Nuevas Formas de vida consagrada


rosabel gil

En el corazón de Cristo

Soy Rosabel y seglar consagrada de la Fraternidad Seglar en el Corazón de Cristo, que la formamos mujeres seglares que queremos vivir el bautismo en virginidad, entregadas a la misión de la Iglesia, unidas en fraternidad y a la luz del Corazón de Cristo.

Mi vocación comenzó por una llamada del Señor a tener una experiencia de misión durante un año en la República Dominicana. Estaba terminando magisterio y sentí la inquietud de ir de misiones, además conocí a una chica que estaba buscando otras chicas para irse un año de misiones. Me daba un poco de miedo porque me parecía mucho tiempo para ser la primera vez, pero la llamada de Dios fue más fuerte y me fié de Él. Fue un tiempo precioso en el que Dios me fue enamorando y me sentía muy feliz. Poco a poco me fui dando cuenta que Dios me llamaba para entregarme del todo a Él, para ser suya, pero había que concretar dónde quería mi entrega.

Cuando volví a España, en unos Ejercicios Espirituales en el Centro Diocesano de Espiritualidad del Corazón de Jesús en Valladolid, donde entonces vivían algunas hermanas de la Fraternidad, descubrí que Dios me quería ahí. Entonces hablé con una de ellas y quedamos para irnos conociendo, ir a los retiros y así ir discerniendo la vocación. Lo que me llamó la atención fue su alegría, su manera de compaginar la vida interior, la oración y el apostolado. Además me ayudaron a discernir sin atosigarme, sino dejándome mucha libertad. Yo había conocido otras formas de vida consagrada, pero con ellas reconocía en mi corazón una paz interior y una alegría inmensa, tenía muchas ganas de poder entrar y entregarme a Dios ahí concretamente. Le decía al Señor: si me muero antes de entrar, -o luego-, antes de hacer el compromiso, quiero que sepas que yo ya soy tuya. En este tiempo el Señor fue aumentando y purificando mi deseo de entrega hasta que llegó el momento.

Después de este tiempo entré en la Fraternidad para comenzar un periodo de formación. Ahora llevo más de 13 años y cada día soy más feliz de haber entregado mi vida a Dios. El mayor regalo que el Señor me ha hecho, junto con el don de la fe, es el de haberme llamado. Todos los días le doy gracias por su llamada y por hacerme tan feliz.

Lo que más me enamoró y más me sigue enamorando de Jesucristo es su Corazón bueno, el Corazón de carne de una persona divina. Me siento muy amada por Él, con un amor que es misericordia, que es perdón, que es dulzura, que es todo delicadeza y que se concreta en muchos detalles de amor que tiene conmigo durante el día.

No puedo terminar sin nombrar a la Virgen, mi madre del cielo, Ella ha sido clave en mi vocación. Yo conocí al Señor a través de la Virgen en la Legión de María y siempre he sentido sus cuidados, su presencia amorosa a mi lado en todo momento y su consuelo en los momentos de dificultad. Ella me ha ido llevando al Señor y lo sigue haciendo con la delicadeza de su amor materno.

FRATERNIDAD SEGLAR EN EL CORAZÓN DE CRISTO