Vida Religiosa Apostólica


petra maria hernandez piqueras

Su alegría y su mirada

Ante la pregunta ¿qué rasgo de Jesucristo te seduce? me surgían dentro muchas mociones para compartir, que en distintos momentos han sido claves y que siguen siendo una constante.

El primer rasgo que me viene es su alegría y su mirada. ¿Unidos? Si, unidos, muchos conocéis el Cristo de Javier, creo que es una imagen significativa para mi desde el juniorado, fuimos de Ejercicios Espirituales varios años a Javier la experiencia por supuesto siempre es distinta, pero me gustaba ir la eucaristía a primera hora allí, junto a Él. La imagen hace años que me acompaña en los destinos, primero fue en la habitación luego en los despachos. Quienes la conocéis ya sabéis que es Cristo en cruz sonriendo, sonríe a la vida, después de la pasión sonríe. Junto a la sonrisa su mirada, mirada llena de misericordia, de paciencia, de comprensión, la mirada del Padre misericordioso por el que me siento acogida, querida; una mirada que me ayuda a mirar la realidad en clave positiva. En la última probación en Roma, teníamos los viernes la experiencia de abnegación; la realice con Las Hermanitas de la Cruz. La experiencia consistía en ir visitando a unas ancianas, arreglarles a ellas y la casa donde vivían. Una de las ancianas me dijo «Mírame a los ojos y me entenderás». Intentando mirar a los ojos muchas veces me surge pedir como en la canción Dame Señor tu mirada y entrañas de compasión… Ponme, Señor la mirada junto al otro corazón… Que sepamos mirar al otro y con su gracia entenderle, comprenderle y ayudarle. Por dentro me resuena Me gusta que estéis alegres, en el Señor. Alegría serena, profunda, que viene de intentar vivir la vida desde Él, estando atenta a su paso en el día a día.

Otro rasgo es su paciencia con los demás, al enseñar a los discípulos, intentando que comprendan el sentido de sus palabras y de lo que van viviendo. En Emaús siguen sin entender hasta que Él les explica las escrituras y parte para ellos el pan. En muchas ocasiones me siento como los discípulos y siento que Él me pregunta -¿todavía no entiendes?- Y desde ahí me sigue invitando a enseñar, a disfrutar con la educación, a trasmitir sus valores, a trasmitirle a Él que sigue vivo en nuestra sociedad.

Un tercer rasgo es la cercanía que tiene al invitarme. Una experiencia fuerte es sentirle cerca en el pozo dándome agua, dándome su agua viva, interesándose por lo que voy viviendo, compartiendo los dos; acompañándome en la vida en las distintas etapas no sólo de formación sino en las etapas de la vida. Me ha invitado a integrar la vida en momentos que a nuestros ojos nos parecen felices y en los más duros: la enfermedad y la muerte de los seres queridos, las decisiones congregacionales que aún aceptándolas desde el corazón, humanamente en ocasiones te producen dolor. Un dolor que sólo se supera desde el amor y haciendo camino con otras Hijas de Jesús, laicos y religiosas de otras congregaciones que me ayudan a integrar las vivencias. ¡Qué gran pedagogo! Y desde lo vivido, me invita a acompañar, a ayudar a los demás a hacer proceso. En ese acompañar a otros siento que piso Tierra Sagrada, cada vez que compartimos la vida y buscamos encontrarte en ella.

Desde lo compartido en estas líneas, a Él le agradezco, que nos siga seduciendo, la vida compartida. Y pedirle «Que siga ayudándonos a la Vida Religiosa a vivir los rasgos con los que nos seduce».

CONGREGACIÓN DE LAS HIJAS DE JESÚS