¿Por qué soy sacerdote? LLamados, entregados, felices

jose maria oviedo valencia

Si Dios no está detrás

¿Qué por qué soy cura? Pues en primer lugar porque Dios ha querido que lo sea. Si no es Dios el que lo quiere, hoy en día es muy difícil que a uno solo se le ocurra tomar este camino, y si Dios no está detrás enseguida te debes de dar cuenta de que no es lo tuyo.

En la vida, lo que todos queremos es ser felices, y estoy convencido de que hay muchas otras maneras serlo, pero en mi caso siempre noté que me hacía feliz el sentir a Dios cerca y el dedicar mi tiempo a acercar a Dios a los demás, y esto último de muchas maneras, pero sobre todo estando cerca de la gente cuando la gente lo necesita, en lo bueno y en lo malo, en los momentos fáciles y también en los difíciles. A eso dedicaba mi tiempo libre: desde la parroquia, desde el mundo de la marginación, desde el mundo de la pastoral juvenil, desde el mundo de la discapacidad…, hasta que un día me pregunté: si esto es lo que me hace feliz ¿porqué no dedicar todo mi tiempo a ello? Siendo cura me siento más disponible para poder dedicar todo mi tiempo a tratar de poner un poco de alegría entre tanta tristeza, a poner paz entre tantas situaciones de conflicto, a crear redes de amistad entre la gente, a estar cerca de quien me necesite y a ser voz de los que no tienen voz.

Podría haberlo hecho de otra forma, ¿por qué no hacer esto desde mi trabajo o siendo por ejemplo voluntario de alguna ONG? Pues porque nunca conseguí conformarme sólo con esto, yo sentía que Dios estaba siempre en medio, y que muchas situaciones no tenían respuesta si no era viendo las cosas como las ve Él, y cuando intenté ser voluntario descubrí que no podía dar ese tipo de respuesta desde esas plataformas, porque el ambiente no era ése y porque tampoco se pretendía o quería que lo fuera.

Desde muy pronto sentí que Dios contaba conmigo para poner mi granito de arena para hacer un mundo mejor, para construir ese “Reino de Dios” del que hablan los Evangelios; en mi vida pude ir viendo que iban ocurriendo demasiadas “casualidades” para que yo tomara este camino, y no creo mucho en las casualidades... Además, a menudo nos sentimos pequeños ante los problemas del mundo y tendemos a sentir que “no podemos hacer nada”; así me he sentido yo siempre, demasiado pequeño como para confiar sólo en mis fuerzas, de modo que siendo cura además cuento con la ayuda de Dios y de la Iglesia, y con eso me siento mucho más seguro para poder seguir trabajando por hacer un mundo más justo, al menos a mi alrededor. En este sentido, nunca he servido para ser “francotirador”, para hacer las cosas yendo “por libre”. Siempre he sentido la necesidad de hacer las cosas acompañado por otros, quizá por venir de una familia numerosa y haber estado siempre rodeado de gente; cuando trabajo solo enseguida me desanimo, cuando trabajo con otros enseguida me ilusiono y me pongo en marcha, y lo bueno que tiene la Iglesia es eso: que siempre hay gente ilusionada y dispuesta a dedicar el tiempo que haga falta para sacar adelante, juntos, el proyecto de Dios de un mundo en el que todos podamos ser felices, aunque cada uno lo haga desde su pequeño terreno, y además, con la sensación de sentirme “como en casa”.

También siendo cura he conseguido poder mirar con paz el dolor y el sufrimiento propio o de la gente que me rodea sin volver la cara a otra parte, sabiendo que la desgracias y las dificultades -por muy grandes que sean- no tienen ni tendrán nunca la última palabra. Siendo cura, siento además la fuerza suficiente para anunciar también todo lo bueno que hay en la vida y que merece la pena vivirse. Hay gente que tiene la impresión de que la Iglesia es más portadora de malas noticias que de buenas, y esto no puede ser verdad; ser profeta en el mundo consiste en denunciar lo malo pero también en anunciar lo bueno, y en la vida hay muchas cosas buenas. No podemos convertirnos en defensores de la vida -como decimos a veces- si no damos al mundo razones suficientes para ello, y si hacemos bien esto último creo que la vida se defiende sola, siempre y cuando haya razones para vivir.

¿Todo esto me lleva a la felicidad? Para mí, es lo más parecido de lo que he conocido hasta ahora.