Vida Monástica


clarisas de la comunidad de la inmaculada y san pascual

Paz y Bien

Soy una joven de 24 años, me han pedido compartir con otras jóvenes mi experiencia vocacional. En primer lugar, debo decir la gracia grande de haber nacido en el seno de una familia que me educaron cristianamente. Sobre todo mi abuela, me enseño a rezar desde muy niña,  como ayunar y confesar con frecuencia. Admiraba mucho a las monjas y concretamente a una tía que es Carmelita y deseaba llevar una vida semejante a la suya. Me encantaban los grupos de jóvenes en la Parroquia, y cantar en el coro con ellos e ir con los pequeños grupos de oración que se tenían habitualmente, me hacían sentirme mas miembro vivo de la Iglesia.

A partir de los quince años comencé a tener amistades como cualquier chica, lo cual me ocasionó una lucha interior muy grande. Dos fuerzas me impulsaban, no sabía cual era mi camino y me encontraba en un dilema tremendo. Realizaba entonces los estudios de secundaria y en esta coyuntura enfermó mi madre, la situación me acercó más al Señor pidiendo su curación: ¡nada!. Falleció a los dos años.

¡Los caminos del Señor no son nuestros caminos!

Ha sido una experiencia tan fuerte, que ha marcado toda mi vida, el Señor me fue mostrando el camino a seguir, viendo todo con mas claridad, el vacío de mi madre lo llenaba Él y que me llamaba para que dejase mi país (Kenya), mi familia y mis amigos, para consagrarme del todo en la vida religiosa.

Hoy exulto de alegría, y experimento el gozo de estar en el Monasterio, desprendida de todo y teniendo a Dios para que Él sea todo en todos. Le doy gracias por la vocación Franciscana-Clariana y en esta Comunidad de la Inmaculada y San Pascual, tan dedicada al culto del Santísimo Sacramento.

Encomendándome a las oraciones de todos, para poder llenar los fines de la vida contemplativa, en cuanto el Señor quiera de esta su humilde sierva. 

CLARISAS