al contrario, se muestran felices como alguien que ha sido guiado, conducido para descubrir, escondido en su barro, un tesoro que no merece, con el que está comprometido a cuidarlo con delicadeza y agradecimiento; que le hace servidor de la Iglesia y los hermanos, y siempre apasionado buscador y testigo del amor de Dios en Jesucristo, a la humanidad.

Quiera Dios que esta recopilación de testimonios de vidas consagradas sirva para que el pueblo de Dios conozca y valore esta mediación de la presencia del Espíritu en la Iglesia, la vida consagrada, como «don precioso y necesario también para el presente y el futuro del Pueblo de Dios, porque pertenece íntimamente a su vida, a su santidad y a su misión» (VC 3)

Elías Royón, S.J.

Presidente de CONFER