Vida Religiosa Apostólica


blanca palomo sanz

 

Un cóctel muy sabroso

Estudié en el Colegio Pureza de María de Madrid, ingresando en el Noviciado a los 18 años. Soy licenciada en CC. Químicas. y mi lema de votos perpetuos es: Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Tendríais que conocer a mi Congregación: pasar un día en una clase, o veniros con nosotras de convivencias. Entonces, seguramente quedaríais fascinados por este estilo de vida que yo no cambiaría por nada. Pureza de María es su nombre, y quien mejor lo ha explicado ha sido Benedicto XVI: La pureza es el reflejo transparente de Dios en el alma humana.

Yo entré en la Pureza a los 3 años de edad, como la mayoría de nuestros alumnos. Lo que por aquel entonces no podía intuir, es que Jesús me estaba mirando de reojo, cuando entraba en el colegio cada mañana, con un cariño muy especial. Cuando hice allí la primera comunión, vestida de monjita, yo no podía sospechar que eso era toda una premonición: a los 18 años cambié aquella túnica blanca por un hábito negro. ¿Que qué fue lo que me sedujo de Jesús? ¡Y por dónde empiezo!

Primero Él se sirvió, como siempre, de las mediaciones. Lo que para Moisés fue su zarza, parala mayoría de las hermanas de la Pureza toma la forma de una religiosa, que también a su manera arde sin consumirse; es alguien que personifica el carisma de Alberta Giménez: una educadora que arde en pasión por Cristo y por sus alumnos. La que me encandiló a mí con su propio enamoramiento, se llamaba Isabel Iborra. Nos daba clase de Religión y de Ciencias naturales en 6º de Primaria; y cuando llegué a 2º de BUP, entonces me dio la Física y Química. Me fascinaban sus clases, en que nos presentaba a los personajes del evangelio con tanta viveza como si los conociera y hubiera merendado con ellos ayer por la tarde. Se puso como objetivo personal del curso, llegar a convencernos de una sola cosa: Dios te ama, y conmigo ¡desde luego que lo consiguió! Con ella nos íbamos de acampada, subíamos y bajábamos los Siete Picos y dormíamos en tiendas de campaña bajo la lluvia, en el grupo cristiano del colegio llamado Foc (que significa fuego, ¿veis cómo todo consiste en ese arder?). En las idas y vueltas de los autocares, cantábamos sin parar: nuestra vida era la felicidad hecha pureza. Las mediaciones fueron el vestíbulo de la cueva del tesoro: el trato directo con Jesús. Ellas me presentaron la belleza y la necesidad de la oración personal, que hacíamos varias amigas en la capilla del colegio, al acabar las clases. Entonces, lo que me sedujo de Jesús fue la posibilidad de escucharle, a través de su Palabra. Que lo que le dijo a la samaritana o a Zaqueo hace 2000 años pudiera decírmelo hoy a mí y con eso iluminar mi vida. Me sedujo que su amor hacia nosotros sea tan personal que podamos realmente decir, con Pablo, Me amó y se entregó por mí.

Así pues, entré precisamente en la Pureza para posibilitar en otros esas vivencias de mi adolescencia y juventud que han cimentado mi vida sobre roca. Hoy, mis dos grandes pasiones las vivo en cápsulas de parecida duración: lo que más feliz me hace en este mundo es una hora de clase, con los chavales, y una hora de oración. Y si eso lo compartes junto a otras hermanas que se mueven por tus mismos dos amores, el cóctel cotidiano resulta un verdadero anticipo del banquete del Reino. ¿Te atreves a probarlo con nosotras?

CONGREGACIÓN PUREZA DE MARÍA