Vida Monástica


convento de san jose

María ha puesto en mi camino a los sacerdotes

Soy de Madrid, donde he vivido siempre. Tengo 25 años y entré con 18 años, llevo ya 7 años en el Carmelo, con una inmensa felicidad. Tengo la certeza de que ha sido la mano maternal de María la que ha puesto en mi camino a los sacerdotes. En ellos he encontrado a Jesucristo que me buscaba para darme vida. Estando ya en el instituto, hice unos ejercicios espirituales precisamente con un grupo mariano, la Milicia de Santa María. En una meditación, el sacerdote nos contó cómo, siendo joven, encontró al Señor. Al ver que su vida cambiaba, quiso ofrecerse para que otros jóvenes pudiesen encontrarse con Jesucristo, como él. Esto me impresionó muchísimo: aquel sacerdote había ofrecido su vida y su ministerio por la juventud, por alguien como por ejemplo yo. Y entonces yo quise también ofrecer mi vida por él, ofrecer mi vida por los sacerdotes. Y así, yo, que no tenía voluntad y que tenía tantas cosas que cambiar para que Dios cupiese en mi vida, encontré una frase mágica: por los sacerdotes, Señor. Cuando algo me costaba... por tus sacerdotes, Señor, y me lanzaba a ello como por un resorte. Bueno, es verdad, generalmente no lo conseguía, pero me lanzaba; esto es lo que importa.

Debo mucho a la acción y predicación de algunos sacerdotes, pero sobre todo me veo sostenida por la oración y el sacrificio que diariamente ofrecen tantos sacerdotes en el altar, muchos que ni siquiera conozco. Cuando vine a conocer este Carmelo, Nuestra Madre, sin saber esto, comenzó a contarnos cómo se sentían intensamente llamadas a rezar y reparar por los sacerdotes, que es el fin principal por el que Nuestra Santa Madre Teresa fundó sus Carmelos. Fue una señal de Dios clarísima... Esto de reparar por ellos era nuevo para mí, y me encantó, pues si una madre ve que su hijo ha ofendido a Dios, con un inmenso amor a Dios y a su hijo procuraría reparar la ofensa a cualquier precio. Nosotras decimos que para que un sacerdote esté en pie, ha de haber una carmelita de rodillas. Pero esto no es sólo con la postura corporal; sobre todo es con la actitud del corazón, que tiene que ser de humildad, de amor verdadero. Nuestra Madre me explicó aquel día que la manera de llegar al mundo entero, de ayudar a los sacerdotes, era mediante la intimidad con el Señor.

Entonces, Señor, ¿esto consiste en que yo te ame a Ti y me deje amar por Ti cada día un poco más?, ¿en ir quitando los obstáculos que impiden que este amor sea muy grande y muy puro?, ¿y así llego al mundo entero? ¿y mi familia, mis amigos...? Ah, ¿que a ellos también y en primer lugar? Pues esto es una locura, Señor, me encanta. A mí el Señor me ha seducido sin darme cuenta desde el Sagrario. Las primeras veces que pasé diez minutos en silencio ante Él se me hicieron larguísimos. No sentí nada especial, ni sabía qué decir. Pero siempre volvía, era como un imán. Él hablaba a mi corazón y lo iba llenando de vida, aunque yo ni era consciente. En la Eucaristía he encontrado a Aquel que respetando fidelísimamente mi libertad, me ha atraído a Sí poderosamente, y yo, que vivía con el corazón bastante lejos del Sagrario, he acabado en pocos años viviendo a sus pies, en su misma casa. Desde el Sagrario llegamos a todos los rincones del mundo. El Señor nos dice Yo cuidaré de ti y de tus cosas y tú cuida de Mi y de las mías. Y esto es ahora mi vida: dejar mis cosas en manos de Dios y ocuparme en consolar a Jesús escondido. La felicidad de ser prisionera del Prisionero de Amor no se puede explicar. Uno sólo puede decir venid y lo veréis, venid al Sagrario y lo saborearéis.  

CARMELITAS DESCALZAS