¿Por qué soy sacerdote? LLamados, entregados, felices


fernando a marinez garcia

Somos lo que Dios dice que somos

Soy sacerdote porque descubrí que Dios me estaba llamando a serlo. Fui ordenado una mañana de sol radiante del mes de mayo, poco después de la una de la tarde. Ese acontecimiento constituye la perspectiva adecuada para entender todo lo que había sucedido antes en mi vida y lo que ha sucedido después.

El día de mi ordenación brillaba el sol, pero no todas las mañanas son así. Hay días en los que el paisaje amanece cubierto por la niebla y luego, poco a poco, se va descubriendo la realidad que estaba oculta y que siempre había estado ahí. Mi paisaje interior se me fue desvelando lentamente, a medida que fue evolucionando mi relación con el Señor. Lo que yo no sabía es que ese desvelamiento es la mayor fuente de alegría que se pueda concebir.

Somos lo que Dios dice que somos. Lo que digan los demás puede contener una cierta verdad sobre nuestra realidad; sin embargo nuestra identidad más profunda nos viene dada por Dios mismo. Es en nuestra relación con Él como vamos descubriendo quiénes somos en verdad. Simón, el hijo de Jonás, el pescador de Cafarnaúm, descubrió algo sobre sí mismo que jamás se le había pasado por la cabeza. Lo escuchó de los mismos labios del Maestro: “Tú eres Pedro”. Nuestra vida, nuestra verdad más profunda, se iluminan solamente en la medida en que nos adentramos en nuestra relación con el Señor. El misterio de nuestra persona solo se desvela a la luz del misterio de Jesucristo.

Simón Pedro y los primeros apóstoles vivieron esa experiencia de encuentro, amistad, desvelamiento y alegría junto al mar de Galilea, donde vivían y trabajaban. Siempre he creído que les gustaba su trabajo de pescadores. A mí me gustaba el mío de economista. Mi mar de Galilea estuvo formado por el mundo de la consultoría de dirección empresarial: gestión de empresas en momentos críticos de su evolución, fusiones y adquisiciones, asesoramiento de proyectos de inversión de todo tipo (desde granjas avícolas en Irán a guarderías en Pontevedra, pasando por la fabricación de componentes para los cohetes de la Agencia Espacial Europea o la financiación de una cadena de tiendas de gafas). Trabajaba en una empresa pequeña en cuanto a sus dimensiones pero absolutamente pionera en la aplicación de tecnologías y métodos de trabajo. En los años que estuve allí hicimos grandes cosas: se ayudó a muchas empresas a optimizar su funcionamiento creando riqueza y empleo, desarrollamos ideas que dieron lugar a nuevos productos, y éstos permitieron crear un gran número de puestos de trabajo. Nuestra firma creció y prosperó de modo extraordinario. Actualmente sigue existiendo y le va muy bien. Por cierto, mantengo una magnífica relación con mis antiguos jefes, hasta el punto de que he bautizado a algunos de sus hijos.

Profesionalmente me iba muy bien, estaba contento. Sin embargo Dios había puesto en mi corazón el deseo de “algo más”. Aunque el discernimiento de ese “algo más” se desencadenó en unos meses, el proceso de maduración duró años (aunque yo tardé aún bastante tiempo en ser consciente de ello). Durante los años de los estudios universitarios, del servicio militar y de vida laboral, poco a poco fui evolucionando; en todo ello tuvo un lugar especial la Virgen María. Un día, de pronto, vislumbré algo que me pareció un disparate pero que, sin embargo, llenaba mi corazón de alegría. El primer sorprendido fui yo, pero la idea de ser sacerdote, algo que nunca antes había pensado (en realidad el estado de vida de los sacerdotes nunca me había parecido atractivo) fue tomando cuerpo. El Señor puso en mi camino dos sacerdotes sabios que me ayudaron a entender lo que me estaba sucediendo. Aquellos sacerdotes, con el tiempo, se convirtieron en amigos y compañeros de camino. Fueron ellos los que me orientaron al Seminario de Madrid. Allí continuó la gran aventura que hoy sigo viviendo.

La alegría de aquel primer momento no se ha desgastado, sino todo lo contrario: ha ido a más. Venga lo que venga, no cambiaría ser sacerdote por nada del mundo.